PLANETA CANARIO
El sismólogo Itahiza Domínguez forma arte del equipo de Instituto Geográfico Nacional (IGN) que vigila la reactivación volcánica de Cumbre Vieja. Ese físico majorero ha conversado con PLANETA CANARIO sobre la catastrófica erupción que ha tenido lugar en el valle de Aridane (entre el 19 de septiembre y el 13 de diciembre), en una especie de balance de todo lo ocurrido desde el punto de vista geológico, así como lo esperable en esta fase posteruptiva, además de su propia experiencia personal, en el lado más humano, sobre esta emergencia para 7.000 personas evacuadas, miles de las cuales perdieron sus propiedades arrasadas por la lava.
¿Qué quiere decir el Comité Científico cuando afirma que el final de la erupción no implica necesariamente el final de la reactivación volcánica en Cumbre Vieja?
«La erupción dura el tiempo en que sale el material juvenil, pero el proceso magmático no ha acabado, pues empezó con fenómenos precursores, años antes, y una semana antes fueron muy evidentes. Este proceso magmático realmente no ha acabado, todavía hay material a mucha temperatura, hay magma ahí debajo -es normal, nunca sale todo- pero no tiene ya fuerza para llegar a la superficie. Ahora mismo eso no quiere decir que se vaya reactivar, pero no se puede descartar del todo. Hay que tener en cuenta que en El Hierro duró cuatro meses y medio la erupción, acabó en febrero de 2012 oficialmente, pero el proceso magmático se prolongó hasta años después. Y por no hablar del enfriamiento de todo ese material que no ha salido, que todavía puede generar muchos gases. Y exteriormente todavía esta caliente el material emitido».
¿Qué explicación científica tiene la actual sismicidad?
«Toda esa parte de la isla ha sido afectada muchísimo en la zona intermedia, donde colisionaba material que venía de muy abajo con la parte baja de la isla; eso está muy fracturado y todavía puede generar terremotos durante mucho tiempo debido a la relajación del sistema, que se ha presurizado y esa presión va disminuyendo. Todavía hay material fundido, que se está enfriando y se encoje, lo que produce pequeños reajustes de la roca. También hay sismos superficiales, debidos a que el material está alterado en esa zona, hay coladas de lava que son un peso sobre la propia isla que también puede afectar. La isla de La Palma tiene una sismicidad de fondo muy baja: antes de 2017 eran 20 o 30 sismos al año, y para volver a ese nivel falta mucho tiempo. Podría haber una reactivación sísmica, no se puede descartar, pero a medida que pase el tiempo es cada vez más difícil».
¿Cuánto tiempo pueden durar las altas temperaturas que se detectan a través del grietas en los cráteres? ¿Y en las coladas?
«Es complicado de saber exactamente. Hay que pensar que el material que ha salido se ha enfriado en su parte superior y es muy mal conductor del calor, con lo cual en el interior la temperatura se mantiene muy alta mucho tiempo. En las propias coladas puede haber material incandescente. Y cerca del cono es normal Lo que vemos suelen ser aberturas, grietas, donde observamos la parte incandescente, que se irá enfriando poco a poco. En el cono puede quedar mucho material a temperaturas muy altas. Puede tardar meses en enfriarse. En otros lugares del mundo ha llegado a haber tubos lávicos con material incandescente un par de años después de acabada la erupción. Es algo que tener en cuenta. Aquí hay coladas con mucha altura, del orden de 40 o 50 metros, donde puede haber material incandescente durante mucho tiempo. Es imposible dar una fecha exacta. Timanfaya todavía tiene calor remanente».
Así que todo lo que se haga sobre la lava a partir de ahora requerirá de un estudio previo científico para determinar los peligros…
«Así es. Hay que pensar que las coladas, a medida que se enfrían, se van encogiendo, al igual que el cono. Incluso hacer una carretera sobre una colada de lava tiene el riesgo de que cuando pase el tempo se puede asentar un poco más el terreno. Habrá que hacer un seguimiento de cuánto tiempo tiene que pasar para que se ese asentamiento de las coladas no afecte a las carreteras».
Desde el punto de vista científico, ¿qué te ha llamado más la atención de esta erupción?
