PLANETA CANARIO
Moler basura. Es lo que ahora molería el histórico Molino de Barranco Grande, en Santa Cruz de Tenerife. Reconstruido en 2010 por el Ayuntamiento chicharrero, declarado monumento en 1982 por el Ministerio de Cultura y Bien de Interés Cultural (BIC) con categoría de Sitio Histórico en 2007 por el Gobierno canario, al final este digno vestigio de la cultura cerealística de antaño ha acabado lleno de los residuos de quienes a sus pies y a su interior se acercan sin ninguna intención de respetarlo.
No son pocas las veces en que se ha denunciado la falta de limpieza de este patrimonio industrial del pueblo canario. Ahora es el Foro Canario contra la Incineración, una veterana web de defensa del medioambiente y el patrimonio cultural, la que muestra las imágenes de este molino convertido en basurero.
Confiesa este foro que la sorpresa al visitar este lugar ha sido «bastante importante», de tan desagradable. Y reflexiona que tan lamentables imágenes se dan «por donde quieras que te muevas; da igual lo que puedan pensar los turistas, porque ciertamente lo importante es respetarnos a nosotros mismos», pero, con basura por todos lados y cuestionables obras públicas y privadas impactantes en el medio ambiente, tal respecto no parece existir en Tenerife.

«No es un gigante, ni un molino ya, sino un basurero, mi señor Don Quijote», podría haber dicho el fiel escudero Sancho Panza si, con su hidalgo de La Mancha, hubieran recorrido el barrio de Barranco Grande, a lomos, el uno de su burro, el otro del caballo Rocinante.
En 2010 el Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife, que acertadamente lo adquirió, reconstruyó la maquinaria de molino de gofio de Barranco Grande, consolidó sus ruinas y construyó una plaza a su alrededor.

Al declararlo BIC, el Gobierno canario explicó que «se trataba del típico molino de viento con forma troncocónica rematado por una cubierta irregular cónica separada del resto por un mecanismo de giro a base de collares de madera. A través de dicho remate, sobresalía por un lado el eje principal que sostiene las aspas y por su extremo opuesto, un palo denominando timón».
El interior del molino es sencillamente un cilindro de 4 metros de diámetro que se dividía en tres plantas con una altura aproximada de 10 metros con puertas de acceso en planta baja y primera planta.

La planta baja denominada cabuco estaba a nivel del terreno y servía de almacén y en algunas ocasiones de dormitorio del molinero. La subida a la primera planta se realizaba por una escalera de doble acceso que se adaptaba a la forma troncocónica y su anchura solía ser de un metro aproximadamente. En esta primera planta se encontraba un banco donde los clientes esperaban la salida del gofio que ellos mismos recogían en la boca de la tolba o Cambal.
Mediante una escalera de madera se subía a la tercera planta donde se encontraba la maquinaria del molino y donde trabajaba el molinero.
En 2016 un vídeo también plasmó cómo este BIC era un completo basurero:
En 2008 la concejala de Ciudadanos (Cs) Evelyn Alonso, entonces en la oposición, denuncio el estado de abandono de este BIC. «A pesar de obtener el mayor grado de protección patrimonial, esta brilla por su ausencia», ya que «no existe ningún tipo de labor en la gestión de mantenimiento por parte del consistorio», señaló la hoy concejala del gobierno que integra con CC-PNC y PP.
Recalcó que «es intolerable que el equipo de gobierno (por entonces también CC-PP) actúe con esta desidia con el patrimonio de la ciudad», pues «este es un aspecto fundamental por el valor cultural, económico e histórico que puede suponer para la capital».
«Ya es hora de que el gobierno municipal actúe con determinación ante este tipo de situaciones para poder ofrecer a todos los santacruceros la ciudad que se merecen», sentenció Alonso. Ahora, cuatro años después, ella forma parte de ese gobierno. Y la basura y el incivismo ahí siguen, como grotesco grano que hoy muele el viejo molino.






















































