VICENTE PÉREZ
Los cedros del Parque Nacional del Teide han sorprendido a propios y extraños. Hace unos meses uno de estos ejemplares en un escarpado risco se dató en 1.481 años de edad mediante la prueba del carbono 14, por lo que se ha convertido en el árbol más viejo de la Unión Europea.
Un estudio de las universidades de Valladolid y Rey Juan Carlos y del Parque Nacional tinerfeño ha permitido datar la antigüedad de cedros en la alta cumbre insular, que oscila entre 4 y 15 siglos.

Uno de los autores de esta investigación es José Miguel Olano, catedrático de Ciencias Agroforestales en la Universidad de Valladolid, con quien hemos conversado para conocer los pormenores de este trabajo científico, que ha requerido también la destreza de ascender a rocas a las que solo se puede llegar mediante escalada vertical, situadas más de 2.000 metros de altitud.
Pero gracias a esos refugios abruptos, estos cedros han sobrevivido al ser humano, a cinco erupciones y a unas condiciones climáticas extremas.
Olano, que en esta entrevista se deshace en elogios hacia la naturaleza canaria, por su biodiversidad y la belleza de sus paisajes, asegura que es posible encontrar aún cedros más longevos en la alta cumbre tinerfeña, ya que solo se ha datado la edad de cuatro ejemplares que se presuponían los más viejos.

La especie se denomina Juniperus communis y probablemente alguna vez formó bosques por encima de la cota de altitud que ocupa el pinar canario.
Antes que este cedro de casi 15 siglos, el más antiguo se conocía como el Patriarca, de 1.118 años. En realidad, como se concluye en esta entrevista, debiera llamarse la Matriarca, ya que es hembra.
¿Cómo llegó a esta investigación sobre una especie endémica del Teide?
«Es un recorrido largo: yo he estado muchas veces en Canarias y especialmente en Tenerife porque es una isla alucinante para cualquier biólogo por su biodiversidad alucinante. La primera vez que fui me acuerdo de subir desde la costa, y primero parecía que estabas en Australia y después que estabas en el centro de África con los bosques de laurisilva. Y la oportunidad apareció porque la Universidad de La Laguna y la gente de biodiversidad forestal me ofrecieron una estancia de dos semanas. Y conocí personal del parque nacional, y al hablar con ellos me dijeron que tenían un problema con la retama del Teide, que está muriendo, e hicimos un primer trabajo para saber la causa, que parece bastante claro que es por la sequía, que las debilita mucho. Y durante ese trabajo me llamaron mucho la atención los cedros. Aquí en Soria desde 2006 hemos trabajado mucho con los juníperos y con la sabina rastrera, por lo que con esas especies teníamos bastante experiencia. Y me llamaba la atención que estaban por allí, por medio del parque nacional, muy poquitos, sueltos y después leí que estas especies podía estar aquí desde hace mucho antes. Entonces hablé con José Esquivel y empezamos a trabajar con los cedros que están más abajo, los accesibles, porque realmente nos sorprendió mucho su presencia y ahí encontramos al Patriarca. Encontramos a muchos muy jóvenes, porque crecen muy bien en Las Cañadas y fuimos a unos cuantos que nos decían que eran muy viejos, tenían 40 o 30 años, y en una de estas nos llevaron al Patriarca, que fue donde vimos que era un árbol muy viejo y decidimos probar con la prueba del carbono 14, porque tiene una parte central muy accesible como descompuesta y vimos que el Patriarca tenia mil años».

Pero lo cierto es que el cedro el Patriarca no era el más longevo…
«Entonces decidimos ver qué pasaba con los que están en los riscos más altos porque esos podían ser potencialmente muy viejos y fue cuando vimos que todos los de abajo menos el Patriarca eran muy jóvenes. Luego también tenemos la presencia del mirlo capiblanco, que come cedro y expande las semillas. Y ya después hablé con los escaladores e hicimos una campaña de dos años muestreando los cedros en enclaves más altos. Obteníamos muestra de madera para poder testearlos y ver qué edad tenían, con el problema de que son muy sensibles a las lluvias del invierno. Y de los más viejos decidimos coger una muestra de madera cuando no se podía llegar al centro para ver la edad, pues sospechábamos que esos cedros habían montado una población independiente de la que estaba abajo, que se habían ido encaramando a los riscos cuando la gente prácticamente había cortado todos los árboles de abajo. Pero lo que no sabíamos es que eran tan viejos».

