Quieren hacer un hotel en La Tejita. Cada vez que paso por un terreno costero sin edificar hago la señal de la cruz a ver si por intervención divina se salva del entullo de bloques y cemento al que es tan aficionado la clase política en Canarias. En La Tejita, el ayuntamiento de Granadilla concedió una licencia para construir un monstruo hotelero de 883 camas, y Costas ahora ve problemas en el deslinde. La Tejita Beach Club Resort es el nombre que le han puesto a este controvertido hotel, que como suele ocurrir, primero se empuja su construcción y después se van salvando los escollos. Ver palas en La Tejita es algo que pocos imaginaron que alguna vez contemplarían. Dan ganas de llorar. Las asociaciones ecologistas y muchos tinerfeños andamos muy cabreados con este tema, y no es para menos.
Nuestra cara es de asombro, no debe confundirse con la de ignorancia, los tinerfeños conocemos cómo funcionan las cosas en esta santa tierra y ya somos capaces de creernos casi cualquier cosa. Seguimos alucinados al ver que los estamentos del Gobierno no están coordinados para conceder licencias, algo que jamás he entendido, te pueden autorizar en el ayuntamiento una obra que después puede que Costas o el Tribunal Supremo haga retroceder. Es como un cuerpo en el que la mano derecha no sabe lo que hace la mano izquierda, así no se puede funcionar. En este punto debo decir que Canarias es un doble paraíso. Lo es literalmente por su espléndida naturaleza, y subjetivamente por ser el lugar ideal para practicar la jugada trilera de los hechos consumados. Aquí tiramos hacia adelante contra viento y marea para edificar lo que queramos, después ya vemos si podemos ir sorteando a todo Dios que se nos opone. El ayuntamiento de Granadilla concedió esta licencia urbanística en un terreno urbano. Consideran esas parcelas que se sitúan en un lugar extraordinariamente privilegiado a la par que delicado, frente a una de nuestras mejores playas, como urbanizables. Me cuesta una barbaridad entender, usando un mecanismo mental normal, qué puede llevar a pensar que en ese lugar es sostenible, viable y cojonudo largar un pedazo de hotel con tres bancadas y cerca de 1.000 personas que someterán a la playa y a sus alrededores a una presión medioambiental brutal. Sólo hay dos opciones, o eres un ignorante del quince o te lo haces, como reza la cita atribuída a Freud: «Existen dos maneras de ser feliz en esta vida, una es hacerse el idiota y la otra serlo».
El problema, al final, vamos a ser nosotros, los que vivimos aquí. No hacemos más que quejarnos y reclamar que dejen la costa tranquila, que somos muchos en la isla. Concretamente somos 993.000 censados en toda la provincia, Tenerife recibió el año pasado 5.801.954 turistas. Esto no cuadra ni con las cuentas de la abuela. Los tinerfeños somos una minoría molesta que no hace otra cosa que poner obstáculos a una isla que pretende, gracias a la gestión de nuestros políticos, en convertirse en Tenerife Beach Club Resort. Tenerife a secas, ya se quedó corto. Somos un enorme complejo hotelero salpicado de pueblos y pequeñas ciudades de simpáticos nativos. Aunque la tradicional amabilidad isleña está siendo puesta a prueba una vez más, todo es cuestión de ver cuanto aguantamos con tantos bloques en la cabeza sin hundirnos en el Atlántico.
Quieren hacer un hotel en La Tejita. Cada vez que paso por un terreno costero sin edificar hago la señal de la cruz a ver si por intervención divina se salva del entullo de bloques y cemento al que es tan aficionado la clase política en Canarias. En La Tejita, el ayuntamiento de Granadilla concedió una licencia para construir un monstruo hotelero de 883 camas, y Costas ahora ve problemas en el deslinde. La Tejita Beach Club Resort es el nombre que le han puesto a este controvertido hotel, que como suele ocurrir, primero se empuja su construcción y después se van salvando los escollos. Ver palas en La Tejita es algo que pocos imaginaron que alguna vez contemplarían. Dan ganas de llorar. Las asociaciones ecologistas y muchos tinerfeños andamos muy cabreados con este tema, y no es para menos.
