SERGIO BARRETO
Las coaliciones y las negociaciones son síntoma de buena salud democrática. Eso es indudable, ya que los parlamentos de amplio espectro recogen más inquietudes ideológicas que el propiciado por el bipartidismo clásico. Otra cosa es lo que sucede en la España municipal y autonómica de este año del Señor de 2019. Cuando miramos los empates técnicos y las posibles uniones que de ahí se derivan nos damos cuenta de que las líneas rojas se desvanecen y se imponen las contradicciones como criterio, contradicciones que deforman los resultados electorales y acaban dando a luz monstruos peligrosos como el que ahora reina en Madrid, pero así es la democracia parlamentaria, aunque se encuentre bichada por Vox. La victoria ya no consiste en ganar por votos, sino en saber mezclarse y merengarse con otros partidos, lo que puede parecer injusto en un panorama donde las fuerzas neoliberales abundan y, además, cuentan con financiación poderosa, lo que eclipsa a esas formaciones atómicas de izquierda que pululan, con nombres más o menos disparatados, y que nunca obtienen ficha en el tablero porque, claro, no son Ciudadanos, que tiene pasta para contratar a periodistas como la descafeinada Vidina Espino o a actores como el serievisivo Toni Cantó. Salvo el planeta podemita todos los partidos ganaron algo. Vox ya está en Europa entre filonazis austriacos, xenófobos italianos, euroescépticos franceses y demás esperpentos de la sociedad del mal estar. Ciudadanos es una llave en autonomías y ayuntamientos y, probablemente, será el grupo que forme gobierno con Sánchez a tenor del batacazo podemita y de la presión del sistema financiero, que en España es sagrado como el corazón de Amancio Ortega. El PP, a pesar de la derrota generalizada, vende victorias a raudales y sabe aplicar al mal tiempo buena jeta, lo que en esta época de la imagen y el olvido resulta ventajoso, ya que una sonrisa repetida mil veces aparenta bienestar en las fotos, sólo en las fotos. Para el PSOE todo fue como la seda, aunque no se trate de buena seda sino más bien de un trapo con jirones, pues lo que se oculta detrás del éxito apabullante de las elecciones generales es el rostro católico, feo y sentimental de las derechas provincianas, herederas de las fuerzas que apretaron el gatillo en nombre de Franco. Canarias y los amigos cocaleros, que siempre ganan manque pierdan, son un ejemplo de ese doble juego al que se enfrenta Sánchez, pues su PSOE no es el PSOE de Patri, Víctor T. y demás sociatas del montón capaces de abrirle las manos hasta al enemigo de Gila. Estos de aquí carecen de líneas claras como el escindido Curbelo, Don de La Gomera y llave de pacto, ya que con su mayoría absoluta y colombina puede fijar un gobierno PP-CC-C,s&ÉL o bien constituir una alianza PSOE-UNIDAS-NUEVACANARIAS&ÉL. Quizás remontándonos a sus historial como tránsfuga, a su oscura reputación en saunas de mal vivir y a sus dotes para tener satisfecha a la población, quizás podamos hacernos una idea de lo que este señor, que ha vendido varias veces su alma al diablo, decidirá cuando Ani Oramas le haga el lavado de pies. Si durante cuarenta años la ciudadanía no ha sido formada en democracia, sino en la perpetuación del pucherazo y el pelotazo, no esperen que los más capacitados para el ejercicio político sean elegidos. El postureo y el bocachanclismo mandan sobre la incultura sistémica.