¿Cual es la importancia a escala mundial de este reducto de árboles tan antiguos en Tenerife?
«En el mundo los árboles mas viejos están en Estados Unidos, 4.500 años; viven en sitios muy secos y en rocas con suelo casi inexistente y a mucha altitud. También hay muy viejos en Asia, en el Himalaya. Siempre en los lugares donde la gente no puede llegar. El Teide es un sitio muy seco, muy frío y muy caliente y lejos de la acción humana, y donde los árboles no pueden crecer mucho porque si no al final llega a un tamaño en que mueren».
Pero a escala europea estamos hablando de los más antiguos…
«Es muy asombroso en el contexto europeo, porque a nivel mundial hay cosas más viejas. Pero lo más asombroso, que nadie esperaría, es que estuvieran en una isla. En Tenerife vive un millón de personas y además es un lugar donde todos los recursos naturales se han aprovechado mucho. Me contó un historiador que ahora hay un momento de bonanza pero que hasta hace 50 años era un lugar donde era muy duro vivir, donde no llueve y todo se utilizaba. Lo normal es que estuvieran en El Himalaya, en Las Rocosas, es decir en lugares más inaccesibles y con menos presión humana».

¿Cómo puede un cedro sobrevivir en esas condiciones tantos siglos en la cumbre tinerfeña?
«Porque son muy resistentes a la sequía. Son capaces de tomar agua en concentraciones de suelo muy baja, por lo que eso les permite tomar cada gotita de agua, condensación de agua de las nubes, y también son capaces detener su crecimiento cuando no hay agua, es decir pueden parar y después continuar; porque en esos sitios hay mucha condensación, niebla por las mañanas, y están tirando de esa agua. No es excepcional que en roquedos haya juníperos, es la especie que mas adaptada está y crecen muy poquito. Es es su clave: crecer muy poco y tener una copa muy pequeña para sobrevivir».
¿Ha sido complicado escalar por esos roques para tomar las muestras?
Javier Martín Carvajal y Raúl Martínez son los dos escaladores de Canarias, profesionales muy experimentados y para la naturaleza, pues han estado en todos los roquedos de las islas, rocas muy complicadas porque no están estabilizadas. Ellos tienen mucha experiencia escalando en El Teide y se conocían todos los cedros, sabían dónde estaban cada uno y cómo acceder hasta ellos. Aunque lo que sabían es que fueran tan viejos. Ha sido muy divertido porque son muy buena gente».
Según la investigación en la que usted ha participado, podemos calcular que fue en el año 1541 cuando una semilla de ese hoy cedro más viejo de Europa germinó en el Teide. ¿Qué tipo de fenómenos ha tenido que soportar para llegar a nuestros días?
«Al menos cinco erupciones volcánicas constatadas y los terremotos asociados a esas erupciones. Seguramente muchos hayan muerto debido a esos sismos, pues la lava es más puntual, te puede tocar o no; pero está la lluvia de cenizas también. Y este ha sobrevivido pero probablemente muchos otros no. Y después estas rocas donde están se caen, les golpean. Son, por tanto, unas condiciones muy duras, pero se mantiene una colonia estable, hay también árboles muy jóvenes».
¿En que estado de salud se han encontrado a estos ejemplares?
«Son árboles muy viejos, tienen la copa muy reducida, muy pocas hojas, parte de la corteza muerta, lo que se espera en un árbol muerto, sin embargo, a pesar de que están muy debilitados, tanto el Patriarca, que está abajo, como este árbol que está arriba, y que son hembras, siguen produciendo frutos, a pesar de que ser viejos y el tronco, que en algún momento se estropeó, va para abajo, cuelga».

Si son hembras, entonces el anterior árbol que era el más viejo de Europa no debió llamarse el Patriarca, sino la Matriarca…
«Sí, es verdad. Da frutos y es hembra. Los cedros más viejos que hemos visto dan frutos, están reproductivamente activos. Y eso es importante porque contribuye a la continuidad de la especie».
¿Y hay que tomar alguna medida especial para proteger esos cedros más inaccesibles?
«Bueno los cedro que están en la zona más elevada del Parque Nacional no hay que hacerles nada, están protegidos y van a seguir el curso de su vida y vivirán hasta que mueran por causas naturales. Los que tienen problemas son los más jóvenes, que están abajo, salvo el Patriarca, tienen el problema de los conejos, que hay muchos. El interés principal es ver cómo podemos recuperar la población que estaba en el Parque Nacional, que seguramente era mucho mayor que en la actualidad y con árboles grandes. Me consta que se está actuando para el control de conejos con vallados, con zona de exclusión» .