Nuestra cara es de asombro, no debe confundirse con la de ignorancia, los tinerfeños conocemos cómo funcionan las cosas en esta santa tierra y ya somos capaces de creernos casi cualquier cosa. Seguimos alucinados al ver que los estamentos del Gobierno no están coordinados para conceder licencias, algo que jamás he entendido, te pueden autorizar en el ayuntamiento una obra que después puede que Costas o el Tribunal Supremo haga retroceder. Es como un cuerpo en el que la mano derecha no sabe lo que hace la mano izquierda, así no se puede funcionar. En este punto debo decir que Canarias es un doble paraíso. Lo es literalmente por su espléndida naturaleza, y subjetivamente por ser el lugar ideal para practicar la jugada trilera de los hechos consumados. Aquí tiramos hacia adelante contra viento y marea para edificar lo que queramos, después ya vemos si podemos ir sorteando a todo Dios que se nos opone. El ayuntamiento de Granadilla concedió esta licencia urbanística en un terreno urbano. Consideran esas parcelas que se sitúan en un lugar extraordinariamente privilegiado a la par que delicado, frente a una de nuestras mejores playas, como urbanizables. Me cuesta una barbaridad entender, usando un mecanismo mental normal, qué puede llevar a pensar que en ese lugar es sostenible, viable y cojonudo largar un pedazo de hotel con tres bancadas y cerca de 1.000 personas que someterán a la playa y a sus alrededores a una presión medioambiental brutal. Sólo hay dos opciones, o eres un ignorante del quince o te lo haces, como reza la cita atribuída a Freud: «Existen dos maneras de ser feliz en esta vida, una es hacerse el idiota y la otra serlo».
El problema, al final, vamos a ser nosotros, los que vivimos aquí. No hacemos más que quejarnos y reclamar que dejen la costa tranquila, que somos muchos en la isla. Concretamente somos 993.000 censados en toda la provincia, Tenerife recibió el año pasado 5.801.954 turistas. Esto no cuadra ni con las cuentas de la abuela. Los tinerfeños somos una minoría molesta que no hace otra cosa que poner obstáculos a una isla que pretende, gracias a la gestión de nuestros políticos, en convertirse en Tenerife Beach Club Resort. Tenerife a secas, ya se quedó corto. Somos un enorme complejo hotelero salpicado de pueblos y pequeñas ciudades de simpáticos nativos. Aunque la tradicional amabilidad isleña está siendo puesta a prueba una vez más, todo es cuestión de ver cuanto aguantamos con tantos bloques en la cabeza sin hundirnos en el Atlántico.
Quieren hacer un hotel en La Tejita. Cada vez que paso por un terreno costero sin edificar hago la señal de la cruz a ver si por intervención divina se salva del entullo de bloques y cemento al que es tan aficionado la clase política en Canarias. En La Tejita, el ayuntamiento de Granadilla concedió una licencia para construir un monstruo hotelero de 883 camas, y Costas ahora ve problemas en el deslinde. La Tejita Beach Club Resort es el nombre que le han puesto a este controvertido hotel, que como suele ocurrir, primero se empuja su construcción y después se van salvando los escollos. Ver palas en La Tejita es algo que pocos imaginaron que alguna vez contemplarían. Dan ganas de llorar. Las asociaciones ecologistas y muchos tinerfeños andamos muy cabreados con este tema, y no es para menos.
Nuestra cara es de asombro, no debe confundirse con la de ignorancia, los tinerfeños conocemos cómo funcionan las cosas en esta santa tierra y ya somos capaces de creernos casi cualquier cosa. Seguimos alucinados al ver que los estamentos del Gobierno no están coordinados para conceder licencias, algo que jamás he entendido, te pueden autorizar en el ayuntamiento una obra que después puede que Costas o el Tribunal Supremo haga retroceder. Es como un cuerpo en el que la mano derecha no sabe lo que hace la mano izquierda, así no se puede funcionar. En este punto debo decir que Canarias es un doble paraíso. Lo es literalmente por su espléndida naturaleza, y subjetivamente por ser el lugar ideal para practicar la jugada trilera de los hechos consumados. Aquí tiramos hacia adelante contra viento y marea para edificar lo que queramos, después ya vemos si podemos ir sorteando a todo Dios que se nos opone. El ayuntamiento de Granadilla concedió esta licencia urbanística en un terreno urbano. Consideran esas parcelas que se sitúan en un lugar extraordinariamente privilegiado a la par que delicado, frente a una de nuestras mejores playas, como urbanizables. Me cuesta una barbaridad entender, usando un mecanismo mental normal, qué puede llevar a pensar que en ese lugar es sostenible, viable y cojonudo largar un pedazo de hotel con tres bancadas y cerca de 1.000 personas que someterán a la playa y a sus alrededores a una presión medioambiental brutal. Sólo hay dos opciones, o eres un ignorante del quince o te lo haces, como reza la cita atribuída a Freud: «Existen dos maneras de ser feliz en esta vida, una es hacerse el idiota y la otra serlo».
