PLANETA CANARIO
La carretera entre La Laguna y Las Norias, construida en tiempo récord sobre las coladas del volcán de Tajogaite, ya está operativa en doble sentido. Aún de tierra, y con señales de advertencia de gases y suelo con altas temperaturas.
Permite conectar el norte y el sur del Valle de Aridane, que quedaron desconectados por las sucesivas coladas de lava de la erupción que duró del 19 de septiembre al 13 de diciembre de 2021.
El paisaje es sobrecogedor. Tan llamativo para la vista, al ser un fenómeno geológico impresionante, como catastrófico porque bajo esos 12 kilómetros de lava hay más de 1.300 casas y, en total, 3.000 construcciones, si se incluyen las construcciones de uso agrario y las empresas, y hasta la simbólica iglesia de Todoque.
Miles de personas perdieron sus propiedades y, con ellas, el esfuerzo que, en muchos casos, era fruto de varias generaciones.
En algunos tramos del recorrido pueden verse casas reducidos a un amasijo de escombros, y también algunas que milagrosamente se salvaron de los ríos de roca fundida.
La altura de algunas coladas impresiona -decenas de metros- así como las grandes dimensiones del nuevo malpaís (12 kilómetros cuadrados).

Hay formaciones geológicas muy llamativas, como el paisaje que ha dejado una colada de lava muy fluida en las inmediaciones de la montaña de Todoque.

El Cabildo la abrió al tráfico en doble sentido el 1 de agosto, sin pases y para todo tipo de vehículo, entre las 6:30 y las 22 horas.
El acceso a los peatones está prohibido así como detenerse a lo largo del recorrido. Se establece como límite de velocidad 40 km/h y hay vigilancia permanente en la carretera. Persisten riesgos como los gases y las altas temperaturas.

Se trata de una carretera que está en obras, por lo que que los conductores deben respetar la señalización y las indicaciones del personal de las obras.
La apertura de la vía durante 24 horas es, según el Cabildo, inviable por motivos de seguridad, y se está trabajando para instalar cuanto antes la iluminación y el vallado, para que pueda estar operativa la totalidad del día.

Son unos 3 kilómetros de vía a través de un paisaje que es el resultado de la peor catástrofe de Europa en el último siglo. Un paraje nuevo aún por planificar en sus usos, una decisión que dependerá del tiempo de enfriamiento de las coladas -en gran parte más de 10 años-, de la existencia de cuevas y jameos y de la propia voluntad de la sociedad para conservar lo que se estime de valor.

Los afectados saben que este abrupto y agreste manto negro es también su propiedad, y muchos quieren volver a habitar las coladas, como hicieron en su día sus antepasados con las de erupciones anteriores. Esta es una de las tierras más nueva del planeta, donde todo aún está por decidir.






















































