PLANETA CANARIO
El rey emérito, Juan Carlos I, que se ha ido de España ante el escándalo judicial de su donación multimillonaria a su examante Corhina Sayn-Wittgenstein mediante una comisión por mediar en la adjudicación del tren a La Meca a empresas españolas, no está aún en la República Dominicana, como había trascendido en un primer momento, sino en Emiratos Árabes.
Se aloja, supuestamente, en el lujoso hotel Emirates Palace, de la capital del país, Abu Dabi, según el diario Nius, del grupo mediaset Mediaset, que ha publicado en exclusiva una imagen de el exjefe de Estado bajando las escaleras del avión con mascarilla.
Hasta allí lo llevó el lunes un jet privado del modelo Global 6500, alquilado a la delegación en Malta de la compañía TAG Aviation, dedicada a fletar aviones de negocios, según El País. El avión despegó supuestamente el mismo lunes a las 10 de la mañana desde Vigo, a donde habría llegado la noche anterior procedente de París, como adelantó el diario Abc.
El rey Juan Carlos tiene una estrecha amistad con el príncipe heredero del emirato, Mohamed bin Zayeb Al Hahyan. Su anterior visita a Abu Dabi fue en noviembre del año pasado, para asistir al gran premio de fórmula 1. En cualquier caso, es probable que este no sea el destino definitivo del rey emérito, como ha publicado El País.
La Casa Real anunció el pasado fin de semana que el rey emérito, Juan Carlos I, mudaba su residencia fuera de España. Y en una carta a su hijo, Felipe VI, afirma que lo hace «ante la repercusión que están generando ciertos acontecimientos pasados de mi vida privada» y por su «propia dignidad como persona».
De esta manera, el padre del jefe del Estado alega en su misiva que quiere «contribuir a facilitar el ejercicio» de las funciones de Felipe VI, «desde la tranquilidad y sosiego» que requiere esa «alta responsabilidad».
Esos «ciertos acontecimientos» a los que se refiere el rey emérito no son otros que la investigación judicial en Suiza y en España del supuesto cobro de una comisión ilegal de Arabia Saudí por sus gestiones durante sus gestiones para que el tren a la Meca fuera construido por empresas españolas, de los que 65 millones serían transferidos a la princesa Corinna zu Sayn-Wittgenstein, con quien el rey ha mantenido una relación.
El fiscal suizo Yves Bertossa mantiene abierto desde agosto de 2018 un procedimiento penal en el que indaga sobre los supuestos testaferros del rey emérito desvelados en las grabaciones que Corinna Sayn-Wittgenstein realizó ante el ex comisario Villarejo.
Algunos medios de comunicación atribuyen la marcha del rey a las presiones del Gobierno estatal formado por PSOE y Podemos, y achacan al partido morado un intento de acabar con la monarquía. La realidad es que la imagen de la Casa Real lleva años tocada por deméritos propios, primero por el caso Nóos, y ahora por este asunto judicial del rey emérito.

El periódico suizo Tribune de Genève publicó en marzo la existencia de una nueva cuenta bancaria en la banca privada Mirabaud de Ginebra y en la que el rey emérito habría recibido en 2008 unos 100 millones de dólares como comisión por que Arabia Saudía adjudicara a empresas constructoras españolas el multimillonario proyecto del tren a a La Meca por 7.000 millones.
OkDiario ha publicado que Zanganeh, la esposa del traficante de armas Adnan Kashogui, cobró cien millones de euros de comisión por su intermediación en el proyecto del AVE a La Meca, y parte de esa mordida la repartió después con Don Juan Carlos, según reconoció Corinna Sayn-Wittgenstein durante una conversación con José Villarejo que el ex comisario le grabó sin su consentimiento en su domicilio de Londres en junio de 2015.
De acuerdo con esta versión, Juan Carlos I recomendó a la comisionista iraní a la Monarquía de Arabia Saudí y la impuso como lobista al consorcio de empresas españolas que logró la adjudicación del concurso ferroviario a finales de 2006.
Este mismo periódico ha desvelado en los últimos días el contenido de una carta que el entonces rey de España remitió a la familia real saudí recomendando a Zanganeh como coordinadora del proyecto ferroviario.
Varios medios nacionales publicaron que la intención de Juan Carlos I era la de alojarse en una residencia en el complejo Casa de Campo, en La Romana, de la República Dominicana, propiedad de la familia Fanjul, una adinerada familia cubana afincada en Miami que hizo fortuna gracias a las plantaciones de azúcar. Pero posterioremente el Gobierno de este país negó que el rey emérito esté en su territorio al menos de momento.






















































