VICENTE PEREZ
Una jornada que iba a ser de disfrute en la playa acabó convirtiéndose en una experiencia frustrante para Meri Pérez, una mujer de 47 años con movilidad reducida que denuncia que no pudo bañarse en la playa de Puerto Rico, en el municipio grancanario de Mogán, porque solo había un socorrista de servicio y la utilización de la silla anfibia requiere la intervención de dos personas.
Meri, cuya movilidad reducida se debe a una dolencia en la planta del pie que le impide caminar, explica que se le agotó la paciencia en la playa el pasado fin de semana esperando una solución.
«Estuve tres horas y al final, a las cuatro de la tarde, la única solución que me dieron fue dejarme la silla anfibia para que un familiar se hiciera cargo, pero para eso tuve que mover cielo y tierra, y ya era hora de irme», relata.
Según su versión, el problema no fue la inexistencia del servicio, sino la falta de personal suficiente para prestarlo.

Consciente de que estas deficiencias en los servicios públicos hay que hacerlas visibles, se decidió a publicar un vídeo de queja en redes sociales.
La afectada asegura que solicitó al socorrista que les facilitara la silla anfibia para que su pareja y unos amigos pudieran ayudarla a acceder al mar, pero este les explicó que no podía hacerlo porque era el único en su puesto y debía acompañarla al agua, por lo que no podía desatender el resto del servicio de vigilancia. Las formas del socorrista, relata, “fueron un poco ofensivas”.
Ante la falta de una respuesta, Meri afirma que llamó tanto al concejal responsable como a la Policía Local: «El concejal no apareció. La Policía sí vino enseguida, pero tampoco resolvieron el problema, sino que me sugirieron que presentara una denuncia.

Meri también sostiene que el coordinador de Playas de Mogán acudió posteriormente a hablar con ella, aunque «poco más que me recriminaba lo que yo decía en el vídeo».
La denunciante subraya que su caso no es aislado y afirma haber conocido situaciones similares sufridas por turistas con movilidad reducida.
«Lo único que quiero es que esto no le vuelva a pasar a nadie más», concluye Meri Pérez, quien reclama que un destino turístico que presume de playas sin barreras disponga de los medios humanos necesarios para garantizar que las personas usuarias de sillas de ruedas puedan disfrutar del baño en igualdad de condiciones.




















































