VICENTE PÉREZ
“Toda la isla de Tenerife tiene que estar preparada para una emergencia volcánica”. Así lo ha advertido el vulcanólogo Luca D’Auria, director científico del Instituto Volcanológico de Canarias (INVOLCAN), durante la presentación en el Cabildo de Tenerife de una nueva estrategia de protección y seguridad frente al riesgo volcánico.
D’Auria subrayó que los mapas de peligrosidad volcánica, como el que incluye el Plan de Actuación Insular frente al Riesgo Volcánico (PAIV) , no deben interpretarse en el sentido de que las zonas de riesgo bajo están totalmente libres de este fenómeno geológico.

“Una zona verde oscuro [con amenaza volcánica muy baja] no significa que nunca pueda verse afectada. Es mucho menos probable que una zona roja [amenaza volcánica muy alta], pero no imposible, y por eso, la tarea de protección frente al riesgo volcánico no involucra solo a algunos municipios, sino a toda la isla en su conjunto”, insistió el vulcanólogo italiano.
Un riesgo permanente, aunque sin señales de alarma
Lanzó un mensaje de calma, pero dejó claro que Tenerife es, y seguirá siendo, una isla volcánicamente activa.
“El sistema volcánico de la isla ahora mismo está dormido, pero antes o después se despertará. Esperamos que sea lo más tarde posible: puede ser dentro de un año, de diez o de un siglo, pero antes o después habrá una erupción”, apostilló.

Pese a la inquietud generada por los recientes enjambres sísmicos y la leve deformación del terreno en la cumbre insular, D’Auria recalcó que no hay un incremento de la probabilidad de erupción ni a corto, ni a medio, ni a largo plazo.
Los expertos ya han aclarado que corto plazo son días o semanas, medio plazo unos cuantos meses, y largo plazo puede ser un año o incluso décadas.
Los episodios de actividad sísmica detectados desde 2016, precisó este especialista, se atribuyen al sistema hidrotermal superficial, sin evidencias de movimientos de magma en profundidad.
PROBABILIDADES DE ERUPCIÓN LOS PRÓXIMOS 50 AÑOS

Durante su exposición, el científico mostró datos comparativos con otras regiones volcánicas del mundo. Según los cálculos realizados a partir de la actividad volcánica del pasado:
- En La Palma, la probabilidad de que ocurra una erupción en los próximos 50 años es de casi el 50%.
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En Tenerife, se sitúa en torno al 40%.
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En Gran Canaria, sorprendentemente, alcanza un 10%, pese a su imagen de isla “dormida”.
En el caso especifico del Teide, es decir, del estratovolcán en sí, la probabilidad estimada es del 10,6% en medio siglo, frente al 94% del Pico de Fuego, en Cabo Verde, un volcán con características geológicas similares.
Más desarrollo, más exposición

El experto previno de que «lo está aumentando es el riesgo porque aumenta el valor expuesto, en términos de población e infraestructuras», pues el desarrollo socioeconómico del Archipiélago, «implica también una mayor vulnerabilidad ante un fenómeno volcánico”.
Vigilancia de vanguardia y concienciación ciudadana
D’Auria destacó el enorme salto dado en Canarias desde finales de los años 90 en materia de vigilancia y preparación frente a este riesgo.
“Hasta 1997 no existía ni sistema de vigilancia, ni planes de emergencia, ni programas de información. Hoy tenemos redes sísmicas, geoquímicas y de deformación del terreno capaces de detectar incluso variaciones mínimas. Además, Tenerife será el único volcán del mundo con tres gravímetros cuánticos para rastrear movimientos de magma en profundidad”, señaló.
Junto a los avances tecnológicos, remarcó la importancia de la educación ciudadana. Programas como el que lleva más de 15 años en marcha gracias al ITER e Involcan buscan que la población conozca los riesgos asociados y sepa cómo reaccionar en caso de emergencia.
“La preparación no es solo tecnológica, también debe ser social. La población debe ser consciente de que vive en una isla volcánicamente activa”, enfatizó.

Prepararse en tiempos de calma
El director científico del INVOLCAN concluyó su intervención con un mensaje de tranquilidad, pero también de responsabilidad colectiva: “Ahora estamos en un periodo de calma, y precisamente este es el momento de prepararnos. Cuando llegue la próxima erupción —porque tarde o temprano llegará— la diferencia estará en cuán listos estemos para afrontarla”.





















































