VICENTE PÉREZ
La erupción volcánica de La Palma está causando un gran sufrimiento por la destrucción de todo lo laborado durante siglos por los habitantes del valle de Aridane, con cerca de 3.000 construcciones y edificaciones destruidas. Es una catástrofe natural solo comparable en la historia de Canarias a la que destruyó Garachico en 1706 y la de Timanfaya entre 1730 y 1736. Pero, como en esos lugares, los volcanes históricos crearon un paisaje que ahora forma parte indisoluble de la economía y la cultura del municipio del norte tinerfeño y de Lanzarote.

Algo así está pasando en La Palma: la monstruosa erupción del volcán aún sin nombre en Cumbre Vieja es una poderosa máquina destructora de todo lo que creó el ser humano pero al mismo tiempo está construyendo formaciones geológicas impresionantes, entre ellas el propio cráter de cráteres, jameos, tubos lávicos, chimeneas, playas y charcos…
Estas abruptas creaciones de la naturaleza los hemos podido ver formar día a día a través de los drones que sobrevuelan la zona de las coladas, y ahora los ha mostrado en impresionantes vídeos el Instituto Geológico y Minero de España (IGME) en colaboración con el Grupo de Emergencias y Salvamento (GES) del Gobierno canario. Como el jameo (formado por el derrumbe del un tubo lávico) del siguiente vídeo:
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Son formaciones geológicas como las que atraen a millones de personas en Lanzarote o Garachico. También han sido millones las que han visitado el Teneguía desde su erupción en 1971 y en la zona palmera de Las Manchas, muy cerca de las coladas de lava de esta erupción, se abrió al público hace unos años el tubo volcánico de Todoque (el barrio ahora desaparecido), creado por una colada de lava del volcán de San Juan en 1949.
Ciertamente es duro para las miles de familias damnificadas en La Palma asimilar esta extraña paradoja de los volcanes, es decir, que el resultado de tanta destrucción lo quieran visitar luego tantas personas. Pero así ha sido siempre con el paisaje volcánico que el ser geológico de Canarias y con cuyos materiales y sobre el cual se ha desarrollado la vida en las islas.

En la erupción de La Palma los ríos de lava discurren por muchos tramos de manera soterrada. La lava canalizada se enfría por la parte superior, que va solidificándose desde las paredes hacia el centro, dando origen a dos cornisas que pueden llegar a unirse, formando un techo, mientras la lava sigue discurriendo por el interior.
Cuando disminuye el ritmo de emisión o al terminar la erupción, el nivel de la lava en el interior del túnel desciende y se vacía parcialmente formando un túnel volcánico, según explica el Instituto Geográfico Nacional (IGN). Este fenómeno en formación puede observarse en el siguiente vídeo del IGME con el GES, donde se aprecia un jameo y la salida de la lava desde un tubo lávico:
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El burbujeo del gas en la lava, que circula por el túnel, proyecta goterones que quedan adheridos al techo y paredes. En los túneles, especialmente cerca de los centros de emisión, se producen importantes desgasificaciones; la presión del gas puede ser suficiente para deformar, incluso romper la débil costra que forma el techo del incipiente túnel y producir un pequeño cráter.
Cuando la cizalla sobre la superficie es grande, esta se rompe, dando origen a una lava de la que escapa el exceso de gas, formándose cráteres secundarios denominados hornitos. Uno de ellos puede verse en el siguiente vídeo grabado por el IGME con el GES, asociado también a canales lávicos y tubos:
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La desgasificación también se produce en zonas donde el régimen de flujo de lava se inestabiliza; por ejemplo, en un cambio de pendiente o en una curva, provocando una acumulación de tensiones que conducen a un debilitamiento de la estructura, colapsando fácilmente el túnel cuando finaliza la erupción. Estos colapsos del techo de los túneles se conocen en Canarias como jameos (los más conocidos, los Jameos del Agua, en Lanzarote, habilitados por César Manrique para ser visitados, incluso convertidos en auditorios para conciertos musicales).
La formación de túneles volcánicos aumenta la peligrosidad al posibilitar que las lavas canalizadas recorran grandes distancias sin enfriarse. En el caso del volcán de Cumbre Vieja, mediante estos canales subterráneos los ríos de lava siguen alimentando los deltas, fajanas o islas bajas, es decir, continúan llegando hasta el mar, a pesar de que en superficie no se vean.
























































