VICENTE PÉREZ
La sargenta de la Guardia Civil Gloria Moreno, jefa del Seprona en Lanzarote, es ya conocida dentro y fuera de la isla por dos motivos: su honradez en el cumplimiento del deber de proteger la naturaleza (gracias a sus denuncias se han dictado condenas por delitos maltrato animal y contra el medio ambiente, la más reciente un macroproceso con 10 condenados por matar y comer pardelas en Alegranza) y la persecución a la que ha sido sometida con una sarta de expedientes disciplinarios, todos archivados, a raíz de pillar con las manos en la masa a estos cazadores furtivos de aves protegidas en el Archipiélago Chinijo. Incluso ha tenido que ir a juicio, del que ha sido absuelta, en una querella de otro guardia civil a quien vinculó con supuestos chivatazos en su día para que el Seprona no culminara con éxito operaciones contra el furtivismo. Ahora es ella la que ha presentado una querella contra superiores y subordinados suyos, y espera que se haga justicia.
Vía telefónica, ha concedido a PLANETA CANARIO una entrevista, en la que muestra su agradecimiento por el masivo apoyo social que ha recibido, incluido el de las 146.000 personas que han suscrito en Change.org una petición al Gobierno del Estado para que cesen los expedientes disciplinarios contra ella.
Moreno habla para este diario con un profundo respeto por la institución a la que pertenece, la Guardia Civil, aunque decepcionada con determinados comportamientos de algunos de sus miembros, en todo caso hechos que considera aislados. Esta segoviana de nacimiento, que se confiesa una enamorada de la naturaleza desde niña, tiene 41 años y accedió a la jefatura del Seprona con 35, siendo ya sargenta, tras haber ingresado en la Benemérita con 27 años. A ella se debe la instrucción de la primera denuncia que acabó en condena de prisión por maltrato animal, a un perro, en Canarias.
Ha sido usted ya absuelta en el proceso que se le había abierto, al no recurrir las partes. ¿Qué significa para usted esta sentencia?
«En el plano personal un alivio, pero en el profesional una decepción muy profunda porque me han procesado por ser una buena guardia civil, por no encubrir delitos. He sentido que en estos tres años algunos han querido darme un castigo ejemplar para que no se me vuelva a ocurrir informar de los supuestos delitos de los que tenga conocimiento que cometan otros, guardias civiles incluidos».
¿Qué le diría a las 160.000 personas que han respaldado su honestidad en su actuación en defensa de las pardelas protegidas y de que se cumpliera la legalidad en todo momento?
«Al principio yo no lo entendía, hasta que poco a poco fui entendiendo que la mayoría de esas personas me han apoyado porque también han sufrido, o en su círculo más próximo les ha ocurrido, situaciones injustas similares por cumplir con su obligación legal o moral. Yo me pregunté en su momento porqué si no me conocía nadie, en cambio me apoyaba tanta gente que podía haber apoyado a los otros que me atacaban. Y he comprendido que en muchas personas existe esa quemazón».
¿Había pasado por algo parecido antes dentro de la Guardia Civil?
«Desde luego esto no me había pasado nunca. Pero a mi me gustaría discernir muy bien entre lo que ha hecho un grupo concreto de guardias civiles y lo que es la institución, que es la mejor valorada por los españoles, en la que hay miles de profesionales que se dejan la piel por garantizar la seguridad de la población, que rescatan gente, que están todas las noches en las carreteras…»
¿Cree que fue importante este masivo respaldo ciudadano como efecto disuasorio para determinadas presiones que usted ha recibido?
«No lo sé, habría que preguntárselo a quienes me presionaron si por ese apoyo social y mediático en un determinado momento vieron que no podían conmigo, y me dejaron de acosar y de acusarme falsamente con una sarta de mentiras. No puedo demostrar que esa presión de la opinión pública hiciera que no fueran más injustos conmigo. Tengo la sensación de que sí, pero, insisto, habría que preguntárselo a ellos».
Usted ha sufrido apertura de expedientes, que luego han quedado en nada, ¿a qué atribuye tantas medidas disciplinarias contra usted? ¿Se ha encontrado usted personas con más, igual o menos rango que usted en la Guardia Civil a las que no interesa que se sea estricto en la vigilancia de la naturaleza protegida?
«Está claro que querían echarme del puesto como jefa del Seprona en Lanzarote, no sé por qué; aunque me lo imagino, pues la hostilidad contra mi empezó cuando hice un informe de que tuve conocimiento, porque me había dicho una persona, de que uno de los guardias reventó una operación contra el furtivismo; ahí empezó toda esta locura contra mi. Buscaban echarme, cuando yo lo que he hecho es cumplir con mi deber legal y moral. En los expedientes disciplinarios contra mi, que acabaron sin sanción, se proponía la pérdida de mi especialidad durante dos años».
Desde su punto de vista, ¿son muy frecuentes las infracciones y delitos contra la normativa del medio ambiente en Canarias, y en Lanzarote en particular?
