VICENTE PÉREZ
A María del Carmen la vida no le ha sonreído desde hace mucho tiempo. Pero todavía en sus labios se asoma una sonrisa de agradecimiento a quien se acerca a ayudarla. A sus 80 años, enferma de artrosis y moviéndose en silla de ruedas, duerme en la calle, por circunstancias personales que explican, pero no justifican, que una persona de su edad se vea obligada a pasar el día y la noche en tan tristes condiciones.
Su caso lo contó en marzo PLANETA CANARIO con la esperanza de que las administraciones públicas competentes buscaran algún tipo de solución a esta anciana, y hasta el diputado del Común, Rafael Yanes, anunció que actuaría de oficio tras conocer esta cruda historia en este periódico, y con el fin de que esta mujer octogenaria recibiera la atención que necesita de los servicios públicos.
Este testimonio ha sido una de las noticias más leídas y compartidas (10.400 veces) desde el nacimiento de PLANETA CANARIO. A este diario le consta además que el nuevo gobierno municipal que tomó posesión este verano conoce la situación de esta vetusta chicharrera y ha analizado su caso. Pero la realidad es que Carmen sigue a la intemperie.
Ahora la Alianza de Vecinos de Tenerife, un grupo de ciudadanos que lleva años denunciando la situación de los sintecho en la isla, y, en especial, en su área metropolitana, ha vuelto a llamar la atención sobreCarmen, a quien ha grabado un video, con su consentimiento, en la que ella lo deja claro: «No me gusta vivir en la calle, para nada; el que diga lo contrario no dice la verdad».

Se queja esta mujer veterana de la vida de que no recibe ayuda «ni para comer», y sobrevive con su pensión de viudedad. «A mi me gusta salir a la calle, pero no dormir en la calle», remacha, con muestras de una claridad mental que le ayuda a sortear los peligros de pernoctar al aire libre en una ciudad, a veces aguantando las impertinencias de algún vecino sintecho. Lo peor, que está «inválida total». «No puedo andar sin mi silla de ruedas», confiesa.
María del Carmen nació en el antiguo barrio de Cabo Llanos, cerca de la ermita de Regla (el templo es de lo poco que queda tras el realojo forzoso de más de 800 familias hace cuatro décadas).
En abril pasado comentó a PLANETA CANARIO que en el albergue municipal le dijeron que «aquello es solo para personas de menos de 65 años». Sin embargo, por lo que ha podido saber este diario, no hay tal límite de edad en ese servicio municipal.
La conversación de entonces tuvo lugar en un banco de una plaza cercana al Mercado Municipal Nuestra Señora de África, y por momentos pasaban a saludarla otros sintecho más jóvenes que ella, a quienes les gusta su animada conversación, al punto que les sirve casi de psicóloga, porque es una mujer llena de vida y de humanismo: «Hay gente que duerme en la calle que no tiene ganas de vivir, pero yo sí, yo quiero vivir, a mi me gusta la vida, yo no quiero morirme, aunque necesito una habitación, un cuarto al menos, yo con eso estaría encantada y sería un regalo para mí».
Sarcasmos y paradojas de la vida, esta chicharrera ha llegado a tener como único hogar un banco. Pero uno de madera para sentarse, sino el una entidad financiera, en cuyo cajero compartió un tiempo espacio con cuatro indigentes más.
Viajando a lomos de la nostalgia recuerda que ella estudió auxiliar de enfermería en una clínica de Santa Cruz, y que «de jovencita» era no se «preocupaba de noviazgos, sino de estudiar, y era de las que sacaba sobresaliente». Y asegura que se formó también como cocinera repostera, «en el colegio del Hermano Pedro». Pero sea como fuere no pudo cotizar lo suficiente, y hoy cobra una pensión de poco más de 300 euros. «Eso no me da ni para comer, ni mucho menos para tener una casita propia; yo llegué a pedir una vivienda de protección oficial pero nunca me la dieron», se lamenta.
Refiere que a veces acude a bañarse, comer y algo de ropa en el comedor de las monjas de la calle de la Noria, que regentan las hermanas de la Caridad de San Vicente de Paúl.
La conversación da saltos en el tiempo, porque el tiempo para quienes duermen en la calle no es lineal, y la mente viaja a veces al pasado, otras a un futuro incierto que no se sabe por dónde se encaminará, y finalmente vuelve el presente del frío, la soledad y la intemperie. «Yo nací un poco más acá de la ermita de regla, era la mayor de cinco hermanos; me iba a bañar a las playas que ya desaparecieron ahí, frente a El Cabo y Los Llanos; mi padre me enseñó a dividir, y fue a la escuela de Isabel la Católica; y me acuerdo de que cargaba el agua desde las fuentes. He trabajado no se hace usted ni una idea de cuánto», rememora.
En marzo, Carmen terminó la conversación con PLANETA CANARIO con un mensaje positivo, pese a sus circunstancias: «Mire, yo le repito que a mi me gusta la vida, y en la calle no me quiero morir, así que con una cuartito yo me las arreglo. Conozco a uno, que se llama Juan, que tiene cuatro años más que yo y me dice que está aburrido, y que quiere morirse; yo lo freno: ‘¿Pero tú qué estas diciendo, Juan? La vida es muy bonita, y tú te morirás cuando te toque, no cuando tú quieras».
El caso de esta mujer ha alarmado a la Alianza de Vecinos de Tenerife. Su portavoz, Abel Hamid Román, tacha de «inconcebible» que el Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife permita que una persona de esta edad siga en la calle. «La fría burocracia y la insensibilidad de los políticos se ceba con los sintecho, aumentando la crueldad de la situación en que viven», afirma este activista, quien subraya que «a esta señora, sea cuales sean sus circunstancias, la realidad es que no le gusta vivir en la calle, y hay que darle ya una respuesta sin rigideces de formulismos oficiales; es una obligación moral».
A su juicio, darles una cena el Día de Navidad, «siendo un gesto positivo, de humanidad, resulta grotesco si el resto del año vemos a tantas personas durmiendo en bancos en nuestras plazas o en cajeros de bancos». «Hay que habilitar recursos para que todos los indigentes tengan la posibilidad, a corto plazo, es decir, ya, de dejar la calle; el programa para darles vivienda está muy bien, pero solo hay 10 beneficiarios y se anuncia que otros 10 podrán serlo en 2020, pero ¿y los demás sintecho, para cúando? ¿Cuánto tiempo deberán estar durmiendo al raso?», se pregunta Hamid Román.
Desde su punto de vista, «la alcaldesa del PSOE, Patricia Hernández, debería tomar cartas en el asunto ya y que en Santa Cruz ningún vecino ni ninguna vecina vivan en estas condiciones, hay que tener no solo sensibilidad sino voluntad política». «Nosotros no vamos a parar de denunciar esta situación, lo hicimos con anteriores gobiernos, y lo haremos con el actual», advierte el representante de la Alianza de Vecinos.



















