«Hay muchas cosas, pero una que me ha sorprendido mucho es la cantidad de ceniza que ha emitido. Algunos no nos esperábamos tanta. Lo que nos dicen los geólogos es que por el volumen de material no es de extrañar. Y también me sorprendió la rapidez de la actividad precursora, en apenas una semana. La anterior en El Hierro duró tres meses. En La Palma en solo una semana el magma llegó desde la corteza, desde base de la isla a 11 km, a la superficie».

¿Y desde desde el punto de vista humano qué te ha sorprendido más?
«Bastantes costas también. Nuestro centro de atención está en Tajuya. Al principio de la erupción había mucha gente mirando si su casa estaba destruida por las coladas, y no podíamos hacer nada. Nos ha sorprendido la actitud de la gente hacia nosotros, han sido muy pacientes, nos han apoyado muchísimo, y nos hemos sentido arropados. A nivel personal, he sentido la presión de los medios de comunicación, que ha sido bastante impactante, tal vez por la magnitud de la catástrofe. Ha habido parte de bueno en eso, porque se ha podido divulgar mucha información útil, calmar a la gente y desmentir bulos».
Ustedes se han cansado de repetir que la vulcanología tiene unos límites, no puede dar respetas ni absolutas ni certeras al 100% ¿En qué aspectos esta ciencia ha podido ayudar desde la perspectiva de protección civil?
«Lo primero era alertar a Protección Civil y las autoridades de que podíamos asistir a una erupción. En una semana se puso en marcha el proceso. Se dio información aproximada de dónde podía ocurrir. El problema es que no es una ciencia precisa, tiene predicciones peores que la meteorología. En Canarias además las erupciones no ocurren en el mismo sitio siempre, son monogenéticas y eso es una variable más que dificulta predecirlas. En otras partes del mundo con muchas erupciones, varias al año, los pronósticos no son mucho mejores. Nos falta mucho por aprender, aprendimos mucho de El Hierro, nosotros y las autoridades. Creo que se actuó ahora de forma mucho mas rápida y con sistemas automáticos para hacer análisis a tiempo real. La crisis preeruptiva fue muy rápida en Cumbre Vieja, como he comentado antes: apenas una semana y teníamos que dar respuesta para que las autoridades estuvieran preparadas. El punto exacto de la erupción no es fácil de determinar».

¿Y cuáles son las líneas de investigación que deben seguirse ahora para avanzar en la predicción de las erupciones?
«Debemos seguir mejorando en el pronóstico y en el seguimiento, qué peligros son esperables y con qué señales. Quedan muchos años en que podremos analiza estos datos y tendremos conclusiones mejores. Pero hemos visto que ciertos fenómenos precedían a otros en superficie. Hay que seguir esas líneas de investigación para reducir el riesgo para las personas, porque no podremos evitar que la erupción destruya casas. En lo que ha habido éxito es en la protección de las personas».
Los gases constituyen otro peligro: ¿hasta cuándo y en qué zonas debe tenerse más cuidado?
«Los gases se producen básicamente por el enfriamiento de las coladas, pues el material incandescente tiene gases disueltos y al enfriarse se liberan. El problema es que a veces se concentran en ciertas zonas. Eso es lo que hay que controlar. En el cono volcánico es bastante peligroso, no se puede acceder sin máscaras de gas y medidores .El tiempo que habrá que esperar para que no haya gases peligrosos es difícil de determinar: en el cono, meses, y en zonas puntuales, depende de las mediciones. Hay que pensar que ese trabajo de tres meses de evitar el riesgo para las personas no hay que echarlo ahora por la borda por querer ir más rápido de la cuenta. Por eso es importante hacer un seguimiento de esos gases».
Eres experto en sismología. Durante esta erupción las hipótesis científicas sobre el enjambre sísmico paralelo a la emisión de lava han oscilado entre los reajustes y el ascenso de magma, entre otras explicaciones. Acabado ya el fenómeno eruptivo, ¿qué podrías concluir en este sentido?
