VICENTE PÉREZ
«Si hace falta me pondré delante de las palas y conmigo muchos más». Es la advertencia que lanza Samuel Pérez, uno de los afectados por la proyectada Carretera de la Costa. Unas 30 familias pequeñas propietarias de plataneras en Tazacorte llevan meses de lucha para salvarlas de esta obra, que el Gobierno canario, con financiación del Gobierno estatal -cerca de 40 millones-, tramita por procedimiento de emergencia. Respaldan a Samuel y al resto de perjudicados más de 31.000 firmas, tanto manuscritas como a través de la plataforma digital Change.org
Esa urgencia se ha justificado por la necesidad de conectar el norte y el sur de la isla debido a la erupción volcánica, pero ya hay una vía que permite restablecer las comunicaciones (la que discurre entre los barrios de La Laguna y Las Norias), que precisamente este 1 de agosto el Cabildo abre en los dos sentidos (hasta ahora solo había un carril), aunque aún con muchas prevenciones, a solo 40 km/h de velocidad. Esta carretera atraviesa los 3 kilómetros de largo del inmenso campo de lava que ha dejado la erupción del volcán Tajogaite.

La batalla de este vecindario de los barrios de Marina, Las Cabezadas y San Borondón, los tres en el municipio de Tazacorte, ha frenado por ahora el trayecto de la Carretera de la Costa que les afecta, pues el Gobierno canario se da de plazo unos meses para estudiar la alternativa que proponen estos vecinos, aglutinados en torno a una plataforma de afectados.

Las reuniones que mantuvieron con los grupos parlamentarios dieron sus frutos, pues en junio pasado la Cámara autonómica aprobó, por unanimidad, una proposición no de ley presentada por Sí Podemos Canarias, y con enmiendas de otros grupos, en que se pide al Gobierno regional que reconsidere el trazado de esta carretera a su paso por los citados barrios, estudiando las propuestas alternativas que los vecinos y el sector agrícola han ofrecido.

PLANETA CANARIO citó a una docena de miembros de la plataforma en la plaza de Marina, donde todos fueron contando sus una y mil historias vinculadas a las plataneras. Algunas son especialmente desgarradoras, porque a una parte de estas personas el volcán les llevó casas y huertas.
Esta es una entrevista realizada antes de que el Gobierno canario torciera el brazo temporalmente, para decidir qué hacer. Nos citamos en la plaza del barrio de Marina con miembros de la plataforma que ha recogido ya unas 31.000 firmas contra este proyecto.
Isabel: «El dinero de la expropiación no es ninguna ilusión para nosotros»

Isabel Hernández Martín lleva 50 años viviendo en el barrio de Marina. Confiesa que nunca se imaginó que una autovía fuera a pasar por las tierras de su familia, por detrás de su casa, donde su suegro tiene «un trocito de platanera» su suegro.
Aún está marcada por los tres meses y medio que estuvo desalojada ante la posibilidad de que una lengua de lava llegara hasta este barrio de Tazacorte. Como otras personas afectadas, deja claro que el dinero que les puedan dar por esta expropiación «no es ninguna ilusión».
María Nieves: «No es verdad que haga falta una carretera para 20.000 coches»

Maria Nieves Rodríguez González tiene un comercio en el barrio de San Borondón y se sincera: «Lo he pasado bastante mal». Primero, por la erupción volcánica, y ahora por esta obra pública.
«La carretera nos va a llevar unas plataneras heredades de mi suegro», se lamenta, antes de proclamar, con firmeza: «No queremos esa obra en nuestro barrio».
Tiene meridianamente claro, como otros afectados, que la carretera proyectada «no es necesaria» y no duda en calificar de «mentira» que haga falta una vía para 20.000 vehículos diarios. «Yo estoy desde el día hasta la noche en mi comercio y por San Borondón no es verdad que pasen tantos coches», sostiene.
Elías: «Me duelen las plataneras como si fueran mi cuerpo: hay que defenderlas siempre»

