VICENTE PÉREZ
El director conservador del Parque Nacional de Garajonay, Ángel Fernández, ha señalado el cambio climático, los incendios forestales y los herbívoros asilvestrados (las cabras) como las principales amenazas para asegurar la conservación y recuperación de los bosques de laurisilva en Canarias, el ecosistema forestal con más biodiversidad en el Archipiélago pero del que queda menos del 10% de su superficie original, y dos tercios en estado de conservación «bastante malo».
Así lo ha manifestado durante su participación en un debate telemático, organizado esta semana por la Delegación Territorial en Canarias del Colegio de Geógrafos sobre la gestión de la laurisilva canaria y las oportunidades que representa para el territorio, dentro de su ciclo de Ciclo de Seminarios Web 2020.
Pese a la polémica generada en varias islas sobre el aspecto ético del método de sacrificar a las cabras asilvestradas para evitar la pérdida de flora autóctona, el responsable del Garajonay no alberga dudas al ser preguntado por esta cuestión: «A mi particularmente no me gusta, pero no existe una alternativa que las armas de fuego, esa es la realidad y lo demás es estar perdiendo el tiempo». De esta manera descarta la opción que defienden los animalistas, la captura viva de las cabras (apañadas).
Expuso, a preguntas de PLANETA CANARIO en este debate, que el problema «empezó en los años 90 en el Parque Nacional de Garajonay, de forma tímida entonces; se pidió colaboración externa, nadie nos tomó en serio, no se le dio importancia; se trató de hacer con métodos manuales y muy pronto nos dimos cuenta de que era imposible, poníamos en gravísimo riesgo a las personas, tuvimos varios accidentes y finalmente la única alternativa viable era el control mediante armas de fuego».
Lamentó por ello que los daños de las especies invasoras a la flora autóctona se han agravado porque «las autoridades no están actuando, de forma muy negligente, y es un gravísimo problema».
Lo cierto es que en islas como Tenerife, el Cabildo, que tenía previsto matar las cabras mediante cazadores, el pasado año se vio obligado a dejar temporalmente aparcado este método e intentar las apañadas (capturarlas vivas), ante la encendida controversia social generada entre partidarios y detractores de este drástico procedimiento, que ya se ha utilizado en otros países del mundo (como en las islas Galápagos). Una controversia similar se ha dado en Gran Canaria.
Tal es así que el responsable del Garajonay (donde, según indicó, el 70% del bosque está en buen estado) pidió a la sociedad canaria que se plantee «si quiere que esos animales continúen machacando nuestra tierra o vamos a usar procedimientos de control que deben ser importantes para reducir esta carga y eliminar el ganado». A su juicio, «el origen del problema» es la falta de control ganadero y «los incentivos».
El director del espacios protegido gomero declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco precisó que la laurisilva sobreviviente de la actividad humana en los últimos 5 siglos ocupa entre 6.000 y 8.000 hectáreas, de los que apenas entre el 3% y el 5% mantienen un buen estado de conservación, al nivel del ecosistema original en cuanto a biodiversidad, «que nos explican cómo fueron los bosques primitivos que había en las Islas».
Aparte del «auténtico problema» de los herbívoros introducidos, Ángel Fernández advirtió de la amenaza que supone el cambio climático, «que afecta de forma muy importante a Canarias, por sequías cada vez más continuas, el descenso humedad, el aumento de temperaturas, y la llegada cada vez mas frecuente de vientos saharianos, condiciones que no le vienen bien a la laurisilva porque necesita humedad», puesto que se trata precisamente del bosque surgido en la zona de las nieblas del alisio (la llamada lluvia horizontal).
En este sentido, pone de relieve que ya «desde el satélite se ve el reflejo de esta reducción de vitalidad» de la laurisilva desde los año 90 del siglo XX «en las zonas marginales» de ese ecosistema.
En cuanto a los incendios, si bien se trata de un bosque no arde fácilmente, diagnosticó que «cada vez son más devastadores; hace unos pocos años no se metían tanto en la laurisilva, pero matan los estratos arbóreos, producen regresión de las especies mas exigentes, las que más han sido devastadas por el ser humano».
Ángel Fernández previo de que en Canarias hay «una gran cantidad de especies amenazadas; somos la capital de la pérdida de biodiversidad en Europa, la capital de la extinción y muchas están en los ámbitos de la laurisilva».

Junto al director del Parque Nacional Gomero, en el debate, participaron Gustavo Viera, biólogo responsable de la ejecución del programa Post-LIFE Rabiche, quien disertó sobre la recuperación de este bosque en Gran Canaria como oportunidad para mitigar el efecto del cambio climático; y María E. Arozena, profesora jubilada de Geografía e Historia de la Universidad de La Laguna, que expuso «lo que nos revela el paisaje de la laurisilva canaria. El acto, del que ofrecerá un resumen en una próxima información PLANETA CANARIO, lo siguieron por Internet 170 personas (entre la platafoma Jitsi Meet y Youtube).
