Amancio Ortega se convirtió hace unos días en el centro de un huracán mediático en España por su donación de 320 millones de euros para equipamiento oncológico. Dos legiones, una de agradecidos y otra de detractores incendiaban las redes sociales, los primeros encantados con esta generosa donación, los segundos acusando al dueño de Inditex de haber dejado de pagar 600 millones de euros mediante ingeniería financiera en los últimos años, y que se deje de historias, que lo que debe hacer es pagar sus impuestos, y punto, que ya está el Estado para distribuir la riqueza.
Y en este punto, es donde veo que Amancio Ortega se ha convertido en un moderno Robin Hood. En un pais como el nuestro, con unos índices de corrupción bastante elevados, evitar darle dinero al Estado casi parece lógico. Dicen las estadísticas, en parte subjetivas por definición ya que nunca puedes demostrar las cifras, que en España los corruptos roban unos 3.000 millones de euros al año. Una cifra escandalosa. Amancio donó el 10% de esa cifra.
Una de las muestras democráticas más puras es el referéndum. Cuando te preguntan, como suelen hacer, por ejemplo, en Suiza muy a menudo, cómo gastar la pasta estatal, hacen consultas populares hasta para comprar material militar. En España, el Ministerio de Defensa gasta 54,6 millones de euros al día para mantener su actividad. Una cifra que no se le ha explicado jamás a nadie, Amancio donó para la lucha contra el cáncer lo que cuesta mantener al ejército durante seis días, y en tiempos de paz. No es demagogia, ni tengo un especial interés en comparar ambas cosas, tal vez el gasto militar sea justo y adecuado, sólo digo que nadie sabe con exactitud el detalle de esa factura. Y el Estado incurre una y otra vez en el vicio de gastar sin consultar. Nuestra monarquía también cuesta y no se puede negociar el precio. Te dicen lo que gastan pero no te preguntan si lo ves suficiente, insuficiente o exagerado. En 2019, nuestros gestores deben empezar a entender que esta sociedad no está tan llena de paletos como antaño, los españoles sabemos sumar y restar desde hace mucho tiempo.
Amancio es un hombre curtido en mil batallas, sabe que si suelta 600 millones de euros a Hacienda, les va a perder la pista en el minuto 1, y además eso no desgrava. Puede que lleguen a Sanidad, a Educación, a Defensa o al bolsillo de algún corrupto. Para estar seguro, Robin Hood paga impuestos de manera directa, no se lo da a papá Estado porque no confía en él, y se lo da directamente a los hospitales. Este es el mensaje de Amancio Ortega con esta donación, «No confío en vosotros». Y seguramente tiene razón, ese equipamiento médico de última generación no habría llegado con tal celeridad, o tal vez nunca, sin la donación de Sir Robin Amancio de los Bosques Gallegos.
Desde su creación en 2001, las aportaciones altruistas de la Fundación Amancio Ortega superan los 560 millones de euros. Fue hace ya dos años cuando esta fundación anunció la donación de la discusión: 320 millones de euros para comprar más de 290 equipos oncológicos de última generación. Esta cuantía se repartió por todas las Comunidades Autónomas de nuestro país (Canarias incluida), cuyas correspondientes consejerías de Sanidad se encargaron de pagar los aparatos que solicitaban los hospitales públicos. La manera más efectiva de que no se pierda dinero por el camino.
Este mundo de locos dista mucho de ser perfecto. Lo lógico es que Inditex pagara sus impuestos sin artimañas financieras, con confianza en la ley, y no usara la donación para sacarle los colores al Estado. Este gesto de Ortega parece el de un rico que hace fortuna en la ciudad y vuelve años después al pueblo a repartir caridad a modo de celebración, todo con un tufillo tercermundista. ¿Cómo es posible que con la de impuestos que pagamos no tuviésemos ya ese equipamiento en los hospitales? ¿Cómo es posible que tenga que llegar un empresario a modernizar la oncología de este país?
Es la historia del mal menor en una sociedad polarizada. Si todos pagaran impuestos y nadie robara, viviríamos en la abundancia, y si todas las empresas del IBEX-35 hicieran lo mismo que Inditex, España sería el país más desarrollado del planeta… Pensemos en ello, porque Amancio ya lo hizo.
