VICENTE PÉREZ
Moisés Pérez es un fotoperiodista de raza, curtido en mil batallas informativas desde hace décadas, y amante incondicional de su ciudad: Puerto de la Cruz. Es la ciudad turística del norte de Tenerife por excelencia, y el lugar por donde entró el turismo de masas en la isla. Ahora se oye más que nunca el silencio del mar en cualquier parte de la ciudad, vaciada de visitantes, con las calles desiertas y sus cerca de 40.000 habitantes confinados en sus casas por la pandemia del coronavirus COVID-19.
En realidad nunca antes ni esta zona turística, ni las demás en Canarias, habían estado así de vacías. Es una situación jamás vivida, y en este ambiente extraño, sobrecogedor, Moisés Pérez, aprovechando que él sí puede salir a la calle por su profesión, ha decidido grabar lo que ve y lo que oye, y poner el vídeo a disposición de quien quiera divulgarlo por las redes sociales o en los medios de comunicación (PLANETA CANARIO lo ofrece íntegro en resolución media).
«Con este vídeo quiero mostrar rincones de nuestro querido Puerto de la Cruz que siempre han sido muy visitados, como su costa, y el rumor del mar, que ahora se oye con una nitidez increíble, y que en esta situación que vivimos emociona aún más», afirma este reportero gráfico portuense.

En el vídeo, de ritmo lento, como es el que ahora tiene casi todo, menos el avance de la pandemia, puede verse una panorámica de parte del valle de La Orotava con el pico Teide asomando sobre las laderas, con una zona residencial y alojativa de Puerto de la Cruz en primer plano, en medio de un silencio inédito, en el que se escucha incluso la respiración de uno mismo, y es como si la naturaleza se colara en el mundo urbano y en el propio cuerpo del observador.
Moisés Pérez se detiene también en la playa del Muelle, tan llena de historia, con sus cuatro siglos a cuestas, y los diques de un puerto de piedras que se pierden en la noche marinera de los tiempos, con ecos imaginarios de barcos antiguos que se llevaban y traían mercancías a Europa y América. Y allí se queda casi estático, dejando que el mar y la historia lo envuelvan, en medio de la soledad y la callada atmósfera, desprovisto todo de presencia humana.
«Impresiona ver este lugar tan emblemático así de silencioso y desierto, pero yo no quiero incidir en esa parte melancólica, que es inevitable por la situación que vivimos, sino que pretendo que la gente que vea el vídeo pueda disfrutar de esos rincones desde su teléfono móvil o su ordenador, y nos dé fuerzas para entre todos derrotar este virus y recuperar pronto la vida que tenían estas calles y esta costa», reflexiona este artista de la mirada a través del objetivo.
Otro lugar que capta con su cámara es la a veces tempestuosa playa de Martíánez, a los pies de la ladera de Martiánez y con los acantilados de Acentejo en la lontananza. Y se para además frente al litoral de San Telmo, en un mirador desde donde los visitantes siempre son multitud para ver las olas estruendosas y gigantes del Atlántico rompiendo contra las rocas volcánicas. En el vídeo el famoso paseo de este lugar se ve sin un alma.
«Desde el propio balcón de mi casa puedo hacer fotos a muchas cosas, al cielo, al paisaje, a la Luna, a la noche», afirma este fotoperiodista que estos días retrata tal vez detalles que antes podían pasar desapercibidos a nuestro alrededor. Son los sonidos que, paradójicamente, permite escuchar el vacío dejado por el coronavirus en una ciudad clave en la historia de Tenerife.
Sonidos de los que se puede aprender y que un día, nadie lo duda, volverán a llenarse de la humanidad que ahora está recluída en sus casas, allí mismo, o en ciudades lejanas del Viejo Continente, añorando, tal vez, regresar de vacaciones al cálido, saludable y hospitalario Puerto de la Cruz.




















































