AURELIO MARTÍN,
Profesor jubilado de Biología Animal de la Universidad de La Laguna
La paloma rabiche (Columba junoniae) es una de las siete especies endémicas de las islas Canarias, o sea que su distribución mundial se restringe a nuestro archipiélago. Hasta hace unos años se sabía que habitaba en las islas de La Palma, La Gomera, Tenerife y en escaso número en El Hierro.
Probablemente su distribución en el pasado incluía Lanzarote y Fuerteventura. En esta última isla los comentarios en las crónicas francesas de la conquista (Le Canarien) relativos a una paloma con la cola armiñada de blanca distinta a las palomas de palomar se refieren a esta especie.
En Gran Canaria se han hallado restos óseos en el yacimiento arqueológico de La Aldea que apuntan a que esta paloma era consumida por la población humana prehispánica y que se extinguió con posterioridad. Probablemente su hábitat original fue el bosque termófilo (palmeras, sabinas, acebuches, barbusanos, etc.), el cual fue destruido en gran medida como asentamiento de núcleos urbanos.
En 2006, a petición del Cabildo de Gran Canaria, y en una reunión en la que también participaron biólogos del Gobierno de Canarias y de la Universidad de La Laguna se redactó un documento donde se establecían las bases para una posible reintroducción en Gran Canaria. El proyecto arrancó en 2007, y con éxitos y fracasos, se han liberado casi 400 palomas que han permitido que se asentara un núcleo reproductor en libertad en varios puntos del norte de la isla (Teror, Valleseco, Moya y Firgas). Más información en este libro: https://fundacionforesta.org/3d-flip-book/reintroduccion-de-la-paloma-rabiche-en-gran-canaria.

En septiembre de 2020 con la llegada de un nuevo veterinario, sin experiencia en la cría en cautividad de esta especie, contratado por la empresa pública GESPLAN, comenzaron los problemas más graves con resultado de molestias y muertes para las palomas rabiche. En lugar de continuar con el protocolo establecido por el veterinario anterior que funcionaba bien, se dedicó a innovar para peor. Los posaderos fijos de las jaulas, de sección cilíndrica como las ramas de los árboles, fueron sustituidos por una especie de columpios móviles con la base de sección cuadrada donde las palomas tenían que hacer verdaderos equilibrios para mantenerse en ellos.
Las jaulas para prevenir posibles agresiones entre la pareja (2X2X1 m), situadas en el interior de las mucho mayores jaulas de cría (8 X 4 X 3 m) fueron desmontadas. Un pollo fue separado de las tórtolas que lo criaban antes de que comiera por sí mismo con el resultado de muerte. Los pocos juveniles que contraían viruela fueron aislados en jaulas con malla de 1X1 cm en lugar de en jaulas protegidas por telas mosquiteras, poniendo en riesgo todo el núcleo reproductor ya que los mosquitos son los principales transmisores de este virus.
Ante tanto despropósito, el asesor científico del proyecto que dirigía la Universidad de La Laguna, y el técnico del Cabildo encargado del mismo se quejaron al director de medio ambiente de esa institución en innumerables ocasiones solicitando la sustitución del veterinario, y el que suscribe este artículo lo hizo a su consejera. De nada sirvieron las quejas.

El Cabildo hizo caso omiso de todas ellas y al final en abril de este año decidió optar por cerrar el centro procediendo a la liberación de los últimos y valiosos ejemplares reproductores. Y para colmo, le colocaron anillas de forma tan incompetente que les produjeron heridas graves en los tarsos y una fue encontrada muerta con anillas excesivamente apretadas.
Finalmente, resulta totalmente impresentable que los responsables en materia de medio ambiente del Cabildo de Gran Canaria no tomasen en su momento la decisión correcta sugerida previamente por los técnicos y las palomas hayan tenido que sufrir ese calvario. En fin, asistimos a un triste final para un proyecto que se clausura antes de tiempo sin conocer siquiera la diversidad genética que portan los ejemplares nacidos en libertad. El Gobierno de Canarias también estaba advertido de lo que sucedía, y a pesar de que podría haber intervenido en función de sus competencias, prefirió no hacerlo por causas que desconozco. Lástima que una especie legalmente catalogada como “vulnerable” no sea defendida por aquellos que tienen la responsabilidad y la obligación de hacerlo.





















































