OPINIÓN
RUBÉN EXPÓSITO
El pasado día 14 de mayo me llegó una citación a casa, un policía me entregaba en mano la carta de la alegría democrática: me tocaba ser presidente de una mesa electoral. En dicha carta te informan de tu cargo en la mesa y que debes presentarte a una reunión informativa dos días antes de las elecciones. Lo apuntamos en la agenda y el viernes 24 de mayo, pongo rumbo al Ayuntamiento.
Durante dos horas, un preparado funcionario te comenta cómo funciona la gran maquinaria electoral y la infinidad de pequeños detalles que debes tener en cuenta el 26-M. Desde las acreditaciones de los interventores, los documentos necesarios para constituir la mesa, el recuento etc….de ahí sales con un cacao mental del quince, son tantas cosas que mezclas conceptos sin haber salido del Ayuntamiento. Para cuando llegas a casa, todo es un potaje de normas en tu cabeza. El curso debería durar dos meses y no dos horas, pero piensas, al carajo, no debe ser para tanto….
Llega el día y te presentas a las 8 de la mañana en el colegio electoral, fresco y motivado. En cuanto empieza el día ya ves a lo que te enfrentas, la encargada de la mesa, envíada por la Junta Electoral para revisar, o más bien, hacer el papeleo, es la figura clave. Sin esa persona, todavía estaría en la mesa contando votos y tratando de que cuadraran con el censo. O muerto por inanición con un sobre en las manos….
Las actas vienen con papel calco, sí…has leído bien, papel calco. Algo que sólo se ve en un museo vintage, de cuando veía a mi madre escribir a máquina en su oficina en los años 80. 5 urnas, 5 actas, firmadas por los vocales, el presidente y los interventores. Un follón de mil pares de narices. Cada vez que terminabamos de contar una de las urnas, tocaba ponerse a firmar como notarios enloquecidos rellenando todos los apartados con celeridad. En mi mesa votaron 373 personas de una lista de 576. Lo que significa que contamos uno a uno, (373×5), 1865 votos. Tardabamos una media de 30 minutos en contar y firmar el acta de cada urna. Sólo el recuento nos llevó dos horas y media.
Lo que sucede es que cuando tienes poca experiencia y muchos datos: el caos está servido. En la primera de las urnas ya no cuadraba el número de sobres con el número de votantes. Tuvimos que puntear el censo completo, volver a contar a los 373 votantes, a ver quien se nos había escapado. En ese momento ya superabamos las doce horas de trabajo. Ya empiezas a reírte, mientras tu segunda vocal está a punto de llorar y el primer vocal se fuma un cigarro. Somos como Tricicle haciendo un espectáculo.
Acta de constitución, acta de sesión y acta de escrutinio. Mil papeles mientras asistes a ver como la de la junta electoral manda los datos con una PDA. En ese momento, también te dan ganas de llorar. ¡Yo contando papeles a mano, con una regla y un rotulador tachando a los votantes del censo y rellenando actas con papel calco, todo como se hacía cuando Franco era corneta y me veo a la de la junta electoral con un mini ordenador!
Los datos se envíaban al momento a los partidos por Internet, pero tú tenías que proporcionarlos por conteo manual y firmando más papeles que los que hacen firmar a Isabel Preysler cada vez que se casa.
2:45 de la madrugada, ya es lunes. Fin. 18 horas y 45 minutos de trabajo, menos una hora para comer. Piensas que esta jornada laboral la monta una empresa privada y la muelen a multas. Pero es el engranaje electoral, Papá Estado, negarte a esto puede acarrear penas de cárcel. Ya lo que quieres es irte a casa, pero no, pisa el freno…
Todo cuadra y ahora, debes entregar la documentación. Tienes que ir al Ayuntamiento a entregar a un juez de paz los 10.000 papeles del día. Tienes que ir en tu coche al Ayuntamiento, la Guardia Civil se ofrece a llevarte pero no a traerte de vuelta. Lo que no me soluciona nada porque vivo a 4 kilómetros del Ayuntamiento, así que la presidenta de la otra mesa y yo nos ponemos de acuerdo y vamos en un mismo coche. Mientras conduces, te vas riendo al recordar con una compañera de fatigas el día que se ha vivido, risas, anécdotas, todo aderezado con un montón de sueño. Entregas la documentación al juez de paz y vuelves a casa. Esto se ha terminado…
Me siento en la cocina para comer algo, levanto la vista y veo el reloj….4:15…me quedé a 3:45 minutos de completar una jornada de trabajo de 24 horas. Todo por 65 euros, que es exactamente lo que te gastas al día siguiente en Ibuprofeno y en la consulta a un abogado para saber cómo conseguir que no te vuelvan a trancar en tu vida para otra mesa electoral.




















