Para la esperanza de vida de los humanos, y eso que en muchos países ha mejorado mucho en el último siglo, que un árbol llegue a esa edad resulta increíble…
«Sí, hay que pensar que 1.000 años de que llegara la población de Castilla a Canarias, estos arboles ya estaban ahí. Y cuando esta isla la habitaban los guanches estos árboles eran muy pequeños, nacieron en un contexto en que el Teide sería un cedral con árboles abiertos, algo muy diferente a lo de ahora. Algunos estarían en los roquedos pero la mayoría, jóvenes y viejos estarían abajo, un paisaje muy parecido al que hay aquí en Soria. Eso seguramente es lo que tendrían que haber visto los guanches».
¿Entonces Las Cañadas albergó en el pasado un bosque de cedros?
«Pensamos que en un principio sí, pero bosque cerrado, como puede ser un pinar, pero si una zona arbolada, con arboles abiertos. Hay poco agua, pero árboles dispersos por todos sitios. Y hay más especies. A mi me llama la atención una rosácea, la bencomia, que también está en dos o tres roques. Y claro, te preguntas qué hace viviendo allí arriba cuando es mas fácil estar abajo. Nadie se va a un roquedo cuando puede vivir abajo, y si te vas tal alto es porque abajo se está peor, básicamente porque te comen o te cortan».
Llama la atención que en un lugar tan agreste, tan duramente volcánico, haya tanta vida…
«Lo que había en el Teide no lo sabemos pero seguramente existirían muchas especies que hoy faltan, seguramente porque las cabras se las han comido. Lo que era mas rico desapareció y sobrevivió lo que era menos atractivo para ser comido. Es una herramienta para recuperar lo que había, allí están las semillas para recuperar esos ecosistemas que por la acción de Castilla pero también de los guanches, de la ganadería de la cual vivían, desaparecieron y se quedaron refugiados en aquellos lugares. Eso para mi es lo más importante, más que la edad, que te dice desde cuándo están allí, pero también te dice qué había allí, qué especies estaban por todos los lados y que con la acción humana desaparecieron y se quedaron en otros lugares mas protegidos».

¿Se puede repoblar de cedros Las Cañadas o hay que avancen de forma natural?
«Lo que ocurría inicialmente es que cuando se declaró Parque Nacional y se controló la ganadería , el cedro se recuperó muy bien. Hay individuos de los años 60. Ahora hay otro herbívoro, el conejo, y es un problema porque comen todo lo que hay; cuando sale una semilla de cedro se la come. Contra eso hay que hacer algo proactivo, vallados de exclusión, que se están haciendo en el Parque, no solo por los cedros, sino también por otras especies, como la violeta del Teide, que el conejo se la come. También se podría intentar replantar esos árboles».
¿El cambio climático amenaza estos centros milenarios y centenarios?
«Lo interesante es que, por ejemplo, la retama del Teide, está en retroceso en muchas partes del Parque Nacional, porque no aguanta la sequia en cambio el cedro tolera muy bien la sequía, por lo que creo que es una oportunidad tolera muy bien la sequía, genera sombra por lo que atempera la insolación de otras especies y no solamente son cedros que pueden aguantar el cambio climático sino que pueden ayudar a que los ecosistemas del Teide aguanten mejor el cambio climático.

¿Es posible que se descubran más cedros en Las Cañadas más longevos?
«Todos los cedros están localizados, hay una cartografía muy buena, pero no los hemos visitados todos, solo los que Javier y Raúl consideraban que eran mas viejos. Así que puede haber más viejos. Solo hemos empleado el carbono 14 en cuatro ejemplares, porque es muy caro y consideramos que esos eran los más viejos, pero probablemente haya más individuos milenarios. Estamos interesados en reconstruir cómo han sido 300 o 400 años de lluvia, que se puede hacer con los cedros, y también tenemos mucho interés de reconstruir los parentescos , es decir la relación familiar entre ellos».
¿De qué manera los cedros nos pueden informas de la pluviometría de los últimos siglos?
«Con los cedros cogemos la anchura de los anillos y sabemos como han sido las lluvias de los últimos años. En Canarias hay registro de las lluvias de los últimos 1000 años, porque se recogían las cosechas y está registrado cuanto trigo y cereal se recogía cada años y eso es un indicador de las lluvias por lo que hay un registro indirecto y nosotros con los cedros queremos contribuir para saber como han evolucionado las sequías pero aparentemente parece que hay mas sequías ahora que antes , la frecuencia de sequías intensas ha aumentado últimamente».

