PLANETA CANARIO
El Juzgado de Violencia sobre la Mujer número 2 de Santa Cruz de Tenerife registró en pasados días el informe médico forense definitivo de la autopsia realizada a la niña Olivia G.Z., la menor de seis años cuyo cuerpo fu hallado en el fondo del mar el 10 de junio de 2021 por el buque oceanográfico Ángeles Alvariño, después de que su padre, Tomás Gimeno, se las llevara junto a su hermana, Anna, de un año (de quienes no se encontró el cuerpo y tampoco de su progenitor).
El peritaje concluye que la niña falleció de “muerte violenta”, de etiología médico legal “homicida”, siendo la causa fundamental de esta “compatible con una asfixia mecánica por sofocación” y la causa inmediata o última
“compatible con un edema agudo de pulmón”, según ha informado este jueves 13 de enero el Tribunal Superior de Justicia de Canarias.

De acuerdo con este análisis forense, la muerte de la niña se situó entre las 19.54 y las 21.00 horas del 27 de abril de 2021, el mismo día de la desaparición de las dos hermanas, supuestamente asesinadas por su padre, en la
actualidad desaparecido.
Los análisis de sangre, líquido pericárdico y contenido gástrico realizados por los laboratorios forenses en muestras orgánicas de la pequeña no detectaron presencia alguna de “sustancias de interés toxicológico”, según la misma fuente oficial.
En junio del pasado año, la magistrada del Juzgado de Instrucción 3 de Güímar dictó un auto , en el que levantó el secreto de sumario de la investigación sobre la desaparición de las niñas, después de que apareciera el cuerpo sin vida de la mayor de ellas, a mil metros de profundidad en el mar y a 3 millas de la costa de Tenerife, lo que la propia jueza califica de un «trágico desenlace» y un «atroz» acto.

Aunque se trabaja con la hipótesis de que el padre de las niñas se suicidara en el mar tras acabar con la vida de sus hijas, la magistrada dictó una nueva orden internacional de detención contra el padre, por la presunta comisión de dos delitos agravados de homicidio y uno contra la integridad moral en el ámbito de la violencia de género (la anterior orden era por sustracción de menores), por lo que el caso pasó l Juzgado de Violencia sobre la Mujer de Santa Cruz de Tenerife.
Para la jueza, Gimeno ejecutó un «plan preconcebido que tenía como fin provocar a su expareja», Beatriz, «el mayor dolor que pudo imaginar, un dolor inhumano, a la que de forma deliberada quiso colocar en la incertidumbre acerca de la suerte o destino que habían sufrido en sus manos Olivia y Anna, pues, tras advertirla de formar reiterada de que no le volvería a ver a él ni a sus hijas, dando a entender que se fugaría con ellas a un paradero desconocido, ideó un modo en que entendió que sus cuerpos sin vida nunca serían localizados».

Así, prosigue el relato de la jueza, el padre las arrojó al mar dentro de bolsas lastradas y amarradas a un ancla, en un lugar expresamente buscado lejos de la costa y que sabía profundo, donde los fondos marinos no podrían ser investigados, salvo por los especiales medios con los que cuenta el buque oceanográfico Ángeles Alvariño».
Según la magistrada, Gimeno «había planificado los atroces actos» del 27 de abril, pues «la misma madrugada, hacia las 00:30 horas acudió hasta la finca de Guaza, en Arona, a fin de dejar su Alfa Romero Giuglia negro (…) tapado con una funda, cuyas llaves dejó la tarde del 27 de abril en el domicilio de sus padres, junto a dos tarjetas de crédito y su perro».

Si bien sólo se localizó el cuerpo de Olivia, la jueza sostiene que «la hipótesis fáctica más probable respecto a Anna es, desgraciadamente la misma». La segunda bolsa amarrada al ancla se halló rota, sin nada en su interior, salvo unos lastres. Además, señala el auto judicial, el 7 de junio el citado barco oceanográfico halló en el fondo del mar, también en la zona por donde navegó Gimeno la noche de la desaparición, una funda nórdica de color naranja y granate y una botella de oxígeno para buceo propiedad suya.

Asevera la magistrada que los antecedentes de la tragedia se remontan a un año atrás aproximadamente, cuando la relación entre Tomás y la madre de las niñas se rompió y esta última inició una nueva relación sentimental. “Desde entonces, Tomás mantuvo de forma constante un trato vejatorio y denigrante” hacia su expareja, “dirigiéndole a diario comentarios descalificativos, ofensivos y ultrajantes, en particular enfocados a menospreciarla por haber rehecho su vida con una nueva pareja, manifestándole además, de forma reiterada, que no toleraba que [su nueva pareja] compartiera momentos con sus hijas”, relata.
En aquel auto del pasado año, esta jueza de los Juzgados de Güímar indicó que los indicios apuntan a que el padre dio muerte a sus hijas en Igueste de Candelaria, donde vivía, introduciéndolas en bolsas de deportes y trasladándolas al puerto deportivo donde tenía su yate, en Santa Cruz de Tenerife, para luego arrojarlas al mar.





















































