Las cabras, y otros animales como las ovejas, cerdos o perros, fueron introducidos en las islas por sus primeros pobladores hace poco más de 2.000 años, un segundo en la historia de la evolución de los ecosistemas en las islas. La evolución no ha tenido tiempo de adaptarse al impacto ocasionado por la llegada de los primeros habitantes de las islas. Es cierto que supuso la desaparición de muchas especies de los ecosistemas canarios, pero cuando lo que está en juego es la supervivencia esa consideraciones no tienen sentido planteárselo como un hecho negativo, solo es algo que sucedió en nuestra historia. El ganado caprino, y en menor medida el ovino, eran básico en la economía de los pueblos prehispánicos y, por supuesto no habían cabras sin dueño, no existían las cabras salvajes, era un lujo que no podían permitirse. El ganado guanil no era salvaje, estaban sueltos pero acotados en un lugar donde fuera posible apañarlos para capturar los baifos y eliminar el exceso de machos debido a la mayor mortalidad de las hembras a causa de las infecciones en las mamas.
Después de la conquista de las islas la ganadería caprina seguiría siendo fundamental para la economía de sus habitantes y, por tanto, tampoco hubo cabras sin dueño y salvajes, todas estaban marcadas. El ganado asilvestrado apareció cuando la ganadería extensiva dejó de ser rentable e incompatible con los nuevos usos del suelo que exigía el nuevo modelo económico basado en el turismo. Una de las primeras medidas que trajo la declaración del Teide como parque nacional fue la de prohibir la ganadería en Las Cañadas y el tránsito de herbívoros por el antiguo camino de Chasna. La consecuencia la podemos disfrutar hoy viendo que la cubierta vegetal que tiene la alta montaña tinerfeña es la mejor en muchos siglos y así lo atestiguan los estudios científicos sobre la evolución de la flora en el parque nacional.
En los últimos decenios han ido desapareciendo los pastores tradicionales, ya no se les ve superando el obstáculo de las “fugas” con la ayuda de la lanza, o astia, porque ahora lo que hay son ganaderos que trabajan con cabras controladas por las administraciones de acuerdo con la normativa europea. Los ejemplares salvajes proceden de domésticos, no son reservas genéticas, depredan sobre especies endémicas con poblaciones muy pequeñas y en muchos casos en peligro de extinción y afectan, en consecuencia, a la supervivencia de la fauna que depende de esas plantas. Además, las cabras, como demuestran los estudios científicos, contribuyen a la dispersión de las especies exóticas, provocan una intensificación de los procesos erosivos en las zonas escarpadas y son un peligro para los senderistas.
No hay ninguna duda en el mundo de la ciencia que las cabras y ovejas salvajes ponen en peligro nuestro más importante patrimonio, incluido el económico, que es poseer una naturaleza singular, una de las regiones del mundo más rica en endemismos. Este grave problema requiere una solución y ésta solo puede venir del mundo de la ciencia y no de las creencias o de los sentimientos. Como esta situación se ha dado en otras islas del mundo, hay experiencia y datos suficientes para que los organismos públicos hagan frente a esta emergencia ecológica. Es la misma solución que se ha utilizado para intentar erradicar muflones y arruis (sin conseguirlo y eso es que se introdujeron para que unos pocos disfrutaran matándolos a tiros). Se aprobó que se hiciera de la manera que implicara menos sufrimiento a estos animales: captura cuando fuera posible y el recurso a la caza cuando sea imposible la captura por lo abrupto del terreno o por no ocasionar sufrimientos innecesario a los acosados animales que suelen terminar despeñándose y, en muchos casos, quedar malheridos en lugares inaccesibles.
