Lo que no son cuentas son cuentos”. Así definía un directivo de la banca, el trato humano a los clientes, en una conferencia en Cajacanarias. El salón estaba lleno, supongo de empleados que no rechistaron a la hora de las preguntas. Yo fui, creo, el único que hizo preguntas que me ganaron miradas asesinas por parte de la mesa presidencial. A mi lado, un chico joven; le comenté cómo se notaba que yo no trabajaba en la banca. Mi compañero explotó en una carcajada que fue común.
La única pregunta que hice al conferenciante fue que si no pensaba que la mala imagen de la banca se debía al trato deshumanizado a sus clientes. ¡Claro que sí, estalló entusiasmado!
Lo que no son cuentas son cuentos. Con estas siete palabras se podría resumir la falta de servicio, humanidad, consideración y sensibilidad de los bancos con sus clientes. Y la infantería bancaria: administrativos, comerciales, cajeros, etc. podría cumplir con se deber tratando a cada cliente con amabilidad y servicialidad.
Antes los bancos y la banca eran una familia. Los dueños eran empresarios y accionistas españoles. En su mayoría ahora son fondos de inversión, entre otros, de todo el mundo, donde la máxima es ¡lo que no son cuentas son cuentos!
La falta de inteligencia emocional de muchos líderes empresariales ha implicado la quiebra de muchas empresas e incluso la cárcel. Ahí tenemos el ejemplo de los productos hipotecarios de hace diez años, más o menos.
¿Cuál fue el fallo? La deshumanización, el egoísmo y la falta de consideración por el sufrimiento que se provocaba a los demás, en este caso en grado superlativo, dejando a miles de familias arruinadas, sin casa y provocando en muchos casos el suicidio. En resumen, la falta de integridad, la rectitud en la forma de actuar.
Warren Bennis, que prologa el libro Inteligencia Emocional en el Trabajo, de Daniel Goleman, describió un encargo profesional para examinar la aptitud de un subdirector general de una multinacional para subirlo de categoría. Las cualidades de ambición, energía e inteligencia eran máximas, pero en cuanto a la inteligencia emocional le faltaba una, la integridad. El consejo de administración no le hizo caso y subió de nivel al ejecutivo. A los seis meses fue despedido fulminantemente con un costo para la empresa de 5 millones de dólares.
Los desahucios salvajes bancarios tratan a las personas como cosas. La banca despide a los empleados para sustituirlos por máquinas. Un banco va a cerrar sus oficinas a las 11 de la mañana y le atenderán en los cajeros automáticos. Por teléfono le responde una máquina, por cierto, fría y descortés. En fin…
Los bancos no pueden aislarse de la sociedad y de su bienestar social, porque ese bienestar les repercute. Antes eran apreciados y respetados por el valor y la utilidad que generaban. Ahora son un poco más que cajas fuertes. Daban beneficios y los compartían en forma de intereses por nuestro dinero. Ahora tienen beneficios, pero no los comparten.
Antes cobrar de interés más del 3% era usura; ahora por un euro en números rojos te cobran más de 30 euros. Y todo esto con el Gobierno, que es el que debe poner cotos a estos abusos, mirando para otro lado.
La moral, el sentimiento, la empatía ya se trata como instrumentos científicos entre los psicólogos, esto es, la inteligencia emocional. Para muchos grupos esto no interesa porque les pone cortapisas a sus ambiciones egoístas. Causar sufrimientos impunemente es su objetivo.Y las críticas, cosas de sentimentalistas. Ahora es la lucha del materialismo intelectual egoísta contra la inteligencia moral solidaria contra el sufrimiento.






















