Amancio Ortega se convirtió hace unos días en el centro de un huracán mediático en España por su donación de 320 millones de euros para equipamiento oncológico. Dos legiones, una de agradecidos y otra de detractores incendiaban las redes sociales, los primeros encantados con esta generosa donación, los segundos acusando al dueño de Inditex de haber dejado de pagar 600 millones de euros mediante ingeniería financiera en los últimos años, y que se deje de historias, que lo que debe hacer es pagar sus impuestos, y punto, que ya está el Estado para distribuir la riqueza.
Y en este punto, es donde veo que Amancio Ortega se ha convertido en un moderno Robin Hood. En un pais como el nuestro, con unos índices de corrupción bastante elevados, evitar darle dinero al Estado casi parece lógico. Dicen las estadísticas, en parte subjetivas por definición ya que nunca puedes demostrar las cifras, que en España los corruptos roban unos 3.000 millones de euros al año. Una cifra escandalosa. Amancio donó el 10% de esa cifra.
Una de las muestras democráticas más puras es el referéndum. Cuando te preguntan, como suelen hacer, por ejemplo, en Suiza muy a menudo, cómo gastar la pasta estatal, hacen consultas populares hasta para comprar material militar. En España, el Ministerio de Defensa gasta 54,6 millones de euros al día para mantener su actividad. Una cifra que no se le ha explicado jamás a nadie, Amancio donó para la lucha contra el cáncer lo que cuesta mantener al ejército durante seis días, y en tiempos de paz. No es demagogia, ni tengo un especial interés en comparar ambas cosas, tal vez el gasto militar sea justo y adecuado, sólo digo que nadie sabe con exactitud el detalle de esa factura. Y el Estado incurre una y otra vez en el vicio de gastar sin consultar. Nuestra monarquía también cuesta y no se puede negociar el precio. Te dicen lo que gastan pero no te preguntan si lo ves suficiente, insuficiente o exagerado. En 2019, nuestros gestores deben empezar a entender que esta sociedad no está tan llena de paletos como antaño, los españoles sabemos sumar y restar desde hace mucho tiempo.
Amancio es un hombre curtido en mil batallas, sabe que si suelta 600 millones de euros a Hacienda, les va a perder la pista en el minuto 1, y además eso no desgrava. Puede que lleguen a Sanidad, a Educación, a Defensa o al bolsillo de algún corrupto. Para estar seguro, Robin Hood paga impuestos de manera directa, no se lo da a papá Estado porque no confía en él, y se lo da directamente a los hospitales. Este es el mensaje de Amancio Ortega con esta donación, «No confío en vosotros». Y seguramente tiene razón, ese equipamiento médico de última generación no habría llegado con tal celeridad, o tal vez nunca, sin la donación de Sir Robin Amancio de los Bosques Gallegos.
Desde su creación en 2001, las aportaciones altruistas de la Fundación Amancio Ortega superan los 560 millones de euros. Fue hace ya dos años cuando esta fundación anunció la donación de la discusión: 320 millones de euros para comprar más de 290 equipos oncológicos de última generación. Esta cuantía se repartió por todas las Comunidades Autónomas de nuestro país (Canarias incluida), cuyas correspondientes consejerías de Sanidad se encargaron de pagar los aparatos que solicitaban los hospitales públicos. La manera más efectiva de que no se pierda dinero por el camino.
Este mundo de locos dista mucho de ser perfecto. Lo lógico es que Inditex pagara sus impuestos sin artimañas financieras, con confianza en la ley, y no usara la donación para sacarle los colores al Estado. Este gesto de Ortega parece el de un rico que hace fortuna en la ciudad y vuelve años después al pueblo a repartir caridad a modo de celebración, todo con un tufillo tercermundista. ¿Cómo es posible que con la de impuestos que pagamos no tuviésemos ya ese equipamiento en los hospitales? ¿Cómo es posible que tenga que llegar un empresario a modernizar la oncología de este país?
Es la historia del mal menor en una sociedad polarizada. Si todos pagaran impuestos y nadie robara, viviríamos en la abundancia, y si todas las empresas del IBEX-35 hicieran lo mismo que Inditex, España sería el país más desarrollado del planeta… Pensemos en ello, porque Amancio ya lo hizo.