Es una plaga, como lo son las culebras californianas en Gran Canaria, las ardillas en Fuerteventura, los conejos en todas las islas, las ratas, las cotorras o las termitas. Estas cabras salvajes no se pueden destinar al consumo, incumplen la normativa sanitaria al ser un peligro para la salud de las personas, tampoco se pueden mezclar con las domésticas y, el mayor número son cabrones y este es el motivo fundamental para que los ganaderos los rechacen. Es decir la única cosa que se puede hacer con los ejemplares capturados es llevarlos al matadero y luego incinerarlos. El dinero público no puede destinarse a dar alojamiento y comida a este tipo de animales que, además, no tienen dueño.
La sustitución de los argumentos por los sentimientos puede tener nefastas consecuencias y esto ocurra cuando se afronta el problema de las cabras salvajes con términos tan inapropiados como asesinatos o “que hacen matanzas por diversión”. La Constitución Española establece en su artículo 45 apartado 2 que “los poderes públicos velarán por la utilización racional de todos los recursos naturales, con el fin de proteger y mejorar la calidad de la vida y defender y restaurar el medio ambiente, apoyándose en la indispensable solidaridad colectiva.” Es, por tanto una obligación constitucional proteger el medio ambiente y hacerlo de la única manera aceptable en una sociedad democrática como es la primacía de los argumentos científicos y técnicos sobre las creencias.
La oposición a las medidas adoptadas por la administración son las cabras salvajes se basan en sentimientos, respetables, pero son solo eso, no sirven para solucionar el problema. No hay argumentos históricos, científicos o técnicos que justifiquen las actitudes de partidos políticos que se autodenominan verdes, ni de asociaciones que luchan, con razón, contra el maltrato animal. Aquí no se trata de eso, nadie quiere maltratar a ningún animal, solo proteger el medio ambiente de la manera mejor posible. Es la que se utilizó en La Galápagos para salvar a las tortugas que se quedaron, y con ellas toda la cadena trófica, sin comida. Las cabras introducidas en las islas unos pocos años atrás se habían convertido en una plaga que casi acaba con la biodiversidad de estas islas Patrimonio de la Humanidad. Tampoco queremos que eso ocurra en Canarias.
EUSTAQUIO VILLALBA
Portavoz de ATAN y geógrafo
Las cabras, y otros animales como las ovejas, cerdos o perros, fueron introducidos en las islas por sus primeros pobladores hace poco más de 2.000 años, un segundo en la historia de la evolución de los ecosistemas en las islas. La evolución no ha tenido tiempo de adaptarse al impacto ocasionado por la llegada de los primeros habitantes de las islas. Es cierto que supuso la desaparición de muchas especies de los ecosistemas canarios, pero cuando lo que está en juego es la supervivencia esa consideraciones no tienen sentido planteárselo como un hecho negativo, solo es algo que sucedió en nuestra historia. El ganado caprino, y en menor medida el ovino, eran básico en la economía de los pueblos prehispánicos y, por supuesto no habían cabras sin dueño, no existían las cabras salvajes, era un lujo que no podían permitirse. El ganado guanil no era salvaje, estaban sueltos pero acotados en un lugar donde fuera posible apañarlos para capturar los baifos y eliminar el exceso de machos debido a la mayor mortalidad de las hembras a causa de las infecciones en las mamas.
Después de la conquista de las islas la ganadería caprina seguiría siendo fundamental para la economía de sus habitantes y, por tanto, tampoco hubo cabras sin dueño y salvajes, todas estaban marcadas. El ganado asilvestrado apareció cuando la ganadería extensiva dejó de ser rentable e incompatible con los nuevos usos del suelo que exigía el nuevo modelo económico basado en el turismo. Una de las primeras medidas que trajo la declaración del Teide como parque nacional fue la de prohibir la ganadería en Las Cañadas y el tránsito de herbívoros por el antiguo camino de Chasna. La consecuencia la podemos disfrutar hoy viendo que la cubierta vegetal que tiene la alta montaña tinerfeña es la mejor en muchos siglos y así lo atestiguan los estudios científicos sobre la evolución de la flora en el parque nacional.
