VICENTE PÉREZ
El historiador y sociólogo tinerfeño Alvaro Santa Acuña, en la actualidad profesor de Sociología en Whitman College, ha vuelto a poner el grito en el cielo por las insuficientes medidas antiincendios de los cascos históricos canarios, y, en especial, del conjunto histórico de La Laguna, declarado Patrimonio de La Humanidad.
«Arde el Ateneo [de La Laguna]. Hace más de 12 años ya advertí de la desprotección de más del 80% de las casas del centro histórico», publicó en Twitter el 4 de octubre, cuando ocurrió el incendio de la histórica sociedad lagunera, recordando un artículo suyo que apareció en la prensa provincial en el año 2007 criticando el traslado fuera del casco histórico lagunero del parque de bomberos.
E insistió este doctor por Harvard, donde además fue docente: «Hoy arde el Ateneo. Ayer ardió el Obispado. ¿Qué arderá mañana? Por desgracia tengo tirar de la hemeroteca para demostrar que no se ha hecho nada en 12 años».
En declaraciones posteriores a PLANETA CANARIO, el sociólogo -que publicó un artículo en The New York Times a raíz del incendio en la catedral de Notre Dam, reflexiona que «lo ocurrido en el Ateneo viene a confirmar que en La Laguna en gestión patrimonial se ha seguido apostando por el ornato de edificios y calles, pero no se ha invertido en protección a largo plazo a través de sistemas de detección y prevención de incendios», lo que pudiera además dar lugar a un incendio de grandes proporciones.

Lamenta este exprofesor de la prestigiosa Universidad de Harvard que «sólo algunos de los edificios más emblemáticos de La Laguna tienen un sistema de detección y extinción de incendios autónoma, por lo que hay que esperar a que salga humo y alguien lo vea para que se llame a los bomberos, y ese tiempo que se pierde son minutos preciosos que resultan necesarios para apagar el fuego en inmuebles que tienen mucha tea y tienen materiales altamente inflamables».
Como hiciera con el incendio del Obispado en 2006 o de la catedral de Notre Dame este año, Santana plantea ahora también que «las instituciones públicas tienen que abordar seriamente la necesidad de crear una red de detección de incendios dentro de los bienes catalogados por la Unesco; poner como mínimo sistemas de detección que permitan automatizar las alarmas, térmicas o que detecten humo, de modo que salte aviso en la red automatizada dentro del sistema de emergencias que tenga un parque de bomberos municipal».

Recuerda este sociólogo estudioso del patrimonio histórico que en Notre Dam «hubo un error humano, porque el sistema de detección de incendios advirtió de que había un punto térmico anormal en el tejado, se le notificó al cuerpo de detección, pero fue un error del técnico que no supo ubicar el lugar exacto y mandó al inspector a otra parte de la catedral». «Aquí se trataría de implantar un sistema que permitiese automatizar alarmas y eliminar el posible factor humano», apostilla Santana, una constante voz crítica sobre las deficiencias en la gestión del patrimonio cultural.
En el caso del Ateneo de La Laguna, que contaba con alarma contraincendios en la fachada del inmueble, el fuego se originó en el tejado del edificio, y según ha trascendido, la investigación policial concluyó de forma preliminar que el siniestro tuvo su origen en unas obras de impermeabilización en la cubierta del inmueble, para colocar una capa asfáltica en la que se utiliza calor. De hecho, testigos presenciales indicaron que el día del incendio, tras sofocarse las llamas, la Policía científica se llevó del lugar, precintadas, un soplete y una bombona de las utilizadas para este tipo de trabajos.
El fuego provocó el derrumbe del tejado y afectó también a la segunda planta del inmueble, que ha tenido que ser apuntalado como medida preventiva pero que no tiene daños estructurales, por lo que podrá ser rehabilitado.

En un artículo publicado en abril por The New York Times, el profesor del Whitman College hizo una reflexión que a su juicio es válida para La Laguna: «El incendio de Notre Dame evidencia también un grave problema denunciado por la Unesco y otras instituciones de conservación patrimonial: la carencia generalizada de planes para gestionar siniestros en edificios de alto valor histórico. En un incendio en pleno centro de París, pasaron preciados minutos antes de que los bomberos apareciesen con sus mangueras en el techo de la iglesia. Para ese entonces las llamas se habían adueñado del techo de maderas centenarias y su avance era imparable».
En el caso de La Laguna, tras el incendio del Obispado, ubicado en el palacio de Salazar, se han instalado sistemas contraincendios en grandes inmuebles religiosos, como en la restauración -prácticamente reconstrucción- de la sede episcopal o el santuario del Cristo.





















































