VICENTE PÉREZ
Juan y David son dos menores juzgados, y condenados, por intento de homicidio en el que pudo haber muerto una mendiga quemada. Deberán pasar 4 años en un centro de internamiento cerrado y otros tres en libertad vigilada. El juicio se celebró este jueves en La Laguna. Todo podría ser real si no fuera porque se trató de una representación teatral como actividad axtraescolar del Instituto de Enseñanza Secundaria (IES) Viera y Clavijo, dentro del programa Educar en Justicia, promovido por el Consejo General del Poder Judicial en colaboración con el Gobierno de Canarias.
Aunque el juez sí que fue real: Arcadio Díaz Tejera, magistrado de la Audiencia Provincial de Santa Cruz de Tenerife, ex Diputado del Común y ex senador, que se prestó a colaborar en esta obra teatral y acabó ovacionado por los jóvenes -cientos-, con quienes conectó enseguida con sus didáctica charla posterior sobre la Justicia, los derechos y los deberes y otros asuntos introductorios a esta materia.
El acto tuvo lugar este jueves con la asistencia de la consejera de Educación del Gobierno regional, Soledad Monzón; la directora de la Agencia Canaria de Calidad Universitaria y Evaluación Educativa, Teresa Acosta Tejera, y el director del instituto, Félix Martín, junto al resto del profesorado y los cientos de discentes del instituto.

Estudiantes del propio centro fueron los actores que pusieron en escena un caso de juicio real, el que se condenó a dos jóvenes por intento de homicidio y robo, al declararse probado que asaltaron a un mendigo e intentaron quemarlo vivo. El guión para este simulacro de juicio lo escribió Antonio de la Gándara, jefe de prensa del Tribunal Superior de Justicia de Canarias (TSJC).

La vista oral fue seguida con gran interés por cientos de alumnos de Secundaria, entusiasmados por la actuación de sus compañeros. Actuó de fiscal Orestes Ramos Álvarez y de abogada de la defensa Ana Belén García Figueroa. El papel de acusados, y finalmente condenados, lo interpretaron Iru Haddad Marrero (Juan, en la obra) y Enrique Rivero Peral (David). El personaje de la víctima, doña Josefa, lo encarnó Fiselle María PIcón Farrais. En la piel de médica forense se puso Claudia de la Paz Hernández, y en el directora de un centro de menores, Noelia Alejandra Jorge Sálamo, que testificaron. También declararon como testigos la agente 2456, interpretada por Yelitza García Robles. Y de auxiliar de Justicia hizo Gabriel Acosta Jiménez. Y en el papel estelar: Arcadio Díaz Tejera, interpretándose casi a si mismo, porque ese es su papel cotidiano: el de juez.
El juez interrogado
Después de esta ficción muy realista, Díaz Tejera ofreció durante una hora una charla en la que explicó a los alumnos algunos conceptos básicos sobre libertades y derechos, la función imparcial -que no neutral- de los jueces en la impartición de Justicia, y algunas nociones básicas sobre los procedimientos judiciales.
Sus animadas, sin dejar de ser doctas, explicaciones aderezadas con buen humor, fueron cautivando al adolescente auditorio, cuyas juiciosas preguntas suponían un reto tras otro para el magistrado, quien en varias ocasiones indicó que había asuntos en los que no podía opinar por su condición de juez: ni para criticar a otros togados, ni para atacar o defender a partidos políticos.
Y es que alumnos y alumnas le preguntaron cuestiones tan peliagudas como si se debe ilegalizar al PP por sus casos de corrupción, si es ético que existan secretos de Estado vetados al conocimiento de la sociedad o su opinón sobre la polémica sentencia contra ‘la manada’ (de la que se limitó a decir que discrepa).

También una alumna le pidió su criterio sobre un asunto muy de actualidad y no menos complicado: la decisión de un juez de instrucción de remitir a un tribunal de violencia de género de Madrid el caso de María José Carrasco, la mujer cuyo marido la ayudó a morir en un práctica de eutanasia, no reconodida por el Código Penal, y ahora será juzgado por ello. Una decisión que también cuestiona Díaz Tejera, que entiende que el Juzgado podía haber instruido esta causa, en la que dijo que el Código Penal ya está por detrás de la voluntad de la sociedad y acabará reformándose.
Otra estudiante le preguntó si es partidario del ojo por ojo y el diente por diente como método de solventar los conflictos entre partes, y respondió que eso servía para un estadio anterior de la civilización, y que ahora la Justicia la imparten los jueces, aunque esgrimió una reflexión: «España es un país garantista en derechos civiles, pero no en los económicos y sociales, de modo que a ver si la generación de ustedes lo logra en el futuro».
Al final el juez acabó agradeciendo a los alumnos la atención que le dispensaron, y estos casi no querían que diera por terminado aquel diálogo tan fructífero, por lo que el director del centro, y el propio Díaz Tejera, se comprometieron a repertir la experiencia en los próximos meses. «Esto que he vivido yo hoy aquí es excepcional, gracias», sentenció el magistrado, despedido con una sonora ovación que, por lo que PLANETA CANARIO pudo observar, hizo justicia.





















































