PLANETA CANARIO
La Sección Primera de la Audiencia Provincial de Las Palmas ha condenado a penas de 8 y 6 años prisión a una mujer de 48 años y a su marido de 50, respectivamente, así como a 2 años de cárcel a un cómplice, hermano del anterior, por estafar a 84 personas casi 2,7 millones de euros invertidos para adquirir viviendas y coches de lujo en falsas subastas judiciales en propiedades de distintas zonas de Gran Canaria. Los reos deberán pagar además multas de entre 4.800 y 2.800 euros así como devolver el dinero a sus víctimas más los intereses.
Se absuelve a un cuarto acusado, un abogado de Tenerife y profesor de la Universidad de La Laguna, por no haber pruebas suficiente de que estaba al tanto de esta trama fraudulenta.
La principal condenada, Teresa V.F., que estuvo en prisión provisional desde septiembre de 2014 hasta octubre de 2017 tras ser detenida por esta estafa, se hizo conocer entre sus vecinos y amigos como una profesional de las inmobiliarias que pujaba por lotes de propiedades en subastas judiciales de bungalows en el sur de Gran Canaria y vehículos de alta gama y luego los revendía a precios muy competitivos. Atrajo así a sus víctimas para que invirtieran de esta forma, pidiéndoles para ello un depósito o varios que luego se descontarían del precio final a los compradores de esos bienes.
En esta actividad ilícita también participaba su marido, Manuel Alexis S. S. , Manuel ,de 50 años, que también estuvo prisión provisional un mes en 2014, igualmente detenido por las denuncias de las víctimas. Ambos crearon una sociedad civil llamada Canarias Gestión de Embargos, con sede en Telde, a la que los pagos se podían hacer por transferencia bancaria, lo que no levantó las sospechas de las víctimas.
El dinero estafado lo sacaron del banco en efectivo, con la finalidad de evitar que una reclamación judicial bloqueara la cuenta, tal y como finalmente ocurrió «y con claro ánimo de enriquecimiento injusto», según expone la sentencia en su apartado de hechos probados.
Para captar clientes para el supuesto negocio de las subastas de inmuebles, este matrimonio ofrecía primero la posibilidad de comprar vehículos de alta gama a precios de segunda mano, muy por debajo del valor de mercado, aunque en realidad los condenados los compraban al precio real y perdían dinero, pero así se ganaban la confianza de sus víctimas.
Cuando los estafados reclamaban los depósitos, el matrimonio condenado siempre le prometía que el momento de la escritura estaba cerca y justicaban el paso del tiempo en los colapsos de los juzgados, en las vacaciones de los funciones, en la competencia de otros subasteros y por su propio estado de salud.
Incluso llevaba a sus víctimas a visitar supuestas propiedades que se iban a subastar, localizadas en apartamentos o villas del sur de Gran Canaria. Algún cliente llegó a hipotecarse porque su inversión era para una vivienda habitual.
A sabiendas de que todo era una completa farsa, relata la Audiencia Provincial de Las Palmas, a veces los estafadores les pagaban a sus clientes temporadas de vacaciones en el complejo donde se encontraban los inmuebles que habían hecho creer que se iban a subastar, y que serían suyos en breve plazo.
Los ahora condenados le daban apariencia legal a su negocio mostrando documentos judiciales de embargos y subastas en los Juzgados de Las palmas que nada tenían que ver con las supuestas propiedades que habían pagado las víctimas. Además, la cabecilla de esta trama decía que tenían el asesorameinto de un abogado importante de Tenerife y que además era profesor de la Universidad de La Laguna.
Para aparentar la verosimilitud de un negocio que en realidad era una completa falsedad, Teresa llegó a utilizar a una amiga suya, también perjudicada, que trabajaba en la Fiscalía Provincial de Las Palmas como funcionaria, para que llamara a una lista de clientes con el fin de que les manifestara que llamaba del Juzgado y que estaban haciendo las comprobaciones necesarias para poder firmar la propiedad, sin que esta empleada pública tuviera conocimiento del engaño a que, sin querer, estaba sometiendo a los destinatarios de sus llamadas telefónicas.




















