VICENTE PÉREZ
El director conservador del Parque Nacional de Garajonay, Ángel Fernández, ha señalado el cambio climático, los incendios forestales y los herbívoros asilvestrados (las cabras) como las principales amenazas para asegurar la conservación y recuperación de los bosques de laurisilva en Canarias, el ecosistema forestal con más biodiversidad en el Archipiélago pero del que queda menos del 10% de su superficie original, y dos tercios en estado de conservación «bastante malo».
Así lo ha manifestado durante su participación en un debate telemático, organizado esta semana por la Delegación Territorial en Canarias del Colegio de Geógrafos sobre la gestión de la laurisilva canaria y las oportunidades que representa para el territorio, dentro de su ciclo de Ciclo de Seminarios Web 2020.
Pese a la polémica generada en varias islas sobre el aspecto ético del método de sacrificar a las cabras asilvestradas para evitar la pérdida de flora autóctona, el responsable del Garajonay no alberga dudas al ser preguntado por esta cuestión: «A mi particularmente no me gusta, pero no existe una alternativa que las armas de fuego, esa es la realidad y lo demás es estar perdiendo el tiempo». De esta manera descarta la opción que defienden los animalistas, la captura viva de las cabras (apañadas).
Expuso, a preguntas de PLANETA CANARIO en este debate, que el problema «empezó en los años 90 en el Parque Nacional de Garajonay, de forma tímida entonces; se pidió colaboración externa, nadie nos tomó en serio, no se le dio importancia; se trató de hacer con métodos manuales y muy pronto nos dimos cuenta de que era imposible, poníamos en gravísimo riesgo a las personas, tuvimos varios accidentes y finalmente la única alternativa viable era el control mediante armas de fuego».
Lamentó por ello que los daños de las especies invasoras a la flora autóctona se han agravado porque «las autoridades no están actuando, de forma muy negligente, y es un gravísimo problema».
Lo cierto es que en islas como Tenerife, el Cabildo, que tenía previsto matar las cabras mediante cazadores, el pasado año se vio obligado a dejar temporalmente aparcado este método e intentar las apañadas (capturarlas vivas), ante la encendida controversia social generada entre partidarios y detractores de este drástico procedimiento, que ya se ha utilizado en otros países del mundo (como en las islas Galápagos). Una controversia similar se ha dado en Gran Canaria.
Tal es así que el responsable del Garajonay (donde, según indicó, el 70% del bosque está en buen estado) pidió a la sociedad canaria que se plantee «si quiere que esos animales continúen machacando nuestra tierra o vamos a usar procedimientos de control que deben ser importantes para reducir esta carga y eliminar el ganado». A su juicio, «el origen del problema» es la falta de control ganadero y «los incentivos».
El director del espacios protegido gomero declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco precisó que la laurisilva sobreviviente de la actividad humana en los últimos 5 siglos ocupa entre 6.000 y 8.000 hectáreas, de los que apenas entre el 3% y el 5% mantienen un buen estado de conservación, al nivel del ecosistema original en cuanto a biodiversidad, «que nos explican cómo fueron los bosques primitivos que había en las Islas».
Aparte del «auténtico problema» de los herbívoros introducidos, Ángel Fernández advirtió de la amenaza que supone el cambio climático, «que afecta de forma muy importante a Canarias, por sequías cada vez más continuas, el descenso humedad, el aumento de temperaturas, y la llegada cada vez mas frecuente de vientos saharianos, condiciones que no le vienen bien a la laurisilva porque necesita humedad», puesto que se trata precisamente del bosque surgido en la zona de las nieblas del alisio (la llamada lluvia horizontal).
En este sentido, pone de relieve que ya «desde el satélite se ve el reflejo de esta reducción de vitalidad» de la laurisilva desde los año 90 del siglo XX «en las zonas marginales» de ese ecosistema.
En cuanto a los incendios, si bien se trata de un bosque no arde fácilmente, diagnosticó que «cada vez son más devastadores; hace unos pocos años no se metían tanto en la laurisilva, pero matan los estratos arbóreos, producen regresión de las especies mas exigentes, las que más han sido devastadas por el ser humano».
Ángel Fernández previo de que en Canarias hay «una gran cantidad de especies amenazadas; somos la capital de la pérdida de biodiversidad en Europa, la capital de la extinción y muchas están en los ámbitos de la laurisilva».

Junto al director del Parque Nacional Gomero, en el debate, participaron Gustavo Viera, biólogo responsable de la ejecución del programa Post-LIFE Rabiche, quien disertó sobre la recuperación de este bosque en Gran Canaria como oportunidad para mitigar el efecto del cambio climático; y María E. Arozena, profesora jubilada de Geografía e Historia de la Universidad de La Laguna, que expuso «lo que nos revela el paisaje de la laurisilva canaria. El acto, del que ofrecerá un resumen en una próxima información PLANETA CANARIO, lo siguieron por Internet 170 personas (entre la platafoma Jitsi Meet y Youtube).