SERGIO BARRETO,
escritor
SERGIO BARRETO
Las coaliciones y las negociaciones son síntoma de buena salud democrática. Eso es indudable, ya que los parlamentos de amplio espectro recogen más inquietudes ideológicas que el propiciado por el bipartidismo clásico. Otra cosa es lo que sucede en la España municipal y autonómica de este año del Señor de 2019. Cuando miramos los empates técnicos y las posibles uniones que de ahí se derivan nos damos cuenta de que las líneas rojas se desvanecen y se imponen las contradicciones como criterio, contradicciones que deforman los resultados electorales y acaban dando a luz monstruos peligrosos como el que ahora reina en Madrid, pero así es la democracia parlamentaria, aunque se encuentre bichada por Vox. La victoria ya no consiste en ganar por votos, sino en saber mezclarse y merengarse con otros partidos, lo que puede parecer injusto en un panorama donde las fuerzas neoliberales abundan y, además, cuentan con financiación poderosa, lo que eclipsa a esas formaciones atómicas de izquierda que pululan, con nombres más o menos disparatados, y que nunca obtienen ficha en el tablero porque, claro, no son Ciudadanos, que tiene pasta para contratar a periodistas como la descafeinada Vidina Espino o a actores como el serievisivo Toni Cantó. Salvo el planeta podemita todos los partidos ganaron algo. Vox ya está en Europa entre filonazis austriacos, xenófobos italianos, euroescépticos franceses y demás esperpentos de la sociedad del mal estar. Ciudadanos es una llave en autonomías y ayuntamientos y, probablemente, será el grupo que forme gobierno con Sánchez a tenor del batacazo podemita y de la presión del sistema financiero, que en España es sagrado como el corazón de Amancio Ortega. El PP, a pesar de la derrota generalizada, vende victorias a raudales y sabe aplicar al mal tiempo buena jeta, lo que en esta época de la imagen y el olvido resulta ventajoso, ya que una sonrisa repetida mil veces aparenta bienestar en las fotos, sólo en las fotos. Para el PSOE todo fue como la seda, aunque no se trate de buena seda sino más bien de un trapo con jirones, pues lo que se oculta detrás del éxito apabullante de las elecciones generales es el rostro católico, feo y sentimental de las derechas provincianas, herederas de las fuerzas que apretaron el gatillo en nombre de Franco. Canarias y los amigos cocaleros, que siempre ganan manque pierdan, son un ejemplo de ese doble juego al que se enfrenta Sánchez, pues su PSOE no es el PSOE de Patri, Víctor T. y demás sociatas del montón capaces de abrirle las manos hasta al enemigo de Gila. Estos de aquí carecen de líneas claras como el escindido Curbelo, Don de La Gomera y llave de pacto, ya que con su mayoría absoluta y colombina puede fijar un gobierno PP-CC-C,s&ÉL o bien constituir una alianza PSOE-UNIDAS-NUEVACANARIAS&ÉL. Quizás remontándonos a sus historial como tránsfuga, a su oscura reputación en saunas de mal vivir y a sus dotes para tener satisfecha a la población, quizás podamos hacernos una idea de lo que este señor, que ha vendido varias veces su alma al diablo, decidirá cuando Ani Oramas le haga el lavado de pies. Si durante cuarenta años la ciudadanía no ha sido formada en democracia, sino en la perpetuación del pucherazo y el pelotazo, no esperen que los más capacitados para el ejercicio político sean elegidos. El postureo y el bocachanclismo mandan sobre la incultura sistémica.

SERGIO BARRETO,
escritor
SERGIO BARRETO
Las coaliciones y las negociaciones son síntoma de buena salud democrática. Eso es indudable, ya que los parlamentos de amplio espectro recogen más inquietudes ideológicas que el propiciado por el bipartidismo clásico. Otra cosa es lo que sucede en la España municipal y autonómica de este año del Señor de 2019. Cuando miramos los empates técnicos y las posibles uniones que de ahí se derivan nos damos cuenta de que las líneas rojas se desvanecen y se imponen las contradicciones como criterio, contradicciones que deforman los resultados electorales y acaban dando a luz monstruos peligrosos como el que ahora reina en Madrid, pero así es la democracia parlamentaria, aunque se encuentre bichada por Vox. La victoria ya no consiste en ganar por votos, sino en saber mezclarse y merengarse con otros partidos, lo que puede parecer injusto en un panorama donde las fuerzas neoliberales abundan y, además, cuentan con financiación poderosa, lo que eclipsa a esas formaciones atómicas de izquierda que pululan, con nombres más o menos disparatados, y que nunca obtienen ficha en el tablero porque, claro, no son Ciudadanos, que tiene pasta para contratar a periodistas como la descafeinada Vidina Espino o a actores como el serievisivo Toni Cantó. Salvo el planeta podemita todos los partidos ganaron algo. Vox ya está en Europa entre filonazis austriacos, xenófobos italianos, euroescépticos franceses y demás esperpentos de la sociedad del mal estar. Ciudadanos es una llave en autonomías y ayuntamientos y, probablemente, será el grupo que forme gobierno con Sánchez a tenor del batacazo podemita y de la presión del sistema financiero, que en España es sagrado como el corazón de Amancio Ortega. El PP, a pesar de la derrota generalizada, vende victorias a raudales y sabe aplicar al mal tiempo buena jeta, lo que en esta época de la imagen y el olvido resulta ventajoso, ya que una sonrisa repetida mil veces aparenta bienestar en las fotos, sólo en las fotos. Para el PSOE todo fue como la seda, aunque no se trate de buena seda sino más bien de un trapo con jirones, pues lo que se oculta detrás del éxito apabullante de las elecciones generales es el rostro católico, feo y sentimental de las derechas provincianas, herederas de las fuerzas que apretaron el gatillo en nombre de Franco. Canarias y los amigos cocaleros, que siempre ganan manque pierdan, son un ejemplo de ese doble juego al que se enfrenta Sánchez, pues su PSOE no es el PSOE de Patri, Víctor T. y demás sociatas del montón capaces de abrirle las manos hasta al enemigo de Gila. Estos de aquí carecen de líneas claras como el escindido Curbelo, Don de La Gomera y llave de pacto, ya que con su mayoría absoluta y colombina puede fijar un gobierno PP-CC-C,s&ÉL o bien constituir una alianza PSOE-UNIDAS-NUEVACANARIAS&ÉL. Quizás remontándonos a sus historial como tránsfuga, a su oscura reputación en saunas de mal vivir y a sus dotes para tener satisfecha a la población, quizás podamos hacernos una idea de lo que este señor, que ha vendido varias veces su alma al diablo, decidirá cuando Ani Oramas le haga el lavado de pies. Si durante cuarenta años la ciudadanía no ha sido formada en democracia, sino en la perpetuación del pucherazo y el pelotazo, no esperen que los más capacitados para el ejercicio político sean elegidos. El postureo y el bocachanclismo mandan sobre la incultura sistémica.

