PLANETA CANARIO
Cien años de historia, ochenta desde que llegó a la Iglesia de San Antonio de Padua de Mogán y más de 50 desde la última vez que al presionar sus teclas emitió un sonido bello y hermoso. El armonio marca Malcom recuperó este fin de semana su lugar en el altillo del templo después de pasar por un proceso de restauración de más de un año en las manos del joven Alejandro Jesús Rodríguez Rubio, que la pasada semana presentó un libro sobre este tema e interpretó ante el público varias piezas con el resucitado instrumento.
Titulado El Patrimonio musical de la Parroquia de San Antonio de Padua de Mogán, el libro relata cómo a finales del 2018 Rodríguez conoce de la existencia del armonio Malcom, se interesó por su estado de conservación y, con el apoyo del párroco Francisco García y de la comunidad de la iglesia, comenzó su restauración, que se hacía necesaria por el avanzado estado de deterioro.
Es el único de ese modelo de armonio que funciona en Canarias. A sus 25 años este joven grancanario ha restaurado más de 30 instrumentos. El armonio Alexandre de San Lorenzo, en el que comenzó a tocar Alfredo Kraus en la capital grancanaria, o el armonio Hinkel de San Isidro de Gáldar, son algunos ejemplos, según detalla el Ayuntamiento de Mogán en un comunicado.
Pero también destaca su labor como responsable del mantenimiento del órgano del Conservatorio Profesional de Gran Canaria y Superior de Canarias y su trabajo para la empresa alemana de órganos Walcker en Bélgica, Francia, Alemania y Luxemburgo.
Además cuenta con formación como productor de música, técnico de sonido, en afinación de pianos, en dirección coral y orquestal. Es profesor de piano, lenguaje musical, armonía, y en su faceta de concertista y compositor ha creado ya algunas bandas sonoras.
Su entrega y su minucioso trabajo nos permite saber que el armonio Malcom restaurado se construyó en 1913 en una fábrica de Camden Town, Londres, aunque llegó a la parroquia moganera entre 1933 y 1938 donado por el entonces párroco Francisco Morales. También que fue sometido al menos a dos restauraciones, siendo la la última en 1965, circunstancia que puede justificar que el instrumento contara con diversas partes o materiales añadidos posteriormente a su fabricación.
Antes de la intervención de Rodríguez, al armonio Malcom le faltaban en su interior numerosas partes del mecanismo. Las piezas de cuero y el fuelle estaban completamente desgastados, el teclado con rayadas, hendiduras, e incluso con ausencia de alguna de las teclas. A pesar de ello, se ha conservado el 99% del material sonoro original y después de unas 1.000 horas de restauración y más de cincuenta años de silencio, está listo para ser tocado.
El armonio musical volvió a ser protagonista el sábado en la Iglesia de San Antonio de Padua con un concierto único al que se sumó el cantante moganero Pedro Manuel Afonso y un coro parroquial.
Entre los que no quisieron perder la oportunidad de presenciar este momento único estuvo la alcaldesa de Mogán, Onalia Bueno, que junto al resto de los presentes disfrutó igualmente del acompañamiento vocal del coro parroquial integrado por diez vecinos y vecinas y del reconocido moganero Pedro Manuel Afonso, que causó especial sensación al entonar el Ave Maria.
Este 2 de agosto, como cada primer domingo de agosto, los moganeros y moganeras han rendido tributo a San Antonio El Grand’. Debido a la pandemia por COVID-19, la popular procesión por las calles del casco histórico no pudo celebrarse pero sí la misa en su honor, que además ha sido retransmitida en directo en la televisión pública local, el perfil de Facebook de la misma y en el del Consistorio.
Si bien es cierto que Mogán celebra las Fiestas Patronales a San Antonio de Padua, o El Chico como se le denomina en el municipio, en el mes de junio, es ya tradición desde hace más de setenta años la festividad que este domingo tuvo lugar y cuyo origen se remonta a una promesa hecha por todo el pueblo moganero al Santo. Mientras una plaga de langostas asolaba sus campos, los habitantes se comprometieron a partir de aquel día a embellecer a San Antonio y a comprar un nuevo trono procesional para que les librara de aquella maldición.
El acto religioso, en el que volvió a sonar el armonio centenario, finalizó con el popular Canto de Los Pajaritos y vítores a San Antonio.























