«Lo de las pardelas fue un hecho grotesco que venían denunciando Adena y otras organizaciones ecologistas desde hacía 30 años. Sin duda, yo tuve un punto de suerte en esa operación, porque los cogí con las manos en la masa. El Seprona nunca pilló a nadie en 30 años. Hay que destacar que en una grabación que yo aporté en el juicio, el dueño de Alegranza decía que él había sido testigo de que un guardia era el chivato mil por mil sobre intervenciones previstas por el Seprona y que presenciaba las llamadas que hacía. Me refiero al guardia civil que me denunció luego a mi».
De todos los delitos que ha investigado, ¿cuál le ha impresionado más?
«Ha habido otros que me han impresionado más incluso que este que afectó a las pardelas. El furtivismo es muy frecuente. Lo que sí me sorprendió en este caso es la sensación de impunidad que tenían algunas personas, que finalmente fueron condenadas. Estaban cocinando aves protegidas en pantalón corto, jugando a las cartas y bebiendo; sabían que allí no iba a ir nadie y que si alguien del Seprona lo haría les iban a poner sobre aviso antes».
¿Entonces tomó usted en esa ocasión especial precaución para que no hubiera un chivatazo que desbaratarse la operación en Alegranza?
«Sí, procuré que nadie supiera que íbamos a intervenir. Me habían dicho que en mi unidad se filtraba información y tomé esas precauciones adicionales».

¿Nota usted que la sociedad es cada vez más consciente de que hay que repudiar y perseguir el maltrato animal?
«Está claro que en los últimos 7 o 10 años se ha producido un paso muy grande hacia adelante en el ecologismo y el animalismo, con una corriente social imparable que avanza hacia la justicia y la igualdad en todos los sentidos, un fenómeno que se da también en el feminismo, contra la homofobia…»
Ser mujer ¿entraña o ha entrañado hoy en día para usted alguna particularidad en el ejercicio de su función como guardia civil? ¿En toda esta persecución interna contra usted tiene algo que ver el machismo?
«No sé qué es lo que se verá desde fuera en lo que a mi me ha ocurrido que todos los periodistas que me entrevistan me han hecho la misma pregunta. No puedo responderla yo, porque no puedo demostrarlo»
-Le pregunté por el machismo porque suele aflorar contra determinadas mujeres que han ascendido hasta puestos de mando en donde tradicionalmente solo había hombres… Y si encima se trata de perseguir delitos que algunos tratan de encubrir…
«Sí puedo hacer notar que otros, hombres, en las mismas circunstancias, los han condecorado pero a mi no. Cuando un guardia civil salva la vida a una persona, le dan una medalla; yo lo hice junto a un compañero de la policía local, pero a él lo condecoraron y a mi no».
¿Qué representa para usted la naturaleza que tiene encomendada vigilar, Lanzarote en este caso?
«Amo la naturaleza de Lanzarote, de España y del mundo. Desde que era niña sentía esa vocación, de proteger al débil, al animal, al hábitat… Por esa vocación estoy en el Seprona»
¿Cree que su actuación íntegra y honesta en defensa de las pardelas ha podido evitar nuevas matanzas?¿Se vigila lo suficiente?
«Sí se ha evitado que haya nuevas matanzas; no se han vuelto a producir desde 2015, que yo tenga constancia. Ya el año pasado, me decía gente que trabaja en la reserva marina que se habían multiplicado los ejemplares de pardelas en el Archipiélago Chinijo, hasta el punto de que había crecido su número a más de 300. Ahora se reproducen con tranquilidad, antes no».
Usted lleva 6 años en la jefatura del Seprona de Lanzarote. ¿Tuvo que cambiar muchas cosas cuando llegó a este puesto?
«En el año que yo llegué, en 2015, pasamos de tener de dos imputados a 25. Se tramitaron más denuncias por delitos. Pero tenemos carencia de medios, ya que el Seprona abarca no solo Lanzarote, sino La Graciosa y el resto de islotes del Archipiélago Chinijo. Pero en estos años he observado que hay muchas infracciones que se cometen por desconocimiento, y a esas personas se lo explicas y no la vuelven a cometer. Es decir, a la vez que los denuncias les explicas lo que dice la ley, para que no reincidan. Pero sí, cambié la forma de trabajar, para que hubiera un absoluto respeto al ordenamiento jurídico, tanto a la normativa interna como de la Ley de Enjuiciamiento Criminal . Rompí con ciertas costumbres incompatibles con la buena imagen de la Guardia Civil».
Ha presentado querellas contra quienes trataron de desprestigiarla y apartarla de la jefatura. ¿Espera que sigan adelante?
«Sí. He denunciado por abuso de poder a un coronel, a un capitán y al guardia Miguel Ángel Padial. Espero que esas querellas prosperen, para que se restablezca el daño que me han hecho a mi honor».





















