El problema, al final, vamos a ser nosotros, los que vivimos aquí. No hacemos más que quejarnos y reclamar que dejen la costa tranquila, que somos muchos en la isla. Concretamente somos 993.000 censados en toda la provincia, Tenerife recibió el año pasado 5.801.954 turistas. Esto no cuadra ni con las cuentas de la abuela. Los tinerfeños somos una minoría molesta que no hace otra cosa que poner obstáculos a una isla que pretende, gracias a la gestión de nuestros políticos, en convertirse en Tenerife Beach Club Resort. Tenerife a secas, ya se quedó corto. Somos un enorme complejo hotelero salpicado de pueblos y pequeñas ciudades de simpáticos nativos. Aunque la tradicional amabilidad isleña está siendo puesta a prueba una vez más, todo es cuestión de ver cuanto aguantamos con tantos bloques en la cabeza sin hundirnos en el Atlántico.
Quieren hacer un hotel en La Tejita. Cada vez que paso por un terreno costero sin edificar hago la señal de la cruz a ver si por intervención divina se salva del entullo de bloques y cemento al que es tan aficionado la clase política en Canarias. En La Tejita, el ayuntamiento de Granadilla concedió una licencia para construir un monstruo hotelero de 883 camas, y Costas ahora ve problemas en el deslinde. La Tejita Beach Club Resort es el nombre que le han puesto a este controvertido hotel, que como suele ocurrir, primero se empuja su construcción y después se van salvando los escollos. Ver palas en La Tejita es algo que pocos imaginaron que alguna vez contemplarían. Dan ganas de llorar. Las asociaciones ecologistas y muchos tinerfeños andamos muy cabreados con este tema, y no es para menos.
Nuestra cara es de asombro, no debe confundirse con la de ignorancia, los tinerfeños conocemos cómo funcionan las cosas en esta santa tierra y ya somos capaces de creernos casi cualquier cosa. Seguimos alucinados al ver que los estamentos del Gobierno no están coordinados para conceder licencias, algo que jamás he entendido, te pueden autorizar en el ayuntamiento una obra que después puede que Costas o el Tribunal Supremo haga retroceder. Es como un cuerpo en el que la mano derecha no sabe lo que hace la mano izquierda, así no se puede funcionar. En este punto debo decir que Canarias es un doble paraíso. Lo es literalmente por su espléndida naturaleza, y subjetivamente por ser el lugar ideal para practicar la jugada trilera de los hechos consumados. Aquí tiramos hacia adelante contra viento y marea para edificar lo que queramos, después ya vemos si podemos ir sorteando a todo Dios que se nos opone. El ayuntamiento de Granadilla concedió esta licencia urbanística en un terreno urbano. Consideran esas parcelas que se sitúan en un lugar extraordinariamente privilegiado a la par que delicado, frente a una de nuestras mejores playas, como urbanizables. Me cuesta una barbaridad entender, usando un mecanismo mental normal, qué puede llevar a pensar que en ese lugar es sostenible, viable y cojonudo largar un pedazo de hotel con tres bancadas y cerca de 1.000 personas que someterán a la playa y a sus alrededores a una presión medioambiental brutal. Sólo hay dos opciones, o eres un ignorante del quince o te lo haces, como reza la cita atribuída a Freud: «Existen dos maneras de ser feliz en esta vida, una es hacerse el idiota y la otra serlo».
El problema, al final, vamos a ser nosotros, los que vivimos aquí. No hacemos más que quejarnos y reclamar que dejen la costa tranquila, que somos muchos en la isla. Concretamente somos 993.000 censados en toda la provincia, Tenerife recibió el año pasado 5.801.954 turistas. Esto no cuadra ni con las cuentas de la abuela. Los tinerfeños somos una minoría molesta que no hace otra cosa que poner obstáculos a una isla que pretende, gracias a la gestión de nuestros políticos, en convertirse en Tenerife Beach Club Resort. Tenerife a secas, ya se quedó corto. Somos un enorme complejo hotelero salpicado de pueblos y pequeñas ciudades de simpáticos nativos. Aunque la tradicional amabilidad isleña está siendo puesta a prueba una vez más, todo es cuestión de ver cuanto aguantamos con tantos bloques en la cabeza sin hundirnos en el Atlántico.




















































