PLANETA CANARIO
La Sección Segunda de la Audiencia Provincial ha condenado a prisión permanente y 42 años de cárcel a Ricardo Ortega como culpable del triple asesinato de sus padres y su abuelo cometido en marzo del 2018 en Llanos de Guaza ( Arona, Tenerife).
En el asesinato de Antonio Ortega concurren las agravantes de parentesco y la de alevosía (en la medida en que la víctima no tuvo opción de defenderse). Las mismas circunstancias se dan en el episodio del abuelo. Y, en cuanto a la madre, reafirma las agravantes de parentesco, alevosía y ensañamiento (pues causó un dolor innecesario en la mujer.
El condenado deberá indemnizar a los familiares de las víctimas con un total de 450.000 euros, es decir, 150.000 euros por cada uno de los asesinados.
La defensa había solicitado la libre absolución del reo por trastorno mental transitorio o bien su responsabilidad por un delito de homicidiocon su internamiento en un centro psiquiátrico.
El juicio tuvo lugar del 22 al 26 de junio pasados. El jurado popular pronunció un veredicto de culpabilidad. La Fiscalía pidió condena como autor responsable de tres delitos de asesinato.
La sentencia considera hechos probados que el 23 de marzo de 2019, a las 3 de la madrugada, el acusado, sin antecedentes penales, cuando se encontraba en su domicilio sito en Arona, se propuso acabar con la vida de su sus familiares, con quienes convivía.

Para ello acudió a la cocina, cogió unos guantes de látex, se los colocó, empuñó un cuchillo de unos 15 centímetros de longitud y subió al primer piso de la casa, donde estaba la habitación de sus padres. Una vez allí, viendo que dormían, asestó varias puñaladas a su padre, hasta que se aseguró su muerte.
Al despertarse su madre, Carmen, el acusado se abalanzó sobre ella y le propinó diversas cuchilladas en el pecho, degollándola y en la espalda cuando ya yacía en el suelo, boca abajo, causándole así la muerte.
El asesino, al percatarse de que su abuelo, Luciano, se había despertado alertado por los gritos que provenían de la planta superior, bajó al dormitorio del primer piso y le asestó una puñalada en el pecho que le causó la muerte, así como un corte en el cuello y varias heridos penetrantes en el tórax y en el hombro izquierdo.
La noche de los crímenes, una médico del Servicio de Urgencias Canario (HUC) refirió que el asesino le comunicó que «alguien había entrado a robar y había matado a sus padres».
En el juicio, el reo reconoció la autoría de los hechos, en una noche en la que se había fumado un porro en su habitación.
Los profesionales sanitarios que acudieron al lugar de los hechos la noche del crimen testificaron que «encontraron al chico muy nervioso, tembloroso, sangrando por la mano derecha».
De acuerdo con el informe médico forense, el condenado no sufría una patología mental que pudiera ser una eximente para estos crímenes.
Contra la sentencia cabe recurso de apelación ante la Sala de lo Civil y Penal del Tribunal Superior de Justicia de Canarias.




















































