PLANETA CANARIO
Se cumplen 195 años de la que se considera la peor catástrofe natural por lluvias en la historia Canarias. Ocurrió los días 7 y 8 de noviembre de 1826, y afectó a varias islas, aunque con especial virulencia a la tinerfeña, con un espeluznante temporal de viento y precipitaciones torrenciales, con características de ciclón tropical. Aunque las trayectorias de estas perturbaciones originadas en el trópico son muy raras en el Archipiélago, haberlas, las ha habido, como esta que evocamos o la tormenta Delta en 2005, y otras, incluso huracanes, han merodeado en años posteriores por esta parte del Atlántico.
La revista científica sueca Geografiska annaler Series A- Phisical Geography de la Universidad de Upsala publicó en 2010 una artículo firmado por los investigadores de la Universidad de La Laguna José Bethencourt-González y Pedro Dorta Antequera, del Departamento de Geografía, en la que aventuraron la posibilidad de que en algunas áreas se recogiesen en aquellos días de noviembre de 1826 cantidades superiores a 500 litros de lluvia por metro cuadrado y que, en amplios sectores de las islas, se superasen ampliamente los 100 l/m2 en 24 horas.
Los daños fueron incalculables: en el recuento realizado por los autores del artículo, solo en Tenerife fueron destruidas más de 600 casas de particulares, más los daños en la agricultura, con pérdidas de suelo que pudieron superar el 30 % en algunas áreas, y en cabezas de ganado de todo tipo.

Pero las mayores pérdidas fueron las vidas humanas, pues las fuentes consultadas hablan de “infinidad el número de muertos”, de “cadáveres flotando” en los días posteriores a la tormenta, debido al arrastre producido por la imponente fuerza de los barrancos. Según la documentación histórica disponible, sólo en Tenerife pudo haber 298 fallecidos.
La comparación con eventos como el Delta y el huracán Vince en 2005, el huracán Gordon en 2006, el sistema tropical en 1975, y un huracán en 1842 identificado en otras fuentes de información, indican la posibilidad de que fenómenos tropicales de estas características que alcancen las islas entre octubre y diciembre con fuerza extremadamente destructiva, según se sostiene en dicho artículo científico.

El cronista oficial de Güímar y Candelaria, Octavio Rodríguez Delgado, ha abordado también este episodio histórico en su blog, al que le dedica varios artículos, y en el que afirma que de este temporal «ha perdurado su memoria aterradora, viva y fresca, hasta la actualidad, pues tal fue la magnitud de sus estragos, humanos y materiales, que se considera el mayor de los ocurridos después de la Conquista».
En Candelaria, el municipio más afectado del sur tinerfeño, el atroz temporal se llevó el Castillo de San Pedro, con el cabo de guarnición y toda su familia, así como una docena de casas y parte de la capilla del Convento dominico, de la que desapareció la primitiva imagen de la Virgen de Candelaria, la Patrona de Canarias. El aluvión, como recuerda en sus artículos el cronista oficial, venía a sumarse al incendio de 1789, que había destruido por completo el Convento y la primera Basílica de la Virgen de Candelaria.

En el municipio de Güímar el número de víctimas mortales se elevó a siete, cinco sorprendidas en las Dehesas de Agache (de las que tres fueron llevadas por las aguas torrenciales que discurrieron por el barranco de Herques) y las dos restantes arrastradas con sus casas en el barrio de La Hoya de Güímar. 103 animales sucumbieron con motivo del aluvión en todo el municipio, decenas de casas resultaron dañadas, de las 7 se las llevó literalmente el aluvión.
Numerosas fueron las pérdidas en los cultivos, que eran el sustento principal entonces, como recuerda Rodríguez Delgado.
De los 695 contribuyentes que existían en el término municipal, según el último repartimiento de la Contribución Territorial, 498 presentaron cuentas de pérdidas. El total de las pérdidas económicas sufridas en el término se evaluó en 196.476,33 pesos de entonces.
En Arafo, además de la pérdida de un elevado número de animales domésticos, árboles silvestres y frutales, así como daños en las cosechas y en las casas de sus habitantes, sólo hubo una víctima mortal del aluvión, que fue arrastrada hasta la costa por las aguas torrenciales que bajaron por el barranco de Añavingo, detalla el historiador.

El aluvión provocó una muerte Fasnia, ahogado en un naufragio, y también dañó la iglesia de San Joaquín, que por entonces ya adolecía de graves defectos estructurales, pues se desplomaron unas paredes.
El viento y el agua golpearon también el Valle de La Orotava y zonas de Gran Canaria. Según las crónicas se llevó la vida de 253 personas.
PARA SABER MÁS:

BLOG DE OCTAVIO RODRÍGUEZ DELGADO: http://blog.octaviordelgado.es/
LOS GRAVES EFECTOS DEL ALUVIÓN DE 1826 EN EL MUNICIPIO DE GÜÍMAR Y EN LOS PUEBLOS VECINOS DE ARAFO Y FASNIA http://blog.octaviordelgado.es/wp-content/uploads/2021/11/Articulo-EFECTOS-DEL-ALUVION-DE-1826-EN-GUIMAR-ARAFO-FASNIA.pdf
EL TERRIBLE ALUVIÓN QUE AZOTÓ TENERIFE EN 1826 Y SUS IRREPARABLES DAÑOS EN CANDELARIA




















































