VICENTE PÉREZ
La erupción volcánica ha provocado hasta ahora daños económicos estimados en 842 millones de euros, ha dejado en regulación temporal de empleo a unas 1.200 personas y ha destruido más de 1.300 casas y unas 3.000 edificaciones y construcciones de todo tipo, así como 360 hectáreas de agricultura en explotación. Pero si hubiera que cuantificar el daño mental que ha hecho, las cifras serían astronómicas.
El sufrimiento de las miles de personas damnificadas está siendo enorme, dadas las características de esta catástrofe natural: 86 días ya de duración en la que al dolor de quienes perdieron sus propiedades por el avance de la lava se suma el de quienes tienen la incertidumbre de si las suyas quedarán indemnes o no.
Para ayudar a superar este momento difícil de sus vidas existe un servicio de atención psicológica que está prestando el Colegio de Psicología de Santa Cruz de Tenerife en sedes habilitadas en los municipios de Los Llanos de Aridane, Tazacorte, El Paso y Fuencaliente. El trámite para recibir esta ayuda se puede activar con un simple mensaje de Whatsapp a los teléfonos 600 756 760 y 696 087 014, a través de llamada al 922 289060 o del correo electrónico copsctenerife@cop.es.
Como referente en el equipo que ofrece este servicio en la Casa Massieu, de Los Llanos de Aridane, se encuentra Estefanía Martín Sánchez, psicóloga de emergencias, que en esta entrevista explica a PLANETA CANARIO en qué consiste la labor de estos profesionales, los síntomas que padece la población que atienden, cómo se puede ayudar a las personas damnificadas y también muestra su disconformidad con cómo algunos medios de comunicación han cubierto esta catástrofe.

¿Cómo se sienten las personas damnificadas por la erupción, que les manifiestan a ustedes?
«Los síntomas que se están dando en las personas adultas principalmente son tristeza profunda, ansiedad, depresión. Y en estos momentos en los que ya ha pasado tanto tiempo de erupción, rabia, ira, dependencia, apatía. Y en los niños, aparte de todos esos, pues trastornos del sueño, mala alimentación, descuido en su higiene personal…, y se sienten desamparados».
¿Hay personas que ya tenían algún tipo de sufrimiento mental antes de la erupción? ¿Influye ese factor en la manera de sobrellevar esta catástrofe?
«Muchos ya venían con un diagnóstico de base; vienen de la Seguridad Social con un trastorno de ansiedad desde hace 5 años y sin ninguna mejora, cosa que a mí no me entra en la cabeza. Después también hay personas sin nada previo que vienen porque la situación los está superando. Si la catástrofe hubiese empezado el 19 de septiembre y hubiese terminado el 20 o 25 de ese mes, normalmente esas personas pasan por un estrés agudo, se les hace una intervención corta, una atención en crisis y se espera que el 75% de ellas salga de ese estrés agudo por ellos mismos, por sus estrategias. Lo que pasa es que ahora nos seguimos enfrentando a una catástrofe que parece que no termina y esas personas ya están solicitando una intervención a largo plazo bien porque tenga algo previo o porque están superados . Muchos, por tanto, han ido antes por la Seguridad Social, no han sido diagnosticados, no tienen un seguimiento en la medicación, y es porque los recursos no son suficientes. No puede ser que haya gente que lleve 5 años con ansiedad; para eso estamos los psicólogos, para que no se prolongue tanto tiempo esa ansiedad».
Es decir, que muchas personas de las que atienden por el volcán vienen con un problema de fondo, previo, no tratado. De siempre se ha dicho que la Salud mental es la asignatura pendiente de la Sanidad pública…
«Sí. A muchos de ellos el volcán les agobia, pero para la mayoría es la gota que colma el vaso. Cuando empiezan a hablar, no hay problemáticas de trastorno ni de diagnostico, pero tienen otros problemas de base, que a lo mejor con una atención de base que nunca han ido a un psicólogo a solucionarlo».
¿Se refiere entonces a una parte importante de las personas que acuden a este servicio?
«Si, es gente que ya tenía un problema y no tenía herramientas para soportar algo así. Y muchas veces la gente no viene a buscar la atención, sino que tenemos nosotros que ofrecerla porque muchos piensan: ‘Yo no estoy loco, yo estoy bien’, y muchas veces les decimos que nosotros no sólo estamos para compartir lo malo, también nos gusta compartir lo bueno . Y hay casos como el de un señor con el que pude hablar que decía que él estaba bien y le propuse lo siguiente: ‘Imagina que trabajas en una gran empresa y necesitas 5 días para cualquier cosa, ¿cómo se lo pedirías a tu jefe? Y me contestó que cómo iba a pedirle eso. Pues eso es un problema psicológico, no ser capaces de pedir lo que nos corresponde».