VICENTE PÉREZ
El director conservador del Parque Nacional de Garajonay, Ángel Fernández, ha señalado el cambio climático, los incendios forestales y los herbívoros asilvestrados (las cabras) como las principales amenazas para asegurar la conservación y recuperación de los bosques de laurisilva en Canarias, el ecosistema forestal con más biodiversidad en el Archipiélago pero del que queda menos del 10% de su superficie original, y dos tercios en estado de conservación «bastante malo».
Así lo ha manifestado durante su participación en un debate telemático, organizado esta semana por la Delegación Territorial en Canarias del Colegio de Geógrafos sobre la gestión de la laurisilva canaria y las oportunidades que representa para el territorio, dentro de su ciclo de Ciclo de Seminarios Web 2020.
Pese a la polémica generada en varias islas sobre el aspecto ético del método de sacrificar a las cabras asilvestradas para evitar la pérdida de flora autóctona, el responsable del Garajonay no alberga dudas al ser preguntado por esta cuestión: «A mi particularmente no me gusta, pero no existe una alternativa que las armas de fuego, esa es la realidad y lo demás es estar perdiendo el tiempo». De esta manera descarta la opción que defienden los animalistas, la captura viva de las cabras (apañadas).
Expuso, a preguntas de PLANETA CANARIO en este debate, que el problema «empezó en los años 90 en el Parque Nacional de Garajonay, de forma tímida entonces; se pidió colaboración externa, nadie nos tomó en serio, no se le dio importancia; se trató de hacer con métodos manuales y muy pronto nos dimos cuenta de que era imposible, poníamos en gravísimo riesgo a las personas, tuvimos varios accidentes y finalmente la única alternativa viable era el control mediante armas de fuego».
Lamentó por ello que los daños de las especies invasoras a la flora autóctona se han agravado porque «las autoridades no están actuando, de forma muy negligente, y es un gravísimo problema».
Lo cierto es que en islas como Tenerife, el Cabildo, que tenía previsto matar las cabras mediante cazadores, el pasado año se vio obligado a dejar temporalmente aparcado este método e intentar las apañadas (capturarlas vivas), ante la encendida controversia social generada entre partidarios y detractores de este drástico procedimiento, que ya se ha utilizado en otros países del mundo (como en las islas Galápagos). Una controversia similar se ha dado en Gran Canaria.
Tal es así que el responsable del Garajonay (donde, según indicó, el 70% del bosque está en buen estado) pidió a la sociedad canaria que se plantee «si quiere que esos animales continúen machacando nuestra tierra o vamos a usar procedimientos de control que deben ser importantes para reducir esta carga y eliminar el ganado». A su juicio, «el origen del problema» es la falta de control ganadero y «los incentivos».
El director del espacios protegido gomero declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco precisó que la laurisilva sobreviviente de la actividad humana en los últimos 5 siglos ocupa entre 6.000 y 8.000 hectáreas, de los que apenas entre el 3% y el 5% mantienen un buen estado de conservación, al nivel del ecosistema original en cuanto a biodiversidad, «que nos explican cómo fueron los bosques primitivos que había en las Islas».
Aparte del «auténtico problema» de los herbívoros introducidos, Ángel Fernández advirtió de la amenaza que supone el cambio climático, «que afecta de forma muy importante a Canarias, por sequías cada vez más continuas, el descenso humedad, el aumento de temperaturas, y la llegada cada vez mas frecuente de vientos saharianos, condiciones que no le vienen bien a la laurisilva porque necesita humedad», puesto que se trata precisamente del bosque surgido en la zona de las nieblas del alisio (la llamada lluvia horizontal).
En este sentido, pone de relieve que ya «desde el satélite se ve el reflejo de esta reducción de vitalidad» de la laurisilva desde los año 90 del siglo XX «en las zonas marginales» de ese ecosistema.
En cuanto a los incendios, si bien se trata de un bosque no arde fácilmente, diagnosticó que «cada vez son más devastadores; hace unos pocos años no se metían tanto en la laurisilva, pero matan los estratos arbóreos, producen regresión de las especies mas exigentes, las que más han sido devastadas por el ser humano».
Ángel Fernández previo de que en Canarias hay «una gran cantidad de especies amenazadas; somos la capital de la pérdida de biodiversidad en Europa, la capital de la extinción y muchas están en los ámbitos de la laurisilva».

Junto al director del Parque Nacional Gomero, en el debate, participaron Gustavo Viera, biólogo responsable de la ejecución del programa Post-LIFE Rabiche, quien disertó sobre la recuperación de este bosque en Gran Canaria como oportunidad para mitigar el efecto del cambio climático; y María E. Arozena, profesora jubilada de Geografía e Historia de la Universidad de La Laguna, que expuso «lo que nos revela el paisaje de la laurisilva canaria. El acto, del que ofrecerá un resumen en una próxima información PLANETA CANARIO, lo siguieron por Internet 170 personas (entre la platafoma Jitsi Meet y Youtube).