Amancio Ortega se convirtió hace unos días en el centro de un huracán mediático en España por su donación de 320 millones de euros para equipamiento oncológico. Dos legiones, una de agradecidos y otra de detractores incendiaban las redes sociales, los primeros encantados con esta generosa donación, los segundos acusando al dueño de Inditex de haber dejado de pagar 600 millones de euros mediante ingeniería financiera en los últimos años, y que se deje de historias, que lo que debe hacer es pagar sus impuestos, y punto, que ya está el Estado para distribuir la riqueza.
Y en este punto, es donde veo que Amancio Ortega se ha convertido en un moderno Robin Hood. En un pais como el nuestro, con unos índices de corrupción bastante elevados, evitar darle dinero al Estado casi parece lógico. Dicen las estadísticas, en parte subjetivas por definición ya que nunca puedes demostrar las cifras, que en España los corruptos roban unos 3.000 millones de euros al año. Una cifra escandalosa. Amancio donó el 10% de esa cifra.
Una de las muestras democráticas más puras es el referéndum. Cuando te preguntan, como suelen hacer, por ejemplo, en Suiza muy a menudo, cómo gastar la pasta estatal, hacen consultas populares hasta para comprar material militar. En España, el Ministerio de Defensa gasta 54,6 millones de euros al día para mantener su actividad. Una cifra que no se le ha explicado jamás a nadie, Amancio donó para la lucha contra el cáncer lo que cuesta mantener al ejército durante seis días, y en tiempos de paz. No es demagogia, ni tengo un especial interés en comparar ambas cosas, tal vez el gasto militar sea justo y adecuado, sólo digo que nadie sabe con exactitud el detalle de esa factura. Y el Estado incurre una y otra vez en el vicio de gastar sin consultar. Nuestra monarquía también cuesta y no se puede negociar el precio. Te dicen lo que gastan pero no te preguntan si lo ves suficiente, insuficiente o exagerado. En 2019, nuestros gestores deben empezar a entender que esta sociedad no está tan llena de paletos como antaño, los españoles sabemos sumar y restar desde hace mucho tiempo.
Amancio es un hombre curtido en mil batallas, sabe que si suelta 600 millones de euros a Hacienda, les va a perder la pista en el minuto 1, y además eso no desgrava. Puede que lleguen a Sanidad, a Educación, a Defensa o al bolsillo de algún corrupto. Para estar seguro, Robin Hood paga impuestos de manera directa, no se lo da a papá Estado porque no confía en él, y se lo da directamente a los hospitales. Este es el mensaje de Amancio Ortega con esta donación, «No confío en vosotros». Y seguramente tiene razón, ese equipamiento médico de última generación no habría llegado con tal celeridad, o tal vez nunca, sin la donación de Sir Robin Amancio de los Bosques Gallegos.
Desde su creación en 2001, las aportaciones altruistas de la Fundación Amancio Ortega superan los 560 millones de euros. Fue hace ya dos años cuando esta fundación anunció la donación de la discusión: 320 millones de euros para comprar más de 290 equipos oncológicos de última generación. Esta cuantía se repartió por todas las Comunidades Autónomas de nuestro país (Canarias incluida), cuyas correspondientes consejerías de Sanidad se encargaron de pagar los aparatos que solicitaban los hospitales públicos. La manera más efectiva de que no se pierda dinero por el camino.
Este mundo de locos dista mucho de ser perfecto. Lo lógico es que Inditex pagara sus impuestos sin artimañas financieras, con confianza en la ley, y no usara la donación para sacarle los colores al Estado. Este gesto de Ortega parece el de un rico que hace fortuna en la ciudad y vuelve años después al pueblo a repartir caridad a modo de celebración, todo con un tufillo tercermundista. ¿Cómo es posible que con la de impuestos que pagamos no tuviésemos ya ese equipamiento en los hospitales? ¿Cómo es posible que tenga que llegar un empresario a modernizar la oncología de este país?
Es la historia del mal menor en una sociedad polarizada. Si todos pagaran impuestos y nadie robara, viviríamos en la abundancia, y si todas las empresas del IBEX-35 hicieran lo mismo que Inditex, España sería el país más desarrollado del planeta… Pensemos en ello, porque Amancio ya lo hizo.
