Hay dos elementos en que se basa la eficacia de la oración: el Pensamiento y el Amor. Vamos a explicar su eficacia, desde un punto de vista humano, científico y psicológico.
Heisemberg, el famoso físico del principio de incertidumbre, dijo que el Universo es Mental. Todo lo que ha sido Creado antes se ha Pensado.
Imaginad solo nuestra galaxia a la que pertenecemos, con nuestro sistema solar y nuestro planeta. ¿Podemos imaginar a la mente que la ha pensado y después creado y materializado?
Desde luego un señor con barbas blancas antropomórfico, pues no cabe…
En esta época materialista y de pseudointelectuales, donde solo se acepta aquello que se puede medir y pesar, Ken Wilber, en su libro sobre Escritos místicos de los físicos más famosos del mundo, dice: si la ciencia estuviera limitada al campo de los objetos, “ físico sensoriales” , entonces ni las matemáticas, ni la lógica, ni la psicología, ni la sociología podrían ser considerados como disciplinas “científicas”, en cuanto que los aspectos centrales de todos ellos no tiene carácter sensorial, ni empírico, ni físico, sino metafísico.
Decía Heisemberg ue el pensamiento es energía que crea mundos, galaxias, sistemas solares…y una oración bien dicha, ¿no puede ser el caballo formado por palabras, que lleva la energía de un pensamiento creador de deseos físicos, emocionales , mentales y espirituales? Y esos pensamientos creadores de energía, ¿pueden unirse a otros pensamientos de la misma energía y unirse? La unión hace la fuerza tanto en el mundo físico como en el mental, por eso rezar en grupo tiene más fuerza.
Y volvamos a esa mente, capaz de materializar por expreso deseo de su voluntad, galaxias.
Otro principio del Universo Mental, es la energía del Amor. Esa energía que cohesiona y une la estructura universal y le da coherencia. El Amor es el Poder que está detrás de las apariencias externas y el motivador del Universo. Cuando hablamos de la Ciencia del Amor con mayúsculas no nos referimos a “esos amores emocionales, pasionales y enamoradizos de los humanos que confunden el amor con la vanidad, los celos y el orgullo”.
Ese Amor se manifiesta por ese Ser, cuando le pedimos ayuda, utilizamos esa energía mental y nos comunicamos con esa poderosa mente capaz de crear universos. ¿Y cómo diablos, con perdón, un pequeño ser humano puede llegar a una mente tan poderosa capaz de fabricar galaxias materiales? Cuanto más elevado y excelso sea un Ser, no es cierto que sea más difícil llegar a su conciencia, sino al contrario; mientras más elevada sea su consciencia, más fácilmente será afectada.
Estamos en una época de grandes tribulaciones y la necesidad de invocar toda la ayuda posible a título personal o grupal no la podemos despreciar ni obviar.
Hay gente que sabe lo que es la oración. Hay gente que cree en la oración. Y gente que ni lo uno ni lo otro. Cada cual tiene la libertad de escoger en qué campo de la inteligencia mental se quiere mover o situar. Hay un conocimiento lógico y racional al cual pertenece el mental inferior. Y hay un conocimiento intuitivo al que pertenece el mental superior. No podemos olvidar la ayuda física, emocional, mental y espiritual de la oración, esa comunicación mental con un Ser superior. En todas las épocas de la humanidad, en todas las civilizaciones, de una manera u de otra, se realizaba esta comunicación mental. ¿Vamos a quitar a esta humanidad sufriente la posibilidad de este alimento espiritual? Yo no.
Y qué mejor modo de acabar esta reflexión sobre la oración, que exponer la más importante oración después del Padre Nuestro, la Sagrada Invocación:
«Desde el punto de Luz en la Mente de Dios,
que afluya luz a las mentes de los hombres,
que la Luz descienda a la Tierra.
desde el punto de Amor en el Corazón de Dios,
que afluya amor a los corazones de los hombres,
que Cristo retorne a la tierra.
Desde el centro donde la Voluntad de Dios es conocida,
que el propósito guíe a las pequeñas voluntades de los hombres;
el propósito que los Maestros conocen y sirven.
Desde el centro que llamamos la raza de los hombres,
que se realice el Plan de Amor y de Luz,
y selle la puerta donde se halla el mal.
Que la Luz, el Amor y el Poder, restablezcan el plan en la Tierra.

ABEL ROMAN
Presidente del Instituto Canario de Ciencias Humanitarias




















