VICENTE PÉREZ
El director conservador del Parque Nacional de Garajonay, Ángel Fernández, ha señalado el cambio climático, los incendios forestales y los herbívoros asilvestrados (las cabras) como las principales amenazas para asegurar la conservación y recuperación de los bosques de laurisilva en Canarias, el ecosistema forestal con más biodiversidad en el Archipiélago pero del que queda menos del 10% de su superficie original, y dos tercios en estado de conservación «bastante malo».
Así lo ha manifestado durante su participación en un debate telemático, organizado esta semana por la Delegación Territorial en Canarias del Colegio de Geógrafos sobre la gestión de la laurisilva canaria y las oportunidades que representa para el territorio, dentro de su ciclo de Ciclo de Seminarios Web 2020.
Pese a la polémica generada en varias islas sobre el aspecto ético del método de sacrificar a las cabras asilvestradas para evitar la pérdida de flora autóctona, el responsable del Garajonay no alberga dudas al ser preguntado por esta cuestión: «A mi particularmente no me gusta, pero no existe una alternativa que las armas de fuego, esa es la realidad y lo demás es estar perdiendo el tiempo». De esta manera descarta la opción que defienden los animalistas, la captura viva de las cabras (apañadas).
Expuso, a preguntas de PLANETA CANARIO en este debate, que el problema «empezó en los años 90 en el Parque Nacional de Garajonay, de forma tímida entonces; se pidió colaboración externa, nadie nos tomó en serio, no se le dio importancia; se trató de hacer con métodos manuales y muy pronto nos dimos cuenta de que era imposible, poníamos en gravísimo riesgo a las personas, tuvimos varios accidentes y finalmente la única alternativa viable era el control mediante armas de fuego».
Lamentó por ello que los daños de las especies invasoras a la flora autóctona se han agravado porque «las autoridades no están actuando, de forma muy negligente, y es un gravísimo problema».
Lo cierto es que en islas como Tenerife, el Cabildo, que tenía previsto matar las cabras mediante cazadores, el pasado año se vio obligado a dejar temporalmente aparcado este método e intentar las apañadas (capturarlas vivas), ante la encendida controversia social generada entre partidarios y detractores de este drástico procedimiento, que ya se ha utilizado en otros países del mundo (como en las islas Galápagos). Una controversia similar se ha dado en Gran Canaria.
Tal es así que el responsable del Garajonay (donde, según indicó, el 70% del bosque está en buen estado) pidió a la sociedad canaria que se plantee «si quiere que esos animales continúen machacando nuestra tierra o vamos a usar procedimientos de control que deben ser importantes para reducir esta carga y eliminar el ganado». A su juicio, «el origen del problema» es la falta de control ganadero y «los incentivos».
El director del espacios protegido gomero declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco precisó que la laurisilva sobreviviente de la actividad humana en los últimos 5 siglos ocupa entre 6.000 y 8.000 hectáreas, de los que apenas entre el 3% y el 5% mantienen un buen estado de conservación, al nivel del ecosistema original en cuanto a biodiversidad, «que nos explican cómo fueron los bosques primitivos que había en las Islas».
Aparte del «auténtico problema» de los herbívoros introducidos, Ángel Fernández advirtió de la amenaza que supone el cambio climático, «que afecta de forma muy importante a Canarias, por sequías cada vez más continuas, el descenso humedad, el aumento de temperaturas, y la llegada cada vez mas frecuente de vientos saharianos, condiciones que no le vienen bien a la laurisilva porque necesita humedad», puesto que se trata precisamente del bosque surgido en la zona de las nieblas del alisio (la llamada lluvia horizontal).
En este sentido, pone de relieve que ya «desde el satélite se ve el reflejo de esta reducción de vitalidad» de la laurisilva desde los año 90 del siglo XX «en las zonas marginales» de ese ecosistema.
En cuanto a los incendios, si bien se trata de un bosque no arde fácilmente, diagnosticó que «cada vez son más devastadores; hace unos pocos años no se metían tanto en la laurisilva, pero matan los estratos arbóreos, producen regresión de las especies mas exigentes, las que más han sido devastadas por el ser humano».
Ángel Fernández previo de que en Canarias hay «una gran cantidad de especies amenazadas; somos la capital de la pérdida de biodiversidad en Europa, la capital de la extinción y muchas están en los ámbitos de la laurisilva».

Junto al director del Parque Nacional Gomero, en el debate, participaron Gustavo Viera, biólogo responsable de la ejecución del programa Post-LIFE Rabiche, quien disertó sobre la recuperación de este bosque en Gran Canaria como oportunidad para mitigar el efecto del cambio climático; y María E. Arozena, profesora jubilada de Geografía e Historia de la Universidad de La Laguna, que expuso «lo que nos revela el paisaje de la laurisilva canaria. El acto, del que ofrecerá un resumen en una próxima información PLANETA CANARIO, lo siguieron por Internet 170 personas (entre la platafoma Jitsi Meet y Youtube).
