Cuando pase un tiempo, cuando lleguen las navidades de algunos años mas, algunos niños le preguntaran a sus padres: mamá, papá, en verdad soy hijo del Coronavirus; y, quizas, no habrá mas remedio que decirle la verdad. Sí, hijo, eres fruto del Real Decreto de Pedro y Pablo; la verdad es que había que aprovechar el tiempo en algo.
Tu hijo tambien te preguntará por el mundo, te preguntará si esa pandemia hizo que la vida cambiara, si a partir de ese momento comenzamos a mirar a nuestro planeta con respeto, si comenzamos a darnos cuenta de que no somos invencibles, si comenzamos a darnos cuenta del sufrimiento de muchos seres vivos que comparten nuestro planeta y que nos sirven para descargar sobre ellos nuestra mediocridad como seres humanos.
El mercado de Wuhan es una muestra de lo que somos, de nuestro abuso hacia otros seres que sienten, que son sensibles al cariño y al horror que les ha tocado vivir. Resulta paradógico que haya nacido allí esta pandemia que nos infecta la sangre y el corazón. Hemos acabado con un planeta que nunca nos hemos merecido.
Los señores de Wall Street y del Ibex 35 seguro que sacarán provecho. Saben que estamos más preocupados por recuperar nuestro dinero de las vacaciones que de cambiar definitivamente nuestro destino. Esta vez les ha servido no solo para limpiar a los improductivos y a los que no tienen recursos, sino para recuperar el dinero triplicado a corto plazo. Sí, hijo, eres ahijado del coronavirus. Quizás tu hijo te pregunte: ¿sirvió para algo aquello?
FERNANDO MARTÍN ACOSTA,
educador de prisiones.
Cuando pase un tiempo, cuando lleguen las navidades de algunos años mas, algunos niños le preguntaran a sus padres: mamá, papá, en verdad soy hijo del Coronavirus; y, quizas, no habrá mas remedio que decirle la verdad. Sí, hijo, eres fruto del Real Decreto de Pedro y Pablo; la verdad es que había que aprovechar el tiempo en algo.
Tu hijo tambien te preguntará por el mundo, te preguntará si esa pandemia hizo que la vida cambiara, si a partir de ese momento comenzamos a mirar a nuestro planeta con respeto, si comenzamos a darnos cuenta de que no somos invencibles, si comenzamos a darnos cuenta del sufrimiento de muchos seres vivos que comparten nuestro planeta y que nos sirven para descargar sobre ellos nuestra mediocridad como seres humanos.
El mercado de Wuhan es una muestra de lo que somos, de nuestro abuso hacia otros seres que sienten, que son sensibles al cariño y al horror que les ha tocado vivir. Resulta paradógico que haya nacido allí esta pandemia que nos infecta la sangre y el corazón. Hemos acabado con un planeta que nunca nos hemos merecido.
Los señores de Wall Street y del Ibex 35 seguro que sacarán provecho. Saben que estamos más preocupados por recuperar nuestro dinero de las vacaciones que de cambiar definitivamente nuestro destino. Esta vez les ha servido no solo para limpiar a los improductivos y a los que no tienen recursos, sino para recuperar el dinero triplicado a corto plazo. Sí, hijo, eres ahijado del coronavirus. Quizás tu hijo te pregunte: ¿sirvió para algo aquello?
FERNANDO MARTÍN ACOSTA,
educador de prisiones.
Cuando pase un tiempo, cuando lleguen las navidades de algunos años mas, algunos niños le preguntaran a sus padres: mamá, papá, en verdad soy hijo del Coronavirus; y, quizas, no habrá mas remedio que decirle la verdad. Sí, hijo, eres fruto del Real Decreto de Pedro y Pablo; la verdad es que había que aprovechar el tiempo en algo.
Tu hijo tambien te preguntará por el mundo, te preguntará si esa pandemia hizo que la vida cambiara, si a partir de ese momento comenzamos a mirar a nuestro planeta con respeto, si comenzamos a darnos cuenta de que no somos invencibles, si comenzamos a darnos cuenta del sufrimiento de muchos seres vivos que comparten nuestro planeta y que nos sirven para descargar sobre ellos nuestra mediocridad como seres humanos.
El mercado de Wuhan es una muestra de lo que somos, de nuestro abuso hacia otros seres que sienten, que son sensibles al cariño y al horror que les ha tocado vivir. Resulta paradógico que haya nacido allí esta pandemia que nos infecta la sangre y el corazón. Hemos acabado con un planeta que nunca nos hemos merecido.
Los señores de Wall Street y del Ibex 35 seguro que sacarán provecho. Saben que estamos más preocupados por recuperar nuestro dinero de las vacaciones que de cambiar definitivamente nuestro destino. Esta vez les ha servido no solo para limpiar a los improductivos y a los que no tienen recursos, sino para recuperar el dinero triplicado a corto plazo. Sí, hijo, eres ahijado del coronavirus. Quizás tu hijo te pregunte: ¿sirvió para algo aquello?
FERNANDO MARTÍN ACOSTA,
educador de prisiones.
Cuando pase un tiempo, cuando lleguen las navidades de algunos años mas, algunos niños le preguntaran a sus padres: mamá, papá, en verdad soy hijo del Coronavirus; y, quizas, no habrá mas remedio que decirle la verdad. Sí, hijo, eres fruto del Real Decreto de Pedro y Pablo; la verdad es que había que aprovechar el tiempo en algo.
Tu hijo tambien te preguntará por el mundo, te preguntará si esa pandemia hizo que la vida cambiara, si a partir de ese momento comenzamos a mirar a nuestro planeta con respeto, si comenzamos a darnos cuenta de que no somos invencibles, si comenzamos a darnos cuenta del sufrimiento de muchos seres vivos que comparten nuestro planeta y que nos sirven para descargar sobre ellos nuestra mediocridad como seres humanos.
El mercado de Wuhan es una muestra de lo que somos, de nuestro abuso hacia otros seres que sienten, que son sensibles al cariño y al horror que les ha tocado vivir. Resulta paradógico que haya nacido allí esta pandemia que nos infecta la sangre y el corazón. Hemos acabado con un planeta que nunca nos hemos merecido.
Los señores de Wall Street y del Ibex 35 seguro que sacarán provecho. Saben que estamos más preocupados por recuperar nuestro dinero de las vacaciones que de cambiar definitivamente nuestro destino. Esta vez les ha servido no solo para limpiar a los improductivos y a los que no tienen recursos, sino para recuperar el dinero triplicado a corto plazo. Sí, hijo, eres ahijado del coronavirus. Quizás tu hijo te pregunte: ¿sirvió para algo aquello?






















