SERGIO BARRETO,
escritor
SERGIO BARRETO
Las coaliciones y las negociaciones son síntoma de buena salud democrática. Eso es indudable, ya que los parlamentos de amplio espectro recogen más inquietudes ideológicas que el propiciado por el bipartidismo clásico. Otra cosa es lo que sucede en la España municipal y autonómica de este año del Señor de 2019. Cuando miramos los empates técnicos y las posibles uniones que de ahí se derivan nos damos cuenta de que las líneas rojas se desvanecen y se imponen las contradicciones como criterio, contradicciones que deforman los resultados electorales y acaban dando a luz monstruos peligrosos como el que ahora reina en Madrid, pero así es la democracia parlamentaria, aunque se encuentre bichada por Vox. La victoria ya no consiste en ganar por votos, sino en saber mezclarse y merengarse con otros partidos, lo que puede parecer injusto en un panorama donde las fuerzas neoliberales abundan y, además, cuentan con financiación poderosa, lo que eclipsa a esas formaciones atómicas de izquierda que pululan, con nombres más o menos disparatados, y que nunca obtienen ficha en el tablero porque, claro, no son Ciudadanos, que tiene pasta para contratar a periodistas como la descafeinada Vidina Espino o a actores como el serievisivo Toni Cantó. Salvo el planeta podemita todos los partidos ganaron algo. Vox ya está en Europa entre filonazis austriacos, xenófobos italianos, euroescépticos franceses y demás esperpentos de la sociedad del mal estar. Ciudadanos es una llave en autonomías y ayuntamientos y, probablemente, será el grupo que forme gobierno con Sánchez a tenor del batacazo podemita y de la presión del sistema financiero, que en España es sagrado como el corazón de Amancio Ortega. El PP, a pesar de la derrota generalizada, vende victorias a raudales y sabe aplicar al mal tiempo buena jeta, lo que en esta época de la imagen y el olvido resulta ventajoso, ya que una sonrisa repetida mil veces aparenta bienestar en las fotos, sólo en las fotos. Para el PSOE todo fue como la seda, aunque no se trate de buena seda sino más bien de un trapo con jirones, pues lo que se oculta detrás del éxito apabullante de las elecciones generales es el rostro católico, feo y sentimental de las derechas provincianas, herederas de las fuerzas que apretaron el gatillo en nombre de Franco. Canarias y los amigos cocaleros, que siempre ganan manque pierdan, son un ejemplo de ese doble juego al que se enfrenta Sánchez, pues su PSOE no es el PSOE de Patri, Víctor T. y demás sociatas del montón capaces de abrirle las manos hasta al enemigo de Gila. Estos de aquí carecen de líneas claras como el escindido Curbelo, Don de La Gomera y llave de pacto, ya que con su mayoría absoluta y colombina puede fijar un gobierno PP-CC-C,s&ÉL o bien constituir una alianza PSOE-UNIDAS-NUEVACANARIAS&ÉL. Quizás remontándonos a sus historial como tránsfuga, a su oscura reputación en saunas de mal vivir y a sus dotes para tener satisfecha a la población, quizás podamos hacernos una idea de lo que este señor, que ha vendido varias veces su alma al diablo, decidirá cuando Ani Oramas le haga el lavado de pies. Si durante cuarenta años la ciudadanía no ha sido formada en democracia, sino en la perpetuación del pucherazo y el pelotazo, no esperen que los más capacitados para el ejercicio político sean elegidos. El postureo y el bocachanclismo mandan sobre la incultura sistémica.





















