Ir al psicólogo históricamente ha tenido cierto estigma social. Uno va al médico médico y no solemos tener pudor en decirlo. Pero ir a cuestiones de salud mental, nos lo callamos. ¿ En parte puede ocurrir esto con muchas personas que, necesitando atención mental por esta catástrofe tremenda, no acudan a este servicio por este motivo?
«Pues así es: con cualquier otro problema de salud estamos siempre reclamando. Movemos todo lo que haga falta para que nos manden al digestivo, por ejemplo, o pagamos 200 euros para ir a un buen cardiólogo, incluso le recomiendo a mis compañeros mi médico privado porque me gusta . Pues con la psicología debiera ser lo mismo. No tiene porqué haber un problema de base; tenemos que normalizar esa atención mental, porque con esto nos estamos dando cuenta de que mucha gente es la primera vez viene al psicólogo y nos confiesan qué equivocados estaban y cuanto necesitaban de ayuda psicológica».
¿Cuándo debe una persona ir a un psicólogo? ¿Cuando notamos que ya no podemos más y nos saltan las alarmas?
«Cada uno es un mundo, pero sí, cuando sentimos que ya no podemos con algo que nos supera, y es la gota que colma el vaso. En ese momento debemos convencernos de que necesitamos ayuda; no la de un amigo, un camarero ni de un peluquero, sino de alguien que me dé las herramientas y el conocimiento para poder salir adelante. De todas maneras yo opino que una vez al año debemos ir al psicólogo, aunque no tengamos ningún problema».
¿Cuántos psicólogos y psicólogas están trabajando o colaborando en este servicio?
«Aquí en la Casa Massieu somos 4, otra en Tazacorte, 4 en el centro de Los Llanos, otros 4 en El Paso y dos en Fuencaliente, con el contrato menor que nos han hecho. Pero hay un centenar de manera voluntaria».
Esta, es una catástrofes que ha durado mucho, no ocurre un día y al siguiente ya empieza la reconstrucción. ¿Cómo puede la mente humana afrontar esa tortura?
«Cada caso es un mundo. Tenemos personas que atendemos en crisis porque acaban de perder lo material y hay otras a las que se les está haciendo un seguimiento para dales las herramientas. Pero esta ayuda es solo la de un primer momento, atención en crisis, consolar, ayudar con la contención emocional, que vuelvan a la realidad, al desahogo emocional, informarles de todo. A las personas que están con la incertidumbre de qué pasara con sus casas hay que siempre todos los finales posibles, es decir, no podemos agarrarnos a la esperanza constante de algo que a lo mejor no va a ocurrir. Y hay que trabajar también en otros ámbitos de la vida para procurar que no todo el tiempo libre se emplee en producir pensamientos irracionales y rumiantes».

¿Debe reforzarse en la Sanidad Pública de La Palma la atención mental para los próximos meses?
«Tengo entendido que se va a reforzar. Porque, a mi parecer, sí va a haber un repunte en salud mental. Ya se está viendo mucha gente sin medicación y sin seguimiento, y sí creo que deber reforzarse».
¿Cómo podemos ayudar a las personas afectadas por la erupción quienes no somos psicólogos sino amigos, familiares, o sencillamente nos relacionamos con estas personas por diferentes circunstancias?
«Es necesario controlar el exceso de información, porque en todos lados se habla del volcán. Las amistades y el circulo social es muy importante en este momento; apoyarse en esas personas, pero siempre debemos tener en cuenta al afectado. Incluso hay que preguntarle si quiere que le preguntes tanto por cómo esta, saber realmente sus intereses. Porque al estar en shock no puede decirte que le des un poco de espacio. El apoyo a estas personas damnificadas es necesario, pero sin agobiarlas con información del volcán, y respetar siempre su intimidad. Principalmente los medios de comunicación».
¿Le ha disgustado el tratamiento de algunos medios de televisión, radio o prensa han hecho de esta catástrofe?
«Hemos visto cómo la gente recogía sus cosas al ser evacuadas y tenían las cámaras encima, pese a que estaban llorando y no querían hablar. No se ha respetado a veces la intimidad, y algunos periodistas pues ni preguntan cómo se llaman y cómo se encuentran, antes de enfocar con las cámaras a las personas en esa situación, y después preguntar si quieren hablar.»
Entonces cree usted que los periodistas hacemos daño en esas situaciones a quienes están pasando por emergencia así…
«Todo depende de cada uno. Pero si uno mismo pienso si estuviera en esa situación, en que nos digan que tu casa se la acaba de llevar un volcán, y alguien nos pone una cámara y un micrófono y nos pregunta cómo nos encontramos o qué sentimos…. Creo que eso no nos ayudaría a un desahogo emocional correcto y , además, tampoco es necesario pasar por esas situación. Una vez que nos llevaran a un lugar seguro, con ayuda de la policía o personal de protección civil, entonces tal vez los medios de comunicación podrían preguntar si queremos hablar».





















