VICENTE PÉREZ
El director conservador del Parque Nacional de Garajonay, Ángel Fernández, ha señalado el cambio climático, los incendios forestales y los herbívoros asilvestrados (las cabras) como las principales amenazas para asegurar la conservación y recuperación de los bosques de laurisilva en Canarias, el ecosistema forestal con más biodiversidad en el Archipiélago pero del que queda menos del 10% de su superficie original, y dos tercios en estado de conservación «bastante malo».
Así lo ha manifestado durante su participación en un debate telemático, organizado esta semana por la Delegación Territorial en Canarias del Colegio de Geógrafos sobre la gestión de la laurisilva canaria y las oportunidades que representa para el territorio, dentro de su ciclo de Ciclo de Seminarios Web 2020.
Pese a la polémica generada en varias islas sobre el aspecto ético del método de sacrificar a las cabras asilvestradas para evitar la pérdida de flora autóctona, el responsable del Garajonay no alberga dudas al ser preguntado por esta cuestión: «A mi particularmente no me gusta, pero no existe una alternativa que las armas de fuego, esa es la realidad y lo demás es estar perdiendo el tiempo». De esta manera descarta la opción que defienden los animalistas, la captura viva de las cabras (apañadas).
Expuso, a preguntas de PLANETA CANARIO en este debate, que el problema «empezó en los años 90 en el Parque Nacional de Garajonay, de forma tímida entonces; se pidió colaboración externa, nadie nos tomó en serio, no se le dio importancia; se trató de hacer con métodos manuales y muy pronto nos dimos cuenta de que era imposible, poníamos en gravísimo riesgo a las personas, tuvimos varios accidentes y finalmente la única alternativa viable era el control mediante armas de fuego».
Lamentó por ello que los daños de las especies invasoras a la flora autóctona se han agravado porque «las autoridades no están actuando, de forma muy negligente, y es un gravísimo problema».
Lo cierto es que en islas como Tenerife, el Cabildo, que tenía previsto matar las cabras mediante cazadores, el pasado año se vio obligado a dejar temporalmente aparcado este método e intentar las apañadas (capturarlas vivas), ante la encendida controversia social generada entre partidarios y detractores de este drástico procedimiento, que ya se ha utilizado en otros países del mundo (como en las islas Galápagos). Una controversia similar se ha dado en Gran Canaria.
Tal es así que el responsable del Garajonay (donde, según indicó, el 70% del bosque está en buen estado) pidió a la sociedad canaria que se plantee «si quiere que esos animales continúen machacando nuestra tierra o vamos a usar procedimientos de control que deben ser importantes para reducir esta carga y eliminar el ganado». A su juicio, «el origen del problema» es la falta de control ganadero y «los incentivos».
El director del espacios protegido gomero declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco precisó que la laurisilva sobreviviente de la actividad humana en los últimos 5 siglos ocupa entre 6.000 y 8.000 hectáreas, de los que apenas entre el 3% y el 5% mantienen un buen estado de conservación, al nivel del ecosistema original en cuanto a biodiversidad, «que nos explican cómo fueron los bosques primitivos que había en las Islas».
Aparte del «auténtico problema» de los herbívoros introducidos, Ángel Fernández advirtió de la amenaza que supone el cambio climático, «que afecta de forma muy importante a Canarias, por sequías cada vez más continuas, el descenso humedad, el aumento de temperaturas, y la llegada cada vez mas frecuente de vientos saharianos, condiciones que no le vienen bien a la laurisilva porque necesita humedad», puesto que se trata precisamente del bosque surgido en la zona de las nieblas del alisio (la llamada lluvia horizontal).
En este sentido, pone de relieve que ya «desde el satélite se ve el reflejo de esta reducción de vitalidad» de la laurisilva desde los año 90 del siglo XX «en las zonas marginales» de ese ecosistema.
En cuanto a los incendios, si bien se trata de un bosque no arde fácilmente, diagnosticó que «cada vez son más devastadores; hace unos pocos años no se metían tanto en la laurisilva, pero matan los estratos arbóreos, producen regresión de las especies mas exigentes, las que más han sido devastadas por el ser humano».
Ángel Fernández previo de que en Canarias hay «una gran cantidad de especies amenazadas; somos la capital de la pérdida de biodiversidad en Europa, la capital de la extinción y muchas están en los ámbitos de la laurisilva».

Junto al director del Parque Nacional Gomero, en el debate, participaron Gustavo Viera, biólogo responsable de la ejecución del programa Post-LIFE Rabiche, quien disertó sobre la recuperación de este bosque en Gran Canaria como oportunidad para mitigar el efecto del cambio climático; y María E. Arozena, profesora jubilada de Geografía e Historia de la Universidad de La Laguna, que expuso «lo que nos revela el paisaje de la laurisilva canaria. El acto, del que ofrecerá un resumen en una próxima información PLANETA CANARIO, lo siguieron por Internet 170 personas (entre la platafoma Jitsi Meet y Youtube).
