VICENTE PÉREZ
Ante el diabólico volcán que ha destruido ya más de 2.200 edificaciones en La Palma y cubierto de lava 8,5 kilómetros cuadrados del valle de Aridane, hay quienes han perdido hasta la fe en la divinidad. «Esto no lo para ni Dios», afirma Pablo, un vecino de El Paso que mira, de lejos, al cráter incandescente en la noche y cómo los ríos de roca fundida se adueñan de la noche como sangre derramada por la piel de la isla. Pero otras personas mantienen su fe religiosa, y estos días han rezado en silencio, pidiendo la intercesión divina para que acabe esta pesadilla.
En Tajuya, PLANETA CANARIO fue testigo de una procesión en rogativa por el cese de la erupción, presidida por el párroco del lugar, en la que un centenar de personas procesionó alrededor de la iglesia, por la plaza desde donde se observa una panorámica tremebunda de la zona afectada por la erupción, coronada por la imponente silueta del cráter.
«Yo creo en Dios, esto no me quita la fe, porque conservo la vida y la fe es lo que me hará seguir adelante para rehacer mi vida», afirma Nieves, damnificada que participa en este acto religioso.

En esta plaza de Tajuya se concentran todo el día y toda la noche cientos de personas. Allí han tenido su punto de mira hacia el volcán los medios de comunicación, que proyectan las cámaras hacia tan espectacular como catastrófico fenómeno. Por esta ágora de cielos incendiados y marcada por el dolor han pasado las principales cadenas de televisión nacionales e internacionales.
De noche, desde esta atalaya natural en el municipio de El Paso, la vista es sobrecogedora. En los primeros días no se veían los ríos de lava, sino el resplandor, cuando las coladas iban más al sur, pero el paso de las semanas, y ya van seis, se han ido acercando más, hasta convertir la perspectiva en un resplandor de pavesas endiabladas que duele al corazón de quienes saben que allí había barrios y caseríos que ya no están, desaparecidos para siempre.

En la procesión, que va lenta, la feligresía entona cánticos religiosos, y , por momentos, se hace el silencio. El sacerdote alza el santísimo, con rutilante brillo de oro manchado del rojo del volcán, y, con lenta maniobra, lo esgrime contra los ríos de lava, de derecha -el mar- a izquierda -la cumbre-, mientras las personas que no siguen el rito religioso sino que miran la erupción, callan, también, respetuosamente.
«Aquí lo importante es el deseo que todos tenemos de que esto se acabe. Yo no soy religioso, pero es lo que nos une a todos, las ganas de ver un final a esta tragedia», confiesa, apesadumbrado, Pedro, un vecino de la zona.

Días después de esta procesión se celebraron también otras con la Virgen del Pino, la de Las Angustias (Llanos de los Aridane y Tijarafe) y Las Nieves, patrona de La Palma.
La organización no gubernamental Cáritas Diocesana de Tenerife, adscrita al Obispado, ha habilitado un número de cuenta (ES02 2100 6722 6122 0073 3169) y un código Bizum (03762) para canalizar todas las aportaciones económicas destinadas a las personas damnificadas por esta erupción, y que han permitido recaudar más de de un millón de euros.

























