Amancio Ortega se convirtió hace unos días en el centro de un huracán mediático en España por su donación de 320 millones de euros para equipamiento oncológico. Dos legiones, una de agradecidos y otra de detractores incendiaban las redes sociales, los primeros encantados con esta generosa donación, los segundos acusando al dueño de Inditex de haber dejado de pagar 600 millones de euros mediante ingeniería financiera en los últimos años, y que se deje de historias, que lo que debe hacer es pagar sus impuestos, y punto, que ya está el Estado para distribuir la riqueza.
Y en este punto, es donde veo que Amancio Ortega se ha convertido en un moderno Robin Hood. En un pais como el nuestro, con unos índices de corrupción bastante elevados, evitar darle dinero al Estado casi parece lógico. Dicen las estadísticas, en parte subjetivas por definición ya que nunca puedes demostrar las cifras, que en España los corruptos roban unos 3.000 millones de euros al año. Una cifra escandalosa. Amancio donó el 10% de esa cifra.
Una de las muestras democráticas más puras es el referéndum. Cuando te preguntan, como suelen hacer, por ejemplo, en Suiza muy a menudo, cómo gastar la pasta estatal, hacen consultas populares hasta para comprar material militar. En España, el Ministerio de Defensa gasta 54,6 millones de euros al día para mantener su actividad. Una cifra que no se le ha explicado jamás a nadie, Amancio donó para la lucha contra el cáncer lo que cuesta mantener al ejército durante seis días, y en tiempos de paz. No es demagogia, ni tengo un especial interés en comparar ambas cosas, tal vez el gasto militar sea justo y adecuado, sólo digo que nadie sabe con exactitud el detalle de esa factura. Y el Estado incurre una y otra vez en el vicio de gastar sin consultar. Nuestra monarquía también cuesta y no se puede negociar el precio. Te dicen lo que gastan pero no te preguntan si lo ves suficiente, insuficiente o exagerado. En 2019, nuestros gestores deben empezar a entender que esta sociedad no está tan llena de paletos como antaño, los españoles sabemos sumar y restar desde hace mucho tiempo.
Amancio es un hombre curtido en mil batallas, sabe que si suelta 600 millones de euros a Hacienda, les va a perder la pista en el minuto 1, y además eso no desgrava. Puede que lleguen a Sanidad, a Educación, a Defensa o al bolsillo de algún corrupto. Para estar seguro, Robin Hood paga impuestos de manera directa, no se lo da a papá Estado porque no confía en él, y se lo da directamente a los hospitales. Este es el mensaje de Amancio Ortega con esta donación, «No confío en vosotros». Y seguramente tiene razón, ese equipamiento médico de última generación no habría llegado con tal celeridad, o tal vez nunca, sin la donación de Sir Robin Amancio de los Bosques Gallegos.
Desde su creación en 2001, las aportaciones altruistas de la Fundación Amancio Ortega superan los 560 millones de euros. Fue hace ya dos años cuando esta fundación anunció la donación de la discusión: 320 millones de euros para comprar más de 290 equipos oncológicos de última generación. Esta cuantía se repartió por todas las Comunidades Autónomas de nuestro país (Canarias incluida), cuyas correspondientes consejerías de Sanidad se encargaron de pagar los aparatos que solicitaban los hospitales públicos. La manera más efectiva de que no se pierda dinero por el camino.
Este mundo de locos dista mucho de ser perfecto. Lo lógico es que Inditex pagara sus impuestos sin artimañas financieras, con confianza en la ley, y no usara la donación para sacarle los colores al Estado. Este gesto de Ortega parece el de un rico que hace fortuna en la ciudad y vuelve años después al pueblo a repartir caridad a modo de celebración, todo con un tufillo tercermundista. ¿Cómo es posible que con la de impuestos que pagamos no tuviésemos ya ese equipamiento en los hospitales? ¿Cómo es posible que tenga que llegar un empresario a modernizar la oncología de este país?
Es la historia del mal menor en una sociedad polarizada. Si todos pagaran impuestos y nadie robara, viviríamos en la abundancia, y si todas las empresas del IBEX-35 hicieran lo mismo que Inditex, España sería el país más desarrollado del planeta… Pensemos en ello, porque Amancio ya lo hizo.




















