En los últimos decenios han ido desapareciendo los pastores tradicionales, ya no se les ve superando el obstáculo de las “fugas” con la ayuda de la lanza, o astia, porque ahora lo que hay son ganaderos que trabajan con cabras controladas por las administraciones de acuerdo con la normativa europea. Los ejemplares salvajes proceden de domésticos, no son reservas genéticas, depredan sobre especies endémicas con poblaciones muy pequeñas y en muchos casos en peligro de extinción y afectan, en consecuencia, a la supervivencia de la fauna que depende de esas plantas. Además, las cabras, como demuestran los estudios científicos, contribuyen a la dispersión de las especies exóticas, provocan una intensificación de los procesos erosivos en las zonas escarpadas y son un peligro para los senderistas.
No hay ninguna duda en el mundo de la ciencia que las cabras y ovejas salvajes ponen en peligro nuestro más importante patrimonio, incluido el económico, que es poseer una naturaleza singular, una de las regiones del mundo más rica en endemismos. Este grave problema requiere una solución y ésta solo puede venir del mundo de la ciencia y no de las creencias o de los sentimientos. Como esta situación se ha dado en otras islas del mundo, hay experiencia y datos suficientes para que los organismos públicos hagan frente a esta emergencia ecológica. Es la misma solución que se ha utilizado para intentar erradicar muflones y arruis (sin conseguirlo y eso es que se introdujeron para que unos pocos disfrutaran matándolos a tiros). Se aprobó que se hiciera de la manera que implicara menos sufrimiento a estos animales: captura cuando fuera posible y el recurso a la caza cuando sea imposible la captura por lo abrupto del terreno o por no ocasionar sufrimientos innecesario a los acosados animales que suelen terminar despeñándose y, en muchos casos, quedar malheridos en lugares inaccesibles.
Es una plaga, como lo son las culebras californianas en Gran Canaria, las ardillas en Fuerteventura, los conejos en todas las islas, las ratas, las cotorras o las termitas. Estas cabras salvajes no se pueden destinar al consumo, incumplen la normativa sanitaria al ser un peligro para la salud de las personas, tampoco se pueden mezclar con las domésticas y, el mayor número son cabrones y este es el motivo fundamental para que los ganaderos los rechacen. Es decir la única cosa que se puede hacer con los ejemplares capturados es llevarlos al matadero y luego incinerarlos. El dinero público no puede destinarse a dar alojamiento y comida a este tipo de animales que, además, no tienen dueño.
La sustitución de los argumentos por los sentimientos puede tener nefastas consecuencias y esto ocurra cuando se afronta el problema de las cabras salvajes con términos tan inapropiados como asesinatos o “que hacen matanzas por diversión”. La Constitución Española establece en su artículo 45 apartado 2 que “los poderes públicos velarán por la utilización racional de todos los recursos naturales, con el fin de proteger y mejorar la calidad de la vida y defender y restaurar el medio ambiente, apoyándose en la indispensable solidaridad colectiva.” Es, por tanto una obligación constitucional proteger el medio ambiente y hacerlo de la única manera aceptable en una sociedad democrática como es la primacía de los argumentos científicos y técnicos sobre las creencias.
La oposición a las medidas adoptadas por la administración son las cabras salvajes se basan en sentimientos, respetables, pero son solo eso, no sirven para solucionar el problema. No hay argumentos históricos, científicos o técnicos que justifiquen las actitudes de partidos políticos que se autodenominan verdes, ni de asociaciones que luchan, con razón, contra el maltrato animal. Aquí no se trata de eso, nadie quiere maltratar a ningún animal, solo proteger el medio ambiente de la manera mejor posible. Es la que se utilizó en La Galápagos para salvar a las tortugas que se quedaron, y con ellas toda la cadena trófica, sin comida. Las cabras introducidas en las islas unos pocos años atrás se habían convertido en una plaga que casi acaba con la biodiversidad de estas islas Patrimonio de la Humanidad. Tampoco queremos que eso ocurra en Canarias.