VICENTE PÉREZ
El director conservador del Parque Nacional de Garajonay, Ángel Fernández, ha señalado el cambio climático, los incendios forestales y los herbívoros asilvestrados (las cabras) como las principales amenazas para asegurar la conservación y recuperación de los bosques de laurisilva en Canarias, el ecosistema forestal con más biodiversidad en el Archipiélago pero del que queda menos del 10% de su superficie original, y dos tercios en estado de conservación «bastante malo».
Así lo ha manifestado durante su participación en un debate telemático, organizado esta semana por la Delegación Territorial en Canarias del Colegio de Geógrafos sobre la gestión de la laurisilva canaria y las oportunidades que representa para el territorio, dentro de su ciclo de Ciclo de Seminarios Web 2020.
Pese a la polémica generada en varias islas sobre el aspecto ético del método de sacrificar a las cabras asilvestradas para evitar la pérdida de flora autóctona, el responsable del Garajonay no alberga dudas al ser preguntado por esta cuestión: «A mi particularmente no me gusta, pero no existe una alternativa que las armas de fuego, esa es la realidad y lo demás es estar perdiendo el tiempo». De esta manera descarta la opción que defienden los animalistas, la captura viva de las cabras (apañadas).
Expuso, a preguntas de PLANETA CANARIO en este debate, que el problema «empezó en los años 90 en el Parque Nacional de Garajonay, de forma tímida entonces; se pidió colaboración externa, nadie nos tomó en serio, no se le dio importancia; se trató de hacer con métodos manuales y muy pronto nos dimos cuenta de que era imposible, poníamos en gravísimo riesgo a las personas, tuvimos varios accidentes y finalmente la única alternativa viable era el control mediante armas de fuego».
Lamentó por ello que los daños de las especies invasoras a la flora autóctona se han agravado porque «las autoridades no están actuando, de forma muy negligente, y es un gravísimo problema».
Lo cierto es que en islas como Tenerife, el Cabildo, que tenía previsto matar las cabras mediante cazadores, el pasado año se vio obligado a dejar temporalmente aparcado este método e intentar las apañadas (capturarlas vivas), ante la encendida controversia social generada entre partidarios y detractores de este drástico procedimiento, que ya se ha utilizado en otros países del mundo (como en las islas Galápagos). Una controversia similar se ha dado en Gran Canaria.
Tal es así que el responsable del Garajonay (donde, según indicó, el 70% del bosque está en buen estado) pidió a la sociedad canaria que se plantee «si quiere que esos animales continúen machacando nuestra tierra o vamos a usar procedimientos de control que deben ser importantes para reducir esta carga y eliminar el ganado». A su juicio, «el origen del problema» es la falta de control ganadero y «los incentivos».
El director del espacios protegido gomero declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco precisó que la laurisilva sobreviviente de la actividad humana en los últimos 5 siglos ocupa entre 6.000 y 8.000 hectáreas, de los que apenas entre el 3% y el 5% mantienen un buen estado de conservación, al nivel del ecosistema original en cuanto a biodiversidad, «que nos explican cómo fueron los bosques primitivos que había en las Islas».
Aparte del «auténtico problema» de los herbívoros introducidos, Ángel Fernández advirtió de la amenaza que supone el cambio climático, «que afecta de forma muy importante a Canarias, por sequías cada vez más continuas, el descenso humedad, el aumento de temperaturas, y la llegada cada vez mas frecuente de vientos saharianos, condiciones que no le vienen bien a la laurisilva porque necesita humedad», puesto que se trata precisamente del bosque surgido en la zona de las nieblas del alisio (la llamada lluvia horizontal).
En este sentido, pone de relieve que ya «desde el satélite se ve el reflejo de esta reducción de vitalidad» de la laurisilva desde los año 90 del siglo XX «en las zonas marginales» de ese ecosistema.
En cuanto a los incendios, si bien se trata de un bosque no arde fácilmente, diagnosticó que «cada vez son más devastadores; hace unos pocos años no se metían tanto en la laurisilva, pero matan los estratos arbóreos, producen regresión de las especies mas exigentes, las que más han sido devastadas por el ser humano».
Ángel Fernández previo de que en Canarias hay «una gran cantidad de especies amenazadas; somos la capital de la pérdida de biodiversidad en Europa, la capital de la extinción y muchas están en los ámbitos de la laurisilva».

Junto al director del Parque Nacional Gomero, en el debate, participaron Gustavo Viera, biólogo responsable de la ejecución del programa Post-LIFE Rabiche, quien disertó sobre la recuperación de este bosque en Gran Canaria como oportunidad para mitigar el efecto del cambio climático; y María E. Arozena, profesora jubilada de Geografía e Historia de la Universidad de La Laguna, que expuso «lo que nos revela el paisaje de la laurisilva canaria. El acto, del que ofrecerá un resumen en una próxima información PLANETA CANARIO, lo siguieron por Internet 170 personas (entre la platafoma Jitsi Meet y Youtube).
