VICENTE PÉREZ
La alcaldesa de Güímar, Carmen Luisa Castro (PP), defiende que no se destruya el conjunto escultórico obra de Juan de Ávalos y situado en la confluencia de la Rambla de Santa Cruz de Tenerife con la avenida de Anaga, ya que se alinea con quienes consideran que no es un monumento a Franco sino a la Paz, puesto que ese es el significado que le dio su autor, ya fallecido, tal como lo ha certificado su propio hijo, Juan Ávalos, presidente de la fundación que lleva el nombre de su padre.
Castro insiste en que su postura no supone en ningún caso una defensa del franquismo, sino la reivindicación del valor artístico de una obra firmada por uno de los escultores españoles más destacados del siglo XX.
«Defender el patrimonio no me convierte en franquista ni en defensora de ninguna dictadura, pero no podemos ser talibanes», apostilla la política güimarera sobre esta polémica a raíz de que el Gobierno estatal haya dado seis meses al Ayuntamiento de la capital tinerfeña para la retirada de este conjunto escultórico..
A su juicio, el debe debe centrarse en la calidad escultórica del conjunto y en la trayectoria de su autor. «Aquí lo denominan como monumento a Franco, pero la denominación actual es monumento a la Paz», sostiene.

La alcaldesa asegura que defiende «lo que significa como patrimonio cultural y artístico» y considera que «una obra de Juan de Ávalos como esta es un patrimonio para este país, para Canarias y sobre todo para Tenerife y Santa Cruz».
La regidora rechaza que el valor patrimonial de una obra pueda depender exclusivamente de la ideología del momento histórico en que fue creada. «Si una estatua es arte, da igual que fuera monumento a Franco o a la Pasionaria; es patrimonio artístico, y defender eso no me convierte en partidaria de dictaduras ni de derechas ni de izquierdas», señala.
En esa misma línea, añade que «mezclar ideología política y patrimonio para valorar si algo es patrimonio o no, no es un buen método». «Yo soy demócrata, pero no puedo ser talibán y destruir todo lo que, siendo patrimonio, no me gusta por ideología», subraya.

Castro extiende esa reflexión al conjunto del patrimonio histórico. «Si por patrimonio cultural entendemos solo aquel que tiene que ver con la democracia o con los dirigentes y personas demócratas, habría que demoler mucho de nuestro patrimonio arquitectónico, porque democracia y concordia, desafortunadamente, no ha habido en muchos momentos de nuestra historia», afirma.
El informe del Consejo Canario de Patrimonio Cultural concluyó recientemente que la escultura no reúne los requisitos exigidos para ser declarada Bien de Interés Cultural (BIC). Sin embargo, Castro quiere poner de relieve que esa decisión del Gobierno canario implica que no se le dará a esta escultura la categoría de protección máxima, la de BIC, pero no supone que la obra carezca de valores artísticos e históricos.
En ese sentido, recuerda que Juan de Ávalos es una figura relevante de la escultura española del siglo XX e insiste en que su hijo ha dejado claro cuál es el significado y cuáles intenciones de su padre con esta creación, aunque las autoridades franquistas le quisieran dar un sentido distinto.

Castro recuerda además que el propio Juan de Ávalos explicó en distintas entrevistas que tuvo que abandonar España tras la Guerra Civil por no comulgar con la dictadura y reivindicó que algunas de sus grandes obras monumentales pretendían significar el valor de la reconciliación entre españoles.
En el caso del Valle de los Caídos, el escultor sostuvo que debía entenderse como un monumento dedicado a los muertos de ambos bandos. De hecho, el artista afirmó que puso como condición que este monumento no incluyera escenas bélicas del bando vencedor.
Sobre esa base, la alcaldesa considera posible reinterpretar hoy el conjunto escultórico de Santa Cruz. «Los monumentos se pueden resignificar», afirma. A su juicio, «el significado del autor es el que hoy debemos tener en cuenta» y que la obra «se puede resignificar de manera definitiva como monumento a la Paz, porque ese fue el deseo de Juan de Ávalos».
La alcaldesa lamenta que la controversia se haya convertido, a su juicio, en un elemento de confrontación política, y es consciente de que, por más que explique de forma matizada su postura sobre esta controversia, sus palabras se van a sacar de contexto en una parte de la opinión pública.

«No me parece justo que se utilice políticamente este tema para enfrentar de nuevo a los españoles», afirma. La regidora municipal considera que «algo que ya estaba superado se está agitando para volver a dividirnos, irresponsablemente, por un puñado de votos».
La alcaldesa defiende que «se pueda discrepar sobre el futuro de un monumento sin descalificar a las personas» y asegura que seguirá defendiendo sus convicciones «desde el respeto, la legalidad y el diálogo».
Finalmente, Castro quiere dejar claro que su ofrecimiento para que el conjunto escultórico pueda conservarse en Güímar no se interpretado como una reivindicación del franquismo ni como una toma de posición ideológica, sino dentro del marco de sus reflexiones sobre el patrimonio histórico y artístico. porque además, «no se puede borrar la historia».

Subraya que esa posibilidad solo podría plantearse si resultara plenamente compatible con el ordenamiento jurídico vigente.
La alcaldesa insiste en que su propuesta pretende, sobre todo, abrir una reflexión sobre qué debe entenderse por patrimonio cultural: «Como sociedad, debemos distinguir entre conservar una obra por su interés histórico o artístico y compartir la ideología del régimen bajo el que fue promovida, evitando que los criterios políticos conduzcan a una visión talibán del patrimonio».
«Lo que no quiero es que una escultura de Juan de Ávalos acabe en el fondo del Atlántico», remacha.




















