EUSTAQUIO VILLALBA
Portavoz de ATAN y geógrafo
Las cabras, y otros animales como las ovejas, cerdos o perros, fueron introducidos en las islas por sus primeros pobladores hace poco más de 2.000 años, un segundo en la historia de la evolución de los ecosistemas en las islas. La evolución no ha tenido tiempo de adaptarse al impacto ocasionado por la llegada de los primeros habitantes de las islas. Es cierto que supuso la desaparición de muchas especies de los ecosistemas canarios, pero cuando lo que está en juego es la supervivencia esa consideraciones no tienen sentido planteárselo como un hecho negativo, solo es algo que sucedió en nuestra historia. El ganado caprino, y en menor medida el ovino, eran básico en la economía de los pueblos prehispánicos y, por supuesto no habían cabras sin dueño, no existían las cabras salvajes, era un lujo que no podían permitirse. El ganado guanil no era salvaje, estaban sueltos pero acotados en un lugar donde fuera posible apañarlos para capturar los baifos y eliminar el exceso de machos debido a la mayor mortalidad de las hembras a causa de las infecciones en las mamas.
Después de la conquista de las islas la ganadería caprina seguiría siendo fundamental para la economía de sus habitantes y, por tanto, tampoco hubo cabras sin dueño y salvajes, todas estaban marcadas. El ganado asilvestrado apareció cuando la ganadería extensiva dejó de ser rentable e incompatible con los nuevos usos del suelo que exigía el nuevo modelo económico basado en el turismo. Una de las primeras medidas que trajo la declaración del Teide como parque nacional fue la de prohibir la ganadería en Las Cañadas y el tránsito de herbívoros por el antiguo camino de Chasna. La consecuencia la podemos disfrutar hoy viendo que la cubierta vegetal que tiene la alta montaña tinerfeña es la mejor en muchos siglos y así lo atestiguan los estudios científicos sobre la evolución de la flora en el parque nacional.
En los últimos decenios han ido desapareciendo los pastores tradicionales, ya no se les ve superando el obstáculo de las “fugas” con la ayuda de la lanza, o astia, porque ahora lo que hay son ganaderos que trabajan con cabras controladas por las administraciones de acuerdo con la normativa europea. Los ejemplares salvajes proceden de domésticos, no son reservas genéticas, depredan sobre especies endémicas con poblaciones muy pequeñas y en muchos casos en peligro de extinción y afectan, en consecuencia, a la supervivencia de la fauna que depende de esas plantas. Además, las cabras, como demuestran los estudios científicos, contribuyen a la dispersión de las especies exóticas, provocan una intensificación de los procesos erosivos en las zonas escarpadas y son un peligro para los senderistas.
No hay ninguna duda en el mundo de la ciencia que las cabras y ovejas salvajes ponen en peligro nuestro más importante patrimonio, incluido el económico, que es poseer una naturaleza singular, una de las regiones del mundo más rica en endemismos. Este grave problema requiere una solución y ésta solo puede venir del mundo de la ciencia y no de las creencias o de los sentimientos. Como esta situación se ha dado en otras islas del mundo, hay experiencia y datos suficientes para que los organismos públicos hagan frente a esta emergencia ecológica. Es la misma solución que se ha utilizado para intentar erradicar muflones y arruis (sin conseguirlo y eso es que se introdujeron para que unos pocos disfrutaran matándolos a tiros). Se aprobó que se hiciera de la manera que implicara menos sufrimiento a estos animales: captura cuando fuera posible y el recurso a la caza cuando sea imposible la captura por lo abrupto del terreno o por no ocasionar sufrimientos innecesario a los acosados animales que suelen terminar despeñándose y, en muchos casos, quedar malheridos en lugares inaccesibles.
Es una plaga, como lo son las culebras californianas en Gran Canaria, las ardillas en Fuerteventura, los conejos en todas las islas, las ratas, las cotorras o las termitas. Estas cabras salvajes no se pueden destinar al consumo, incumplen la normativa sanitaria al ser un peligro para la salud de las personas, tampoco se pueden mezclar con las domésticas y, el mayor número son cabrones y este es el motivo fundamental para que los ganaderos los rechacen. Es decir la única cosa que se puede hacer con los ejemplares capturados es llevarlos al matadero y luego incinerarlos. El dinero público no puede destinarse a dar alojamiento y comida a este tipo de animales que, además, no tienen dueño.
