VICENTE PÉREZ
Un guachinche es, por ley (canaria, naturalmente) , «aquel establecimiento donde se desarrolla la actividad de comercialización temporal de vino de cosecha propia» y su actividad está regulada por decreto.
En algunas islas, como Tenerife, los guachinches han desatado auténtico fervor popular, y miles de personas buscan en ellos un lugar rústico donde comer platos típicos canarios por no más de 10 euros por cabeza.
La regulación de estos establecimientos en los últimos años no ha estado exenta de problemas, por su proliferación y por la presión de bares y restaurantes para que no tengan competencia desleal. Aunque paradójicamente, tan buena fama tienen los guachinches que ha ocurrido algo curioso : bares o restaurantes que se llaman así para captar clientela, sin que respondan al perfil de ese tipo de negocio.
La Ley de Calidad Agroalimentaria de Canarias, promulgada en abril, deja claro que transcurrido el plazo de un año a partir de su entrada en vigor, todos los establecimientos de restauración que vinieran haciendo uso del término «guachinche», sin pertenecer a dicho grupo, deberán cesar en su uso, sin perjuicio del cumplimiento de la legislación sobre propiedad industrial».

El asunto ha llegado al Parlamento canarios, donde el portavoz de Podemos Canarias en el área de Agricultura, Francisco Déniz, ha demandado este viernes a la consejera de Agricultura, Ganadería y Pesca, Alicia Vanoostende que haga cumplir la recién aprobada Ley de Calidad Agroalimentaria y “vigile y sancione el uso fraudulento del concepto guachinche”.
“Ahora que empieza la temporada de los verdaderos guachinches hay que aumentar la inspección y exigir el cumplimiento de la Ley, pues acabar con el uso fraudulento de la denominación es importante para potenciar la producción local y nuestro sector agrícola”, ha afirmado Déniz.
Por ello, el diputado tinerfeño ha exigido que se cumpla la Disposición Adicional Cuarta de la Ley de Calidad Agroalimentaria, en la que se recoge que los establecimientos que no vendan vino de cosecha propia ni se ajusten al decreto que regula esta actividad, “no usen la denominación de guachinche”.“ Pido que no se falsee ni se tergiverse este endemismo tinerfeño”, remacha.
Déniz ha insistido en que los auténticos guachinches son un ejemplo de emprendimiento de personas y familias del medio rural que ha permitido “sostener la rentabilidad de la actividad agrícola”.
El guachinche, a su juicio, «incentiva el consumo de la uva cosechada en la propia explotación y del vino elaborado en la misma, contribuye a conservar el suelo agrícola con empleo digno, y garantiza nuestra soberanía alimentaria”.
Por ello, asegura en un comunicado que “ahora que comienza la temporada de apertura y para ser respetuosos con esta actividad, el Gobierno debe aplicar la ley».

A diferencia de un guachinche, un restaurante es, según la citada ley, «aquel establecimiento que dispone de cocina debidamente equipada y zona destinada a comedor, con la finalidad de servir al público, mediante precio, comidas y bebidas para ser consumidas en el propio local. En el desarrollo de su actividad, ofrecerán básicamente almuerzos y cenas de elaboración compleja, aunque podrán ofrecer cualquier otro servicio que de forma habitual se preste en los bares-cafeterías; e incluso podrán prestar el servicio de venta de comidas y bebidas para llevar y servicio a domicilio».
Y por bar-cafetería de entiende «aquel establecimiento que sirve ininterrumpidamente durante el horario de apertura, bebidas acompañadas o no de comidas, de elaboración rápida, precocinada o sencilla, para su consumición rápida en el propio establecimiento o para reparto a domicilio. Se considerarán incluidos en este grupo los establecimientos que tengan sistemas de autoservicio de comidas y bebidas, así como todos aquellos que no estén incluidos en el grupo de restaurantes ni en el de guachinches».





















































