PLANETA CANARIO
Rafael Hernández, el Mudito, está a punto de cumplir 100 años y es la memoria viva de los antiguos barrios chicharreros de Los Llanos y El Cabo. La suya fue una de las más de 1.000 familias desalojadas de esa parte de la capital tinerfeña próxima al mar, muchas de ellas contra su voluntad, entre los años 60 y principios de los 70, en un proceso urbanístico con sus luces y sus sombras inmobiliarias.
Medio siglo después, la Asociación Salvar la Historia ha promovido un homenaje a este vecino (de pequeño, su madre solía decirle que “se iba a quedar mudito” y, de ahí, su apodo) con una memoria prodigiosa que ha permitido rescatar muchos detalles de la vida de estos barrios, en los que también se incluye la Concepción y Cuatro Torres.
Este anciano, según explica el coordinador de la asociación, Antonio Martín Pérez, «desarrolló una labor que cohesionaba estos barrios; fomentó la ayuda mutua entre vecinos; dotó de sentido gran parte de la vida de muchos niños al crear junto con Luis de los Reyes el Club de fútbol infantil Regla; jugó en el Real Unión; estuvo movilizado entre guerra y posguerra, siete años; cayó enfermo de tuberculosis, pero se curó, aprendió a poner inyecciones y luego las ponía de firma altruista a los enfermos del barrio; tuvo dos bares en Los Llanos y luchó por evitar la cantada desaparición de la ermita de regla».

Residente ahora en Candelaria (todos aquellos vecinos fueron desarraigadas del entorno en que se criaron, y llevados al extrarradio urbano, en contra de la promesa inicial de reubicarlos en la misma zona), Rafael Hernández recibió este viernes un sentido reconocimiento en una acto celebrado en el local de la ONCE, sito en la avenida de San Sebastián, de Santa Cruz de Tenerife.
Se le homenajeó «por su aportación a la recuperación de la memoria histórica, la antropología cultural y la dignidad de los barrios de la ciudad, así como por su dedicación a los demás y al desarrollo de la ayuda mutua y de una vida sana a través del deportes», subraya la asociación Salvar La HIstoria.
Rafael, cuyo sobrenombre ya ha sido explicado, es un conversador nato que ha trabajado en diferentes oficios tras abandonar la escuela a temprana edad. Ayudante de grabador, pintor, vendedor del periódico El Día…

Cuando llegó la Guerra Civil, como tantos otros jóvenes de aquella época en Canarias fue obligado a alistarse en el bando franquista y luchar en el frente del Ebro. En su juventud cayó enfermo de tubercolosis y fue ingresado en un sanatorio. Allí aprendió a poner inyecciones, una habilidad que también puso al servicio de sus vecinos.
Después de probar en varios empleos, Rafaele hizo de la hostelería su actividad permanente, al frete de dos bares, combinado con una de sus pasiones: el fútbol. Fue fundador, junto con Luis de Los Reyes, del Infantil Regla, equipo de gran fama que aglutinó a gran parte de la infancia y juventud de la zona de Los Llanos.

En el acto estuvieron presentes la alcaldesa, Patricia Hernández; y la concejal de Patrimonio Histórico, Matilde Zambudio, entre otros cargos públicos. Un homaneja en el que también participaron la Asociación de Amigos de Los Llanos y la Federación de Fútbol de Tenerife.
De aquellos antiguos barrios apenas sobreviven las ermitas (de Regla, de San Sebastián y de San Telmo) y una antigua fortificación militar, la de San Francisco. El resto fue pasto de las palas, y ocupado por las nuevas avenidas y urbanizaciones del barrio que se denominó Cabo Llanos, convertido luego en una zona de expansión de Santa Cruz donde los vecinos desalojados han visto mucha especulación con el suelo.

Los barrios desaparecidos eran humildes, de casas la mayoría terreras, y algunas de dos plantas, alternadas con ciudadelas. Sus habitantes eran trabajadores, clase baja de la ciudad. Pasaron muchas penurias tras la Guerra Civil, y los realojados por aquel plan urbanístico de 1957 recibieron nuevas viviendas de protección oficial, en urbanizaciones situadas en el extrarradio de la urbe, donde todavía todo estaba por hacer, lejos del entorno marinero en el que se habían criado. Junto al mar habían convivido felices, pese a las dificultades. En su nuevo y más moderno hogar, nunca olvidaron sus raíces en el antiguo Cabo Llanos.





















































