VICENTE PÉREZ
Quiso ponerle una sonrisa al cáncer hasta el último momento. Y así lo hizo. La tinerfeña Hilda Siverio falleció este jueves a los 52 años. Se hizo famosa en los últimos 8 años por su iniciativa de tener una actitud positiva, a menudo festiva, en las redes sociales en la lucha contra una enfermedad que aún es objeto de tabú y que muchas personas viven desde el primer momento con mucha angustia.
Sus vídeos bailando o bromeando en el hospital cuando acudía a tratamientos o revisiones, incluso cuando debía permanecer en la cama, se hicieron virales. En Tik-Tok su centa tiene 1,5 millones de seguidores, 233.000 en Facebook (en su página denominada ‘Sácale una sonrisa al cáncer’) y 338.000 en Instagram.
En 2014, cuando estaba embaraza de su hijo pequeño, le detectaron un tumor. Para no perder al bebé decidió esperarse a la semana 33 para empezar el tratamiento, para entonces la enfermedad se había extendido y aunque le dieron pocas expectativas de vida, su forma de encarar esta enfermedad, sus constantes ganas de luchar y aceptar incluso al final un tratamiento experimental, le ayudaron a mantener la vida más de 8 años.
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En septiembre de 2019, cuando la entrevistó PLANETA CANARIO, dejó constancia de cuál es su filosogía: «Yo he podido demostrar que se puede afrontar esta batalla. Porque yo no quiero perderme la vida pensando en que me voy a morir. La vida se pierde en el momento en que se deja de vivirla. Mucha gente deja de vivir cuando le dicen que está enferma de cáncer». Y, en efecto, Hilda, pese a la gravedad de tipo de cáncer que padecía desde hace años, logró siempre desbordar las previsiones de vida que le daban los médicos.
Tanta jovilidad no es fue postureo ni un falso consuelo de Hilda ante la adversidad. En realidad, como confesó a este diario, ella siempre había sido así: desde niña es una persona vital que no da el brazo a torcer ante los momentos duros: «Yo lloro de emoción pero automáticamente vuelvo a reírme, porque mi estado natural es así: no concibo mi vida sin luchar y sin disfrutar de cada segundo».
Para ella, que creía en Dios, cada día de vida, y ganado a la muerte, era «un milagro», un tiempo maravilloso conquistado. Y ese es, acaso, su grandioso mensaje: que las personas disfruten cada momento de su existencia, se amen y amen a los demás, sin doblegarse nunca ni ante el cáncer ni ante nada. Porque la vida es un hecho prodigioso en el universo por el que vale la pena luchado.
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Sus últimos vídeos los compartió el 30 de enero, cuando se alegraba de «el milagro diario que Dios me está dando» y daba siempre gracias a sus seguidores en redes sociales por el amor que le daban.
Una de sus dos hijas , Valeria González, este viernes 10 de febrero publicó una descarnada y emotiva carta en las redes sociales: «Con el corazón encogido y los ojos llenos de lágrimas, se ha ido mi persona favorita».
«Querido Amor: Te prometo amor que intentaré seguir buscándote por muy oscuro que lo vea todo, porque al fin y al cabo eres la razón de la vida, y yo no estoy dispuesta a perder la mía», escribió en su cuenta de Instagram.
Y estos son otros dos pasajes de la carta:
«Querido tiempo: No se si tengo que darte las gracias o decirte que te odio, pero sería de hipócrita por mi parte no decirte que te agradezco cada segundo que me diste con ella, porque por muy pequeño que sea un milisegundo, fue a su lado».
«Querida muerte: Dile que aquí abajo seremos fuertes porque es lo que ella nos ha enseñado. Muerte, nos has dado donde más duele, directo al corazón, pero déjame decirte que nadie muere si nunca es olvidado y ten claro que mi corazón no la olvida».

El mensaje de Hilda no solo fue el de poner una sonrisa al cáncer. En la entrevista con PLANETA CANARIO también pidió más inversión en investigación contra esta enfermedad: «Claramente no se destina todo el dinero necesario. Hay necesidad de que se invierta más. Muchos médicos en laboratorios se ven con dificultades de fondos para continuar sus investigaciones. Algunos se ven obligados a tirar la toalla. Hay que crear conciencia en la sociedad, sobre todo en la juventud, para que exija a los políticos que destinen más dinero a este asunto».
Y explicaba qué puede hacer cada persona por ayudar a cambiar esta situación»: «Cada uno crear conciencia y luchar por que se destine más dinero, y colaborar con asociaciones como AMATE y con a AECC, que siempre están luchando por conseguir recaudar dinero para la investigación. La realidad es que el siglo XXI sigue muriendo gente de cáncer, lo tenemos además normalizado. Y teníamos que haber prevenido e investigado más, porque cada paso es una aportación, y con más recursos se hubiera podido avanzar más. Pero lo vemos como con resignación, y no es normal. Ni hay que normalizarlo ni resignarse, porque cada vez hay mas esperanza de vida pero también más casos de cáncer».
Ahora su sonrisa es ya eterna, no solo porque ella tenía fe en la inmortalidad del alma (a menudo citada a Dios en sus vídeos), sino porque el recuerdo de su sonrisa y su ejemplo de lucha contra el cáncer permanecerán para siempre en la memoria de incontables personas de muchos países, a quienes dio una lección de vida y hasta les enseñó el valor inmenso de lo cotidiano. Acaso ese, el de permanecer en la mente de tantas personas, será, para los no creyentes en la otra vida, la hermosa manera en que Hilda ha conseguido también la eternidad.






















