VICENTE PÉREZ
El director conservador del Parque Nacional de Garajonay, Ángel Fernández, ha señalado el cambio climático, los incendios forestales y los herbívoros asilvestrados (las cabras) como las principales amenazas para asegurar la conservación y recuperación de los bosques de laurisilva en Canarias, el ecosistema forestal con más biodiversidad en el Archipiélago pero del que queda menos del 10% de su superficie original, y dos tercios en estado de conservación «bastante malo».
Así lo ha manifestado durante su participación en un debate telemático, organizado esta semana por la Delegación Territorial en Canarias del Colegio de Geógrafos sobre la gestión de la laurisilva canaria y las oportunidades que representa para el territorio, dentro de su ciclo de Ciclo de Seminarios Web 2020.
Pese a la polémica generada en varias islas sobre el aspecto ético del método de sacrificar a las cabras asilvestradas para evitar la pérdida de flora autóctona, el responsable del Garajonay no alberga dudas al ser preguntado por esta cuestión: «A mi particularmente no me gusta, pero no existe una alternativa que las armas de fuego, esa es la realidad y lo demás es estar perdiendo el tiempo». De esta manera descarta la opción que defienden los animalistas, la captura viva de las cabras (apañadas).
Expuso, a preguntas de PLANETA CANARIO en este debate, que el problema «empezó en los años 90 en el Parque Nacional de Garajonay, de forma tímida entonces; se pidió colaboración externa, nadie nos tomó en serio, no se le dio importancia; se trató de hacer con métodos manuales y muy pronto nos dimos cuenta de que era imposible, poníamos en gravísimo riesgo a las personas, tuvimos varios accidentes y finalmente la única alternativa viable era el control mediante armas de fuego».
Lamentó por ello que los daños de las especies invasoras a la flora autóctona se han agravado porque «las autoridades no están actuando, de forma muy negligente, y es un gravísimo problema».
Lo cierto es que en islas como Tenerife, el Cabildo, que tenía previsto matar las cabras mediante cazadores, el pasado año se vio obligado a dejar temporalmente aparcado este método e intentar las apañadas (capturarlas vivas), ante la encendida controversia social generada entre partidarios y detractores de este drástico procedimiento, que ya se ha utilizado en otros países del mundo (como en las islas Galápagos). Una controversia similar se ha dado en Gran Canaria.
Tal es así que el responsable del Garajonay (donde, según indicó, el 70% del bosque está en buen estado) pidió a la sociedad canaria que se plantee «si quiere que esos animales continúen machacando nuestra tierra o vamos a usar procedimientos de control que deben ser importantes para reducir esta carga y eliminar el ganado». A su juicio, «el origen del problema» es la falta de control ganadero y «los incentivos».
El director del espacios protegido gomero declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco precisó que la laurisilva sobreviviente de la actividad humana en los últimos 5 siglos ocupa entre 6.000 y 8.000 hectáreas, de los que apenas entre el 3% y el 5% mantienen un buen estado de conservación, al nivel del ecosistema original en cuanto a biodiversidad, «que nos explican cómo fueron los bosques primitivos que había en las Islas».
Aparte del «auténtico problema» de los herbívoros introducidos, Ángel Fernández advirtió de la amenaza que supone el cambio climático, «que afecta de forma muy importante a Canarias, por sequías cada vez más continuas, el descenso humedad, el aumento de temperaturas, y la llegada cada vez mas frecuente de vientos saharianos, condiciones que no le vienen bien a la laurisilva porque necesita humedad», puesto que se trata precisamente del bosque surgido en la zona de las nieblas del alisio (la llamada lluvia horizontal).
En este sentido, pone de relieve que ya «desde el satélite se ve el reflejo de esta reducción de vitalidad» de la laurisilva desde los año 90 del siglo XX «en las zonas marginales» de ese ecosistema.
En cuanto a los incendios, si bien se trata de un bosque no arde fácilmente, diagnosticó que «cada vez son más devastadores; hace unos pocos años no se metían tanto en la laurisilva, pero matan los estratos arbóreos, producen regresión de las especies mas exigentes, las que más han sido devastadas por el ser humano».
Ángel Fernández previo de que en Canarias hay «una gran cantidad de especies amenazadas; somos la capital de la pérdida de biodiversidad en Europa, la capital de la extinción y muchas están en los ámbitos de la laurisilva».

Junto al director del Parque Nacional Gomero, en el debate, participaron Gustavo Viera, biólogo responsable de la ejecución del programa Post-LIFE Rabiche, quien disertó sobre la recuperación de este bosque en Gran Canaria como oportunidad para mitigar el efecto del cambio climático; y María E. Arozena, profesora jubilada de Geografía e Historia de la Universidad de La Laguna, que expuso «lo que nos revela el paisaje de la laurisilva canaria. El acto, del que ofrecerá un resumen en una próxima información PLANETA CANARIO, lo siguieron por Internet 170 personas (entre la platafoma Jitsi Meet y Youtube).
