VICENTE PÉREZ
El exjuez de Menores de Granada, Emilio Calatayud, considera que la pérdida del principio de autoridad en la familia, la escuela y las instituciones está en el origen de muchos de los problemas que afectan actualmente a los menores y a la sociedad en general.
Así lo sostiene en un vídeo proyectado por el Ayuntamiento de Güímar durante las fiestas de San Pedro, en en las que fue este año el mantenedor de su Fiesta de Arte, pero no pudo asistir de manera presencial por problemas de salud.
En el audiovisual, grabado en la Península, mantiene una larga conversación con la alcaldesa, Carmen Luisa Castro, quien le entregó un obsequio con la escultura de San Pedro, en recuerdo del municipio donde inició su carrera judicial, cuando tenía solo 24 años.

Calatayud afirma que «se ha perdido el principio de autoridad y aquí ya nadie obedece a nadie». Por ello, constata, «ya no solo los hijos obedecen menos a sus padres, sino que también se ha debilitado la autoridad de los docentes y de las fuerzas de seguridad. A su juicio, el principio de autoridad ya «no existe» en la sociedad actual.
El magistrado atribuye esa situación a diversas decisiones políticas adoptadas durante las últimas décadas. Entre ellas, critica que durante el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero se eliminara del Código Civil el precepto que permitía a los padres corregir «razonable y moderadamente» a sus hijos. En su opinión, ese cambio legislativo ha contribuido a dificultar la educación de los menores.

Como ejemplo, plantea que un niño pequeño no puede comprender determinados razonamientos sobre los peligros cotidianos, como introducir los dedos en un enchufe, por lo que considera que la legislación actual deja a los padres sin herramientas eficaces para corregir determinadas conductas.
Calatayud también sostiene que la sociedad ha convertido la felicidad de los niños en un objetivo absoluto, pero defiende que «la frustración es muy buena», porque entiende que forma parte del aprendizaje y de la propia vida. Incluso extiende esa reflexión al ámbito político, al afirmar que basta con observar el Parlamento para comprobar el deterioro de la educación y las formas.
Los móviles, «una droga»
El juez advierte obre el uso de los teléfonos móviles y las redes sociales por parte de los menores. Recuerda que lleva más de quince años alertando de que constituyen «una droga», además de servir tanto para cometer delitos como para convertirse en víctima de ellos.
Por ese motivo, considera que los menores no deberían disponer de un teléfono inteligente antes de los 14 años y que, en todo caso, únicamente deberían utilizar dispositivos básicos para llamar y recibir llamadas.
«Condenar a estudiar»

Fiel a la filosofía que le hizo popular como juez de menores, Calatayud vuelve a defender que las medidas educativas son mucho más eficaces que las meramente punitivas.
Recuerda el exmagistrado que la mejor sentencia que ha dictado en su carrera ha sido «condenar a estudiar» a menores delincuentes y relata el caso de un joven que no sabía leer ni escribir y al que ofreció reducir la medida de internamiento si aprendía ambas habilidades. El menor aceptó el reto, continuó formándose y, según explica el exmagistrado, nunca llegó a ingresar en prisión.
Su conocida expresión de que los menores estudiarían «por lo civil o por lo criminal» resume una filosofía basada en que la educación constituye la mejor herramienta para evitar la reincidencia.

Durante su trayectoria, en la que juzgó a más de 26.000 menores, también impuso medidas educativas adaptadas al delito cometido, como limpiar grafitis realizados por los propios infractores, retirar basura tras los botellones, colaborar en hospitales de traumatología, limpiar cementerios o realizar el Camino de Santiago como parte de trabajos orientados a la reinserción.
Y confiesa que se siente orgulloso de que muchos adolescentes que le insultaron por condenarlos luego, de adultos, le agradecieron el correctivo porque les ayudó a mejorar como personas.
Menores extranjeros
Respecto a los menores extranjeros no acompañados, Calatayud rechaza incluso el uso del término «mena» y asegura que muchos de ellos le han dado «lecciones de vida».
Explica que numerosos jóvenes llegaban tras meses viviendo en condiciones extremas y considera que, antes de hablar de reinserción, es necesario «insertarlos», desintoxicarlos cuando sea necesario, enseñarles el idioma y facilitarles una verdadera integración.
Güímar, el lugar donde empezó todo

La conversación entre la alcaldesa y el exjuez también está marcada por los recuerdos personales de Calatayud sobre Güímar, donde tomó posesión de su primer destino judicial el 31 de octubre de 1980, con solo 24 años.
El magistrado, quien confiesa que no llegó a la judicatura por vocación sino porque le venía de familia y se le daba bien, asegura que aquellos cuatro años marcaron profundamente su carrera profesional y desvela que fue precisamente en Güímar donde comenzó a desarrollar muchas de las experiencias que posteriormente aplicaría como juez de menores en Granada.
Recuerda con especial cariño la cercanía con los vecinos, las fiestas de San Pedro, los carnavales, los desayunos con batidos de papaya, las guardias judiciales y el trato diario con la población. Incluso afirma que llegó a sentirse «chicharrero» y que la tranquilidad y el carácter de los canarios acabaron impregnándole.
Entre las anécdotas que rememora figura que el primer día que acudió a tomar posesión como juez, la Policía Local no creyó que aquel joven vestido con traje fuese realmente el nuevo titular del juzgado y le impidió aparcar frente al edificio.
Calatayud concluye recordando que Güímar fue el destino donde comenzó su carrera judicial y asegura que sigue guardando un enorme cariño por el municipio y por las personas con las que convivió durante aquellos años.




















