La sustitución de los argumentos por los sentimientos puede tener nefastas consecuencias y esto ocurra cuando se afronta el problema de las cabras salvajes con términos tan inapropiados como asesinatos o “que hacen matanzas por diversión”. La Constitución Española establece en su artículo 45 apartado 2 que “los poderes públicos velarán por la utilización racional de todos los recursos naturales, con el fin de proteger y mejorar la calidad de la vida y defender y restaurar el medio ambiente, apoyándose en la indispensable solidaridad colectiva.” Es, por tanto una obligación constitucional proteger el medio ambiente y hacerlo de la única manera aceptable en una sociedad democrática como es la primacía de los argumentos científicos y técnicos sobre las creencias.
La oposición a las medidas adoptadas por la administración son las cabras salvajes se basan en sentimientos, respetables, pero son solo eso, no sirven para solucionar el problema. No hay argumentos históricos, científicos o técnicos que justifiquen las actitudes de partidos políticos que se autodenominan verdes, ni de asociaciones que luchan, con razón, contra el maltrato animal. Aquí no se trata de eso, nadie quiere maltratar a ningún animal, solo proteger el medio ambiente de la manera mejor posible. Es la que se utilizó en La Galápagos para salvar a las tortugas que se quedaron, y con ellas toda la cadena trófica, sin comida. Las cabras introducidas en las islas unos pocos años atrás se habían convertido en una plaga que casi acaba con la biodiversidad de estas islas Patrimonio de la Humanidad. Tampoco queremos que eso ocurra en Canarias.
EUSTAQUIO VILLALBA
Portavoz de ATAN y geógrafo
Las cabras, y otros animales como las ovejas, cerdos o perros, fueron introducidos en las islas por sus primeros pobladores hace poco más de 2.000 años, un segundo en la historia de la evolución de los ecosistemas en las islas. La evolución no ha tenido tiempo de adaptarse al impacto ocasionado por la llegada de los primeros habitantes de las islas. Es cierto que supuso la desaparición de muchas especies de los ecosistemas canarios, pero cuando lo que está en juego es la supervivencia esa consideraciones no tienen sentido planteárselo como un hecho negativo, solo es algo que sucedió en nuestra historia. El ganado caprino, y en menor medida el ovino, eran básico en la economía de los pueblos prehispánicos y, por supuesto no habían cabras sin dueño, no existían las cabras salvajes, era un lujo que no podían permitirse. El ganado guanil no era salvaje, estaban sueltos pero acotados en un lugar donde fuera posible apañarlos para capturar los baifos y eliminar el exceso de machos debido a la mayor mortalidad de las hembras a causa de las infecciones en las mamas.
Después de la conquista de las islas la ganadería caprina seguiría siendo fundamental para la economía de sus habitantes y, por tanto, tampoco hubo cabras sin dueño y salvajes, todas estaban marcadas. El ganado asilvestrado apareció cuando la ganadería extensiva dejó de ser rentable e incompatible con los nuevos usos del suelo que exigía el nuevo modelo económico basado en el turismo. Una de las primeras medidas que trajo la declaración del Teide como parque nacional fue la de prohibir la ganadería en Las Cañadas y el tránsito de herbívoros por el antiguo camino de Chasna. La consecuencia la podemos disfrutar hoy viendo que la cubierta vegetal que tiene la alta montaña tinerfeña es la mejor en muchos siglos y así lo atestiguan los estudios científicos sobre la evolución de la flora en el parque nacional.