VICENTE PÉREZ
El director conservador del Parque Nacional de Garajonay, Ángel Fernández, ha señalado el cambio climático, los incendios forestales y los herbívoros asilvestrados (las cabras) como las principales amenazas para asegurar la conservación y recuperación de los bosques de laurisilva en Canarias, el ecosistema forestal con más biodiversidad en el Archipiélago pero del que queda menos del 10% de su superficie original, y dos tercios en estado de conservación «bastante malo».
Así lo ha manifestado durante su participación en un debate telemático, organizado esta semana por la Delegación Territorial en Canarias del Colegio de Geógrafos sobre la gestión de la laurisilva canaria y las oportunidades que representa para el territorio, dentro de su ciclo de Ciclo de Seminarios Web 2020.
Pese a la polémica generada en varias islas sobre el aspecto ético del método de sacrificar a las cabras asilvestradas para evitar la pérdida de flora autóctona, el responsable del Garajonay no alberga dudas al ser preguntado por esta cuestión: «A mi particularmente no me gusta, pero no existe una alternativa que las armas de fuego, esa es la realidad y lo demás es estar perdiendo el tiempo». De esta manera descarta la opción que defienden los animalistas, la captura viva de las cabras (apañadas).
Expuso, a preguntas de PLANETA CANARIO en este debate, que el problema «empezó en los años 90 en el Parque Nacional de Garajonay, de forma tímida entonces; se pidió colaboración externa, nadie nos tomó en serio, no se le dio importancia; se trató de hacer con métodos manuales y muy pronto nos dimos cuenta de que era imposible, poníamos en gravísimo riesgo a las personas, tuvimos varios accidentes y finalmente la única alternativa viable era el control mediante armas de fuego».
Lamentó por ello que los daños de las especies invasoras a la flora autóctona se han agravado porque «las autoridades no están actuando, de forma muy negligente, y es un gravísimo problema».
Lo cierto es que en islas como Tenerife, el Cabildo, que tenía previsto matar las cabras mediante cazadores, el pasado año se vio obligado a dejar temporalmente aparcado este método e intentar las apañadas (capturarlas vivas), ante la encendida controversia social generada entre partidarios y detractores de este drástico procedimiento, que ya se ha utilizado en otros países del mundo (como en las islas Galápagos). Una controversia similar se ha dado en Gran Canaria.
Tal es así que el responsable del Garajonay (donde, según indicó, el 70% del bosque está en buen estado) pidió a la sociedad canaria que se plantee «si quiere que esos animales continúen machacando nuestra tierra o vamos a usar procedimientos de control que deben ser importantes para reducir esta carga y eliminar el ganado». A su juicio, «el origen del problema» es la falta de control ganadero y «los incentivos».
El director del espacios protegido gomero declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco precisó que la laurisilva sobreviviente de la actividad humana en los últimos 5 siglos ocupa entre 6.000 y 8.000 hectáreas, de los que apenas entre el 3% y el 5% mantienen un buen estado de conservación, al nivel del ecosistema original en cuanto a biodiversidad, «que nos explican cómo fueron los bosques primitivos que había en las Islas».
Aparte del «auténtico problema» de los herbívoros introducidos, Ángel Fernández advirtió de la amenaza que supone el cambio climático, «que afecta de forma muy importante a Canarias, por sequías cada vez más continuas, el descenso humedad, el aumento de temperaturas, y la llegada cada vez mas frecuente de vientos saharianos, condiciones que no le vienen bien a la laurisilva porque necesita humedad», puesto que se trata precisamente del bosque surgido en la zona de las nieblas del alisio (la llamada lluvia horizontal).
En este sentido, pone de relieve que ya «desde el satélite se ve el reflejo de esta reducción de vitalidad» de la laurisilva desde los año 90 del siglo XX «en las zonas marginales» de ese ecosistema.
En cuanto a los incendios, si bien se trata de un bosque no arde fácilmente, diagnosticó que «cada vez son más devastadores; hace unos pocos años no se metían tanto en la laurisilva, pero matan los estratos arbóreos, producen regresión de las especies mas exigentes, las que más han sido devastadas por el ser humano».
Ángel Fernández previo de que en Canarias hay «una gran cantidad de especies amenazadas; somos la capital de la pérdida de biodiversidad en Europa, la capital de la extinción y muchas están en los ámbitos de la laurisilva».

Junto al director del Parque Nacional Gomero, en el debate, participaron Gustavo Viera, biólogo responsable de la ejecución del programa Post-LIFE Rabiche, quien disertó sobre la recuperación de este bosque en Gran Canaria como oportunidad para mitigar el efecto del cambio climático; y María E. Arozena, profesora jubilada de Geografía e Historia de la Universidad de La Laguna, que expuso «lo que nos revela el paisaje de la laurisilva canaria. El acto, del que ofrecerá un resumen en una próxima información PLANETA CANARIO, lo siguieron por Internet 170 personas (entre la platafoma Jitsi Meet y Youtube).





















