Hijo, nieto y tataranieto de agricultores, por las venas del palmero Elías Navarro Rodríguez corre savia de platanera. Con este cultivo sus padres le dieron estudios, se pudo licenciar en Derecho por la Universidad Complutense y ahora prepara las oposiciones para juez. A sus 30 años, es el portavoz de la Plataforma de Afectados.
«Somos familias con fincas de 4 celemines de media, es decir, pequeñas propiedades en comparación con las grandes fincas que no se ha querido tocar en una cota más baja que la nuestra», explica Navarro.
Su testimonio es taxativo: «Yo soy agricultor, presumo de serlo porque desde los 13 años ayudaba a mi padre, y mis dos abuelos también fuero agricultores, y dos de mis bisabuelos; los plátanos permiten comprar casas y pagar carreras universitarias en La Palma; gracias a este cultivo yo estudié Derecho; así que me duelen estas plataneras como si me quitasen una parte de mi; hay que defenderlas siempre, pues llevan con nosotros generaciones y generaciones y han contribuido al progreso de este isla de forma significativa».
Como todos los miembros de la plataforma, el dinero no es ningún aliciente. «Estas plataneras no tienen precio, no se pagan con nada; no hay dinero en el mundo que compense destruir lo que nuestros abuelos han hecho con sus manos; nada nos convencerá de que aceptemos destruir nuestra idiosincrasia y forma de vida»
Cecilia: «Tanto apoyo social es porque la causa es justa: tras una destructiva erupción, quieren arrasar lo que quedó»

Cecilia García es coportavoz de la plataforma. Está convencida de que el enorme apoyo social con que cuenta es porque se trata de «una lucha justa», con la que «cualquier persona se puede solidarizar, sea o no de La Palma, porque el volcán nos deparó impactantes imágenes de la destrucción y ahora vemos cómo por una zona verde como esta, en unos barrios que sobrevivieron al volcán, pretenden arrasarla con carreteras».
Aclara que no se opone a todo el trayecto de la Carretera de la Costa sino que exigen que se salva el mayor terreno agrario posible, y por eso han presentado 6 alternativas.
«Tenemos que preservar lo poquito que quedó de zonas agrícolas, porque, además, con el dinero de la expropiación tampoco tendríamos dónde invertirlo aquí en tierras», aduce, antes de señalar que además del valor económico de las plataneras, también hay que tener en cuenta el etnográfico, «pues hay bancales que tienen cientos de años, hechos por nuestro antepasados con sus propias manos».
Samuel: «Me pondré delante de las palas si empiezan las obras por aquí»

Samuel Pérez cuenta que al principio de todo, cuando le filtraron que iban a hacer por medio del mar de plataneras una carretera, él pensó que «era una broma». Pero luego vio que era cierto, y que el proyecto arramblaba con los terrenos que le queda a él y a su madre.
Desde su punto de vista, «el impacto visual de esta obra sería dantesco» y con las paredes verticales de los taludes «estos barrios van a quedar envueltos en murallas, va a parecer un castillo».
Tiene en mente que si un día las palas empiezan a arrasar las plataneras, no se va a quedar con los brazos cruzados: «Soy el primero que me pondré delante de la maquinaria para que no pase», advierte, mientras todos los presentes le secundan y afirman que serán todos o casi todos los afectados quienes se planten delante de las excavadoras.
Pedro: «No es justo que nos quiten lo que nuestros antepasados hicieron con tanto trabajo en América»

El abuelo de Pedro Rodríguez, un vecino de Tazacorte, trabajó en Cuba 20 años y a su regreso a La Palma se compró unos terrenos que convirtió en finca agrícola y que luego dejaría en herencia sus cinco hijos. Su padre también emigró a las Antillas y a su regreso igualmente destinó lo ganado en ultramar a la agricultura. La platanera fue el sustento de toda la familia.
Por eso, este hombre que vive en el barrio de Marina, se lamenta ahora de que la carretera de la costa, tramitada por procedimiento de emergencia por el Gobierno canario y financiada por el Gobierno estatal con 40 millones de euros, atraviese sus plataneras.
Recuerda cómo su progenitor también emigró a Cuba, y trajo dinero, echó tierra sobre coladas de lava antiguas y plantó plataneras: «Mi padre era agricultor del plátano, le dio estudios a mis dos hermanos pero yo siempre lo que quise fue trabajar la finca y de eso he vivido».
El dinero que le puedan dar por la expropiación no le despierta ningún interés: «No me servirá para nada, porque ese dinero ¿dónde lo vas a emplear?», pregunta Pedro, con un gesto de enfado. A la pregunta de si cree que las carreteras ayudan a traer el progreso a una comarca, este hombre palmero no duda en la respuesta, que articula con la certidumbre de respirar: «La carretera es el progreso para algunos, para nosotros son y han sido las plataneras».
Francisco: «El volcán se llevó la mitad de mis tierras, y ahora me quieren quitar la otra»