«Está claro que una nueva intrusión de magma no eran el motivo de la sismicidad. La respuesta correcta todavía no la tenemos, perro lo más probable es que fueran cursos de magma o aportaciones nuevas de magma que afectaban al sistema de la corteza, por la presión. Teníamos una zona intermedia, a 10-15 km, y otra profunda, a 30-40 km, que es donde parece que se acumulaba el magma durante mucho tempo. No está del todo claro por qué se producían terremotos en la zona profunda; estamos viendo si era por efecto del vaciado del sistema y disminuía la presión y se generaban sismos por reajustes, con magnitud importante; lo cual podía deberse a nuevo aporte de magma, con una especie de efecto de tubo de pasta de dientes. El magma se genera a 100 km de profundidad. En la parte intermedia sí parece claro que los sismos se producían por aportes de magma. Cuando había sismicidad profunda al poco tiempo había sismicidad intermedia, incluso la deformación que había cercana a la erupción. Hay toda una relación de fenómenos, no lo tenemos aún claro al 100%, pues esto tiene que pasar una serie de procesos de estudio. Hubo momentos de mucha actividad sísmica en zona intermedia y parece que tenían que ver con esos nuevos aportes. Por eso en los últimos días es cuando vimos una aumento de sismicidad en la zona. Pero insisto en que no era una nueva intrusión de magma diferente. Y ahora seguimos teniendo sismicidad porque se ha visto tan afectada la zona que la roca se tiene que reajustar».
La sociedad palmera tendrá ahora que debatir qué hacer con la zona cubierta de lava por esta erupción, que partes se vuelven o no a urbanizar. Para ese debate, parece razonable que un criterio será el de sopesar el riesgo volcánico. ¿Tiene un planteamiento al respecto? Es decir, como científico que estudia y vigila lo que ocurre bajo las islas, ¿debemos establecer oficialmente que hay zonas más seguras que otras geológicamente hablando?
«Es algo que se debe decir en función de los mapas de peligrosidad volcánica, pero es complicado porque no hay mucha erupciones históricas, y no pueden ser mapas muy precisos por eso. Es otra línea de investigación a la que habrá que dar mucha fuerza. La cuestión es que en la zona susceptible de erupciones en La Palma es todo el sur de la isla. La clave es qué probabilidad hay en los próximos años de una nueva erupción. En sismología se tiene en cuenta lo ocurrido en 500 años para ciertas infraestructuras. Las infraestructuras muy delicadas no se pueden poner en zona susceptibles de erupciones, pero entiendo que tampoco se pueden deshabitar esas zonas. Es un tema delicado, no es mi campo realmente, ni siquiera as nuestra responsabilidad; pero a nivel personal pienso que se pueden delimitar ciertas zonas de mayor susceptibilidad, pero es complicado porque no hay muchos datos. En La Palma ha habido 7 erupciones históricas en la zona sur; prehistóricas las ha habido en otras zonas. La probabilidad en 100 años de que a alguien concreto le afecte una erupción en Cumbre Vieja es relativamente baja, pero cuando llega, a quien le afecta, ¿qué le vas a decir, que su probabilidad era baja? Hay que tener en cuenta sistemas de reacción ante erupciones, más que cambiar la forma de vida de la gente en la zona; es decir, estar preparados par ayudar a la gente que le ocurra. Que haya erupciones en La Palma en 50 o 100 años es relativamente alta pero afectando a una zona delimitada. Esta erupción ha afectado a una zona amplia y muy habitada».
La concentración de sismos en algunas zonas de Canarias nos da, afortunadamente, pistas de dónde hay más probabilidad de fenómenos asociados al vulcanismo. En este sentido, ¿cómo valorar científicamente la sismicidad en Tenerife, tanto al noroeste-oeste de la isla como al este, bajo el mar?
«Las islas son volcánicamente activas pero no todas funcionan igual. El Hierro antes de la erupción tenía 450-1000 terremotos al año y ahora 150-200, lo cual es normal. Y Tenerife tiene sismicidad de base bastante mas alta entre 500 y 1000, pero son casi siempre terremotos muy pequeños, pues tenemos capacidad de localizar inferiores a 1. Lo que si hemos visto en Tenerife en los últimos 5 años es que se concentran en tres o cuatro zonas: Adeje, Vilaflor, Las Cañadas -donde ha habido algunos enjambres- en la base del Teide, al norte – probablemente debido a que hay una cámara magmática en el Teide; y entre Tenerife y Gran Canaria. En Tenerife parece que la situación sigue estable, lo que no quiere decir que no pueda haber una erupción en los próximos años, pues probabilidades las hay de modo que, la pregunta no es si va a haberla sino cuándo. Lo lo iremos sabiendo a medida que estudiemos los datos».





















































