PLANETA CANARIO
El profesor de Química de la Universidad de La Laguna (ULL), Javier Hernández Borges, uno de los participantes en un reciente estudio sobre los microplásticos en playas de Tenerife, ha puesto de relieve en la Universidad de Verano de Adeje (UVA) este problema a nivel global, y, en el caso de la Isla, se constató que afecta de manera significativa a playa Grande, en Arico.
La investigación fue un trabajo fin de grado, en el que se analizaron seis playas, dos en el norte y cuatro en el sur. Se hizo un muestreo puntual entre octubre y diciembre de 2018 y se vio que en cinco de ellas los índices de microplásticos era relativamente bajo. La sexta, Playa Grande en el Porís, registró unos 3.000 fragmentos por metro cuadrado, que equivalen a 99 gramos por metro cuadrado y supone un contenido de microplásticos muy elevado.
La razón es que esta zona litoral orientada a noreste y varios estudios dicen que los microplásticos llegan precisamente desde el nor-noreste. Además, tiene una forma de “U” y unas corrientes en vórtice que hacen que los microplásticos entren en ella pero no puedan salir. Pero esto no es nada nuevo, apuntó el químico, pues la gente del lugar cuenta que esa playa desde siempre ha estado recibiendo restos. De modo que la solución al problema parece complicado a escala local, donde solo se puede actuar limpiando la arena.
PLANETA CANARIO ya se hizo eco desde estudio cuando se dio a conocer y que antes ya había abordado el problema de las oleadas de estos residuos en la playa de Arico, y las insuficientes labores de limpieza que suele acometer el Ayuntamiento de esta municipio, ante la constante llegada de microplásticos. En algunos casos se han llevado a cabo limpiezas con voluntarios, entre ellos una ciudadana alemana cuya historia contó este diario.

Hay que aclarar que desde el punto de vista higiénico sanitario, la Dirección General de Salud Pública del Gobierno canario no ha establecido ninguna recomendación de no bañarse en esta playa de Arico, ni el Ayuntamiento ha prohibido su uso, por lo que desde el punto de vista de las autoridades en esta materia, las aguas son aptas para los bañistas.
Sin embargo, cuando se divulgó este estudio de la ULL, el comunicado afirmaba que los autores de la investigación concluyeron que esta playa era «no era apta» para el baño, si bien en el momento en que se difundió esta noticia, a principios de junio, Salud Pública confirmó a PLANETA CANARIO que sí era apta.
Hernández Borges, que participó en el curso Los microplásticos: un problema con una dimensión global, explicó que la primera publicación científica que alerta del problema a nivel global data de 2005; ya se había visto desde 1970 en adelante el problema de estos residuos que llegaban a las costas y que provocaban enredamientos de organismos vivos, pero no se habían abordado los plásticos de pequeño tamaño.
Una vez fragmentado, los científicos hablan de macroplásticos cuando superan los 25 milímetros; mesoplásticos cuando son de 5 a 25 milímetros; y de ese tamaño hasta una micra, de microplásticos. Incluso se puede hablar de nanoplástico para el que es menor de una micra, y en ese caso, el problema es cómo analizarlos y determinarlos, porque son tan pequeños que requieren otras técnicas.

Se consideran contenientes porque parecen por doquier y tiene origen humano. Se está todavía viendo sus efectos en la salud. Lo que ya se sabe es que si son de tamaño muy pequeño, podrían atravesar las paredes celulares de los microrganismos, y habría que estudiar qué efectos está teniendo. También se sabe que retienen en su superficie contaminantes orgánicos, como plaguicidas o hidrocarburos aromáticos, por lo que si se ingiere el microplástico, podría haber alguna liberación de esos contaminantes, pero eso todavía está en estudios preliminares.
Casi el 80% de las caballas que se pescan en aguas cercanas a Canarias llevan en su estómago microplásticos. La mayoría, fibras sintéticas. Son las conclusiones de un estudio en el que han participado investigadores de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, de la Politécnica de Valencia y de Delaware, Estados Unidos.
“Yo siempre digo que el plástico es el material de los materiales, nuestras vida depende del plástico totalmente, y por eso es bastante difícil volver para atrás”, reflexiona Hernández Borges. Por un lado, se está legislando para que no se haga un uso irracional del plástico y, de hecho, la UE decidió que partir de 2021 no se podrá utilizar plástico de un solo uso que se utiliza para cubiertos, vasos y platos, que será sustituido por otros materiales como el papel o el bambú.
También se están desarrollando plásticos biodegradables, que tiene unas propiedades muy buenas desde el punto de vista medioambiental, pero carecen de otras propiedades como la dureza o la resistencia a la luz o los microrganismos, lo cual los hace inviables desde el punto de vista industrial.
Este químico de la ULL expuso que, básicamente, estos microrresiduos se degradan de cuatro maneras: fotoxidación, debida a la acción de la luz; mecánica, a causa de los golpes; térmica, por el aumento y disminución de temperatura; y, cuando son muy pequeños, por la acción biótica, es decir, originada por organismos. Las más habituales son las dos primeras.

El tiempo que tarde en degradarse el plástico dependerá del tipo de plástico, porque se le añaden distintos componentes para otorgarle propiedades: plastificantes para permitir que se pueda moldear; endurecedores, lo cual hace que sea más difícil de romper en la naturaleza; y otros que le confieren resistencia a la acción de la luz, con lo cual evita la degradación.
Otro factor determinante es dónde y durante cuánto tiempo va a estar expuesto en el medio ambiente, porque no es lo mismo que un plástico aparezca en la parte alta del mar que esté en columna de agua o en el sedimento; en la superficie está a la luz y está más sometido a los choques, por lo que se puede fragmentar más.
Indagando en los orígenes de este material, el experto recordó el dato curioso de que los mayas ya utilizaban plásticos naturales en el 1.600 antes de Cristo, mientras que los sintéticos empezaron en el siglo XX.



















































