VICENTE PÉREZ
La Ruta del Hermano Pedro congregó en su 14 edición a miles de senderistas que se sumaron a lo largo de sus 19 kilometros de recorrido desde la cumbre de Tenerife, en Vilaflor, hasta la costa, en Granadilla. Entre ellos se pudo ver a dos muy peculiares: Sebastián y su mascota, Pepito. No es un perro, sino un carnero, con el que se lleva tan bien que ya es su compañero inseperable de caminatas por los senderos y caminos históricos del Sur de Tenerife.
Sebastián madrugó el día de la caminata con su carnero, un animal tranquilo, que le sigue a todos lados, al que se le puede acariciar y que responde a todo lo que le dice, y con el que se comunica de las mil maravillas.
«He venido con él a hacer los 19 kilómetros, cosa que él no extraña, porque hacemos senderismo juntos,y nos conocemos todos los caminos de la comarca», afirma este hombre ya jubilado, en perfecta forma física, residente en el pueblo de Los Blanquitos, en el municipio de Granadilla de Abona.
Sabe que lo normal es tener un perro o un gato como mascota, pero él afirma que «todos los animales son inteligentes» y por eso no le extraña haber empatizado tanto con su carnero.
«Nunca he matado animales que yo críe, pues ¿quién mata a un hijo?

Nunca le ha gustado matar animales de granja, ni para comer, así que lo tiene claro y lo expone de una manera muy vehemente: «Yo animales no mato, porque si los crías les coges cariño: y yo me pregunto ¿quién puede matar a un hijo?».
Se ganó la vida como fontanero, y ahora que está jubilado, disfrutar los paisajes de la isla atravesándolos a pie con Pepito es una de sus pasiones. Y por eso hace diez años que no se pierde ninguna edición de esta ruta, en la que una vez al año se revive la tradición de los cabreros de la comarca de llevar el ganado desde la cumbre y las medianías de la comarca chasnera hasta la costa, donde había reservas de agua bajo la arena de los cauces de barrancos en los que abrevaban sus cabras y ovejas (esos lugares los llamaban los guanches eres).

Y Sebastián sabe que con Pepito anda sobre un camino que tiene más de 350 años, pues ya era usado por Pedro San José de Betancur, conocido como el Hermano Pedro, el santo tinerfeño que a los 23 años dejó esos paisajes tinerfeños para irse a América, donde llevó a cabo una inmensa labor humanitaria que hoy es reconocida en países como Guatemala.
«Yo sé que el santo era cabrero, y que caminaba por esa ruta que yo hago, aunque yo sobre todo lo hago por disfrutar de estos paisajes, es un capricho que no me quiero perder nunca», se sincera.
Sebastián y Pepito, que ese día tuvieron que madrugar mucho, llegaron horas después a su destino, la cueva del Hermano Pedro. Inseparablemente unidos por un sentimiento que rompe los límites entre animal racional e irracional y que este vecino granadillero resume con una frase de las que dejan al interlocutor pensando: «Para mi los animales son más inteligentes mas que las personas, porque las personas cuanto más inteligentes son, más egoístas se vuelven, y Pepito no es egoísta».



















































