ASTRID DA SILVA JIMÉNEZ PERIODISTA
El concejal de turismo del Ayuntamiento de Adeje, Adolfo Alonso, celebraba hace poco en su perfil de Facebook el acto de simbólico de colocación de “la primera piedra” del proyecto Cuna del Alma.
Este ladrillazo, aprobado desde hace años en el municipio, contará con 420 residencias de lujo, de las cuales la más económica supera el medio millón de euros, con una extensión dedicada al proyecto de 437.000 metros cuadrados en el Puertito de Adeje. Se venden como un complejo ecofriendly, responsable con el medio ambiente y con un nombre de lo más hippie chic, como se definen en su propia página web, en la que describen a La Caleta como “un espacio legendario por su estilo de vida hippie y comunal, marcado desde hace siglos por la herencia guanche”. Parece un insulto a la inteligencia, porque los vecinos sabemos que de esencia guanche aquí no hay nada. La esencia local, en general, la han aniquilado.

Los vecinos del municipio lo que vemos es que en nombre del progreso y del trabajo siguen intentando convencernos de que lo que están haciendo es traer turismo de lujo al municipio, para crecer económicamente y prosperar, pero ¿quién está creciendo, quién prospera? Porque actualmente lo que vivimos cada día es un municipio saturado de turismo masivo, que ha arrasado la esencial local, la comunidad. No tenemos lugares donde hacer vecindad. Ni siquiera podemos ir a comer con la familia o tomar algo con amigos en algún establecimiento de nuestra costa, porque si tienes la suerte de que hablen tu idioma, el español, no tendrás la posibilidad de pagar la cuenta.
Nuestro poder adquisitivo no ha mejorado, no ha cambiado con los años. Los vecinos que terminan trabajando en estos complejos turísticos lo hacen siempre en puestos de limpiadoras, recoge maletas y camareros. Alguno con más suerte llega a ayudante de recepción. Con la cantidad de personas formadas que hay en las islas, no llegan jamás a formar parte de la toma de decisiones de ningún tipo. Los proyectos privados están gestionados, en su mayoría, por capital extranjero, con poca consciencia del entorno y la idiosincrasia del lugar, y a nuestros dirigentes, cómodamente asentados en sus más de 30 años ininterrumpidos de mandato, se ve que les preocupa poco lo que viven los vecinos.

Con este encarecimiento de precios, dirigidos siempre al poder adquisitivos de países europeos, nuestros salarios nos dejan fuera de nuestro propio pueblo. Los alquileres en Adeje están al precio de las capitales europeas, los establecimientos no están orientados a los salarios de los adejeros y las carreteras están saturadas, porque las infraestructuras no están preparadas para este desarrollo del que hacen alarde. Lo único que vemos es bloque y cemento y riqueza, mucha riqueza, en las manos de los caciques de siempre.
Supuestamente, y según fuentes oficiales, en 2019 visitaron Canarias 13,1 millones de turistas. Aun teniendo que aceptar que somos los mayordomos de Europa y que nuestro sistema económico no es sostenible a largo plazo (ya nos lo enseñó la pandemia, pero seguimos sin querer aprender nada), aun con todo eso, el 35% de la población canaria está en riesgo de pobreza o exclusión social. Eso no lo ven los concejales del ayuntamiento, ni sus allegados, que están todos colocados a dedo en puestos de funcionario, porque ya están muy muy lejos de lo que es el pueblo. Ellos han pasado a formar parte también de ese sector de lujo que lo ha encarecido todo.
Esto se explica porque ellos, cobrando 58.372,36€ anuales como cobra el concejal de turismo, se han olvidado ya de cómo vive la mayoría de la población, cobrando el salario mínimo y quedando a los márgenes de su propio municipio. Este modelo de negocio y desarrollo que tienen en Canarias no va a cambiar con unos pocos dando su opinión en medios y redes sociales, pero desde luego, al menos, les hacemos llegar que ese discurso ya no se lo compra nadie. El del trabajo y progreso hace tiempo que se les caducó.

El ecofriendly y hippie chic ha nacido muerto, porque nunca nos incluyó. La clase trabajadora ha quedado fuera del posmodernismo del greenwashing, que no es más que el capitalismo salvaje de siempre, disfrazado de sostenible y con etiqueta verde. Lo que queremos es que dejen de reventar nuestra costa, de saquear los recursos naturales, de vaciarnos de nuestra propia identidad y, por supuesto, que nos dejen trabajar y vivir dignamente. No faltan más complejos turísticos, falta un poco de dignidad política.
PD: las fotos que utilizan en la página web de Cuna del Alma, son de la playa de Diego Hernández. De aquí echaron hace un par de años a hippies extranjeros que reventaban la caleta y el ecosistema, sin dejar un solo céntimo. Probablemente huían de unos padres muy ricos y muy ausentes y venían a vivir la experiencia de la pobreza, estéticamente atractiva en la costa. Ahora, se ve que los hippies con dinero no molestan tanto y el siguiente paso será también un chiringuito boho en la única playa sin edificaciones de todo el municipio. Que reviente el entorno, sí, pero que deje dinero, mucho dinero, para otros que ya tienen los bolsillos llenos




















