Francisco Esteban Gómez, a sus 81 años, perdió la mitad de sus propiedades en la reciente erupción volcánica de La Palma y ahora lucha por que una obra pública no le quite parte de la otra mitad, una platanera que es para él la riqueza de su vida.
«El volcán me quito la mitad de mi fortuna y ahora la otra me la quieren quitar para esta carretera; no me han dejado ni respirar del volcán», se lamenta este hombre en la plaza de Marina, junto a otros miembros de la plataforma, ataviado con una gorra de marino con la inscripción de «Venezia», relata.
Antes de la erupción en Cumbre Vieja tenía a dos trabajadores empleados en sus explotaciones agrícolas, pero ahora solo ha podido continuar con uno. «Me queda unos fisquitos de tierra en Tazacorte, pero no me da», explica, cariacontecido.
Con impotencia ante la fuerza de la naturaleza, cuenta que perdió una casa con dos apartamentos y unas huertas en el barrio de Todoque y apostilla con resignación que no tenía esas propiedades aseguradas. Ni en estas circunstancias le seduce el dinero que le darían por expropiar las plataneras que le respetó el volcán para esta carretera: «De ese dinero que me darían la mitad se lo llevaría Hacienda, pues hasta esa desgracia nos ponen».
Fátima: «Lo que nos están haciendo es inhumano»

Fátima Ramos es, además de miembro de la Plataforma de Afectados por la Carretera de la Costa, una de las cabezas visibles de la Plataforma de Afectados por la Erupción del Volcán de La Palma. Su historia es realmente impactante: vivía en Todoque y lo perdió todo por las coladas de lava.
Relata cómo fue evacuada de Todoque el 19 de septiembre y se fue a vivir con sus suegros en el barrio de Marina. Pero con tan mala suerte que también de este lugar, como si el monstruo volcánico los persiguiera, fueron evacuados el 20 de octubre porque otra lengua de lava amenazaba con llegar hasta esta zona de Tazacorte.
Su marido es peón de platanera, trabajador autónomo, y una de las fincas en que trabajaba se la llevó la lava, pero otra se la llevaría la Carretera de la Costa, por lo que su esposo se quedaría sin trabajo con 57 años.

«Estamos intentando rehacer nuestra vida; la situación es bastante complicada porque no vemos una planificación clara del futuro por parte de las Administraciones públicas; la carretera pasa por detrás de la casa de mis suegros; es inhumano lo que nos están haciendo», se lamenta.
Fátima es muy crítica en general con las Administraciones públicas: «Mucha gente está muy enfadada, muy desilusionada con nuestros gobernantes, que no lo están haciendo bien aunque ellos digan que sí, pero todo el mundo sabe la realidad aquí». «La edad media de los damnificados es de 60 años, una edad que no nos permite esperar, y ellos no lo entienden», apostilla.
ANTONIA: «Es como si, en mi Granada natal, pretendieran tirar la Alhambra «

Jamás pensó Antonia Vico que de su Granada natal iba a vivir en una isla canaria rodeada de plataneras. Esta maestra jubilada vino a La Palma a dar clase y se quedó para siempre. Lleva en la Isla Bonita 40 años. Se casó un palmero, Pedro Rodríguez, que también contó su historia a PLANETA CANARIO en este mismo reportaje.
Viven en Los Llanos, pero la finca agraria que peligra por esta obra pública se encuentra en Tazacorte, en la Marina. Antonio no sabía nada de plataneras cuando hace cuatro décadas llegó a La Palma. Pero compartir su vida y sus sentimientos con Pedro le ha enseñado el valor económico, histórico y sentimental de este cultivo para la población palmera. Lo explica de una manera muy gráfica: «Para este valle las plataneras son como la Alhambra para Granada, son nuestro monumento; si en mi ciudad natal a alguien se le ocurre pasar una carretera por medio de la Alhambra, la gente se levantaría entera en contra». Con el paso de los años, apunta, «ya estoy familiarizada con todo el vocabulario de la agricultura de aquí».
«La erupción volcánica», se queja Antonia, «ha ocasionado un sufrimiento muy grande y ahora estamos sufriendo por esta carretera, que no me parece justificada». «Mi marido y yo hemos sufrido mucho desde empezó a decir que iban a hacer la carretera de la costa; al principio por la incertidumbre de si iba a pasar por nuestra finca o no, pero al final nos pasa», se lamenta, sentada al sol de la tarde en la plaza del barrio de Marina.
Si ella aún estuviera dando clase a escolares, tiene claro que su mensaje sería que «el progreso no debe impedir que conservemos nuestra tierra, pues hay que amar nuestra tierra y nuestra forma de vida». Aquí se echa a llorar, no puede contener la emoción. Necesita unos segundos de silencio, tragar nudos y enjugar las lágrimas con las yemas de sus dedos. Respira hondo, coge aire para terminar su reflexión, elevando la mirada con esa dignidad de la que solo pueden hacer gala las personas luchadoras y sensibles: «Que amen su tierra y el cultivo del plátano».




















