En los últimos decenios han ido desapareciendo los pastores tradicionales, ya no se les ve superando el obstáculo de las “fugas” con la ayuda de la lanza, o astia, porque ahora lo que hay son ganaderos que trabajan con cabras controladas por las administraciones de acuerdo con la normativa europea. Los ejemplares salvajes proceden de domésticos, no son reservas genéticas, depredan sobre especies endémicas con poblaciones muy pequeñas y en muchos casos en peligro de extinción y afectan, en consecuencia, a la supervivencia de la fauna que depende de esas plantas. Además, las cabras, como demuestran los estudios científicos, contribuyen a la dispersión de las especies exóticas, provocan una intensificación de los procesos erosivos en las zonas escarpadas y son un peligro para los senderistas.
No hay ninguna duda en el mundo de la ciencia que las cabras y ovejas salvajes ponen en peligro nuestro más importante patrimonio, incluido el económico, que es poseer una naturaleza singular, una de las regiones del mundo más rica en endemismos. Este grave problema requiere una solución y ésta solo puede venir del mundo de la ciencia y no de las creencias o de los sentimientos. Como esta situación se ha dado en otras islas del mundo, hay experiencia y datos suficientes para que los organismos públicos hagan frente a esta emergencia ecológica. Es la misma solución que se ha utilizado para intentar erradicar muflones y arruis (sin conseguirlo y eso es que se introdujeron para que unos pocos disfrutaran matándolos a tiros). Se aprobó que se hiciera de la manera que implicara menos sufrimiento a estos animales: captura cuando fuera posible y el recurso a la caza cuando sea imposible la captura por lo abrupto del terreno o por no ocasionar sufrimientos innecesario a los acosados animales que suelen terminar despeñándose y, en muchos casos, quedar malheridos en lugares inaccesibles.
Es una plaga, como lo son las culebras californianas en Gran Canaria, las ardillas en Fuerteventura, los conejos en todas las islas, las ratas, las cotorras o las termitas. Estas cabras salvajes no se pueden destinar al consumo, incumplen la normativa sanitaria al ser un peligro para la salud de las personas, tampoco se pueden mezclar con las domésticas y, el mayor número son cabrones y este es el motivo fundamental para que los ganaderos los rechacen. Es decir la única cosa que se puede hacer con los ejemplares capturados es llevarlos al matadero y luego incinerarlos. El dinero público no puede destinarse a dar alojamiento y comida a este tipo de animales que, además, no tienen dueño.
La sustitución de los argumentos por los sentimientos puede tener nefastas consecuencias y esto ocurra cuando se afronta el problema de las cabras salvajes con términos tan inapropiados como asesinatos o “que hacen matanzas por diversión”. La Constitución Española establece en su artículo 45 apartado 2 que “los poderes públicos velarán por la utilización racional de todos los recursos naturales, con el fin de proteger y mejorar la calidad de la vida y defender y restaurar el medio ambiente, apoyándose en la indispensable solidaridad colectiva.” Es, por tanto una obligación constitucional proteger el medio ambiente y hacerlo de la única manera aceptable en una sociedad democrática como es la primacía de los argumentos científicos y técnicos sobre las creencias.
La oposición a las medidas adoptadas por la administración son las cabras salvajes se basan en sentimientos, respetables, pero son solo eso, no sirven para solucionar el problema. No hay argumentos históricos, científicos o técnicos que justifiquen las actitudes de partidos políticos que se autodenominan verdes, ni de asociaciones que luchan, con razón, contra el maltrato animal. Aquí no se trata de eso, nadie quiere maltratar a ningún animal, solo proteger el medio ambiente de la manera mejor posible. Es la que se utilizó en La Galápagos para salvar a las tortugas que se quedaron, y con ellas toda la cadena trófica, sin comida. Las cabras introducidas en las islas unos pocos años atrás se habían convertido en una plaga que casi acaba con la biodiversidad de estas islas Patrimonio de la Humanidad. Tampoco queremos que eso ocurra en Canarias.






















