El artículo sobre esta investigación lo han publicado ustedes en la revista Ecological Society of America, ¿han publicado otros artículos sobre este mismo tema?
«Sí, el artículo sobre el primer cedro viejo que encontramos, el Patriarca, lo publicamos en Ecologycal.., que tiene un apartado de aspectos naturalistas destacados. Era un árbol de más de 1.000 años en Canarias y era muy sorprendente. El Drago famoso tiene 700. Es muy raro encontrar un árbol tan viejo en lugares donde el ser humano ejerce una presión tan intensa y sobre todo en islas oceánicas. En ese primer artículo nos centramos mucho en el tema de la edad y en que había registros históricos de que había habido más árboles, por registros arqueológicos de hogueras con maderas de cedro; lo cual nos decía que hubo mas árboles en la zona llana de Las Cañadas. Eso fue un trabajo muy cortito de dos o tres páginas. En este caso en particular, cuando encontramos este otro árbol tan viejo pensamos que el lugar apropiado para publicar era Ecologycal. Gracias a que han sobrevivido estos árboles en los roques más inaccesibles no han extinguido, pues de lo contrario hoy solo quedaría El Patriarca aislado y ningún otro cedro».
¿Estos cedros los encontramos en otras islas de Canarias?
«Si. En todas, es una especie de distribución muy amplia. En Gran Canaria sí ha habido cedros viejos. Habría un cedral por encima del pinar en las dos islas. En La Palma no lo tengo tan claro, porque el pinar llega prácticamente hasta arriba. También hallamos cedros en zonas más bajas, en el pinar, incluso en la laurisilva a veces».

Usted no ha ahorrado elogios al patrimonio natural de Canarias al principio de esta entrevista. ¿Qué mensaje nos daría a los que vivimos en este Archipiélago en cuanto al valor de nuestra naturaleza?
«Conozco desde hace muchos años a José María Fernandez Palacios, catedrático de Ecología, y cuando iba a la Península para él todo lo que para mi era cotidiano le asombraba. Pero cuando yo llegué a Canarias y vi lo que teníais aquí me di cuenta de que tenéis una flora singular; la mayoría de las especies de Canarias no están en ningún lugar del mundo, como mucho en alguna otra isla de la Macaronesia, pero es muy poquita superficie. Así que lo que desaparece en Canarias desaparece del mundo; cuando desaparece un bosque de laurisilva o una especie rara de ahí, no lo pierde Tenerife, lo pierde el mundo. La islas oceánicas son un cúmulo de extinciones pero lo que se mantiene tiene un valor asombroso, es algo único. Cuando vengo a Tenerife me doy cuenta de que hay cosas únicas; puede haber parecidas pero son únicas».
Se piensa que gran parte del turismo solo viene a Canarias fundamentalmente a tomar el sol en la playa…
«La naturaleza de Canarias también es un atractivo turístico. Yo nunca he ido por las playas, siempre he ido a Canarias por los paisajes; y también por la gente, los guachinches. Pero los paisajes son únicos. La primera vez que vi un cardonal me sorprendió; ahora hay internet , pero en los 80 no había, y solo había visto alguna foto de un cardonal. Y eso es un gran valor que cuando tu lo tienes todos los días no te das cuentas; es parte de tu paisaje, pero cuando vienes de fuera te das cuenta de que eso es único, igual que el patrimonio románico es único, el patrimonio ecológico que hay en Tenerife es único. Hablo de Tenerife porque es donde mas he trabajado, pero el patrimonio de otras islas también es algo único y preservarlo es una obligación para las futuras generaciones y ese patrimonio vegetal y paisajístico es un motor económico muy grande, pues no todo el mundo va por las playas, muchos van porque ese paisaje es asombroso».





















































