RUBÉN EXPÓSITO
La pardela cenicienta es una ave marina protegida que anida cada año para reproducirse en Canarias, Azores o Madeira, donde pone un solo huevo. Su carne, que sabe a pescado, se considera un manjar. La mayor concentración de pardelas se da en Alegranza, en pleno Parque Natural del archipiélago Chinijo, un islote deshabitado al norte de Lanzarote.
Esta actividad se remonta a nuestros aborígenes, y el hecho de prohibirla no ha desanimado a algunos cazadores a seguir comiéndose esta ave protegida. Cada septiembre, desde hace décadas, ocurre la misma historia, alguien busca la manera de burlar la ley.

En septiembre de 2015, el Servicio de Protección de la Naturaleza (Seprona) de Lanzarote llevó a cabo un operativo para sorprender a un grupo de personas del que sospechaba que pretendían cazar a estas aves para comérselas. Los agentes decidieron inspeccionar el islote ante las «numerosas quejas de asociaciones ecologistas, biólogos y ciudadanos» por la reiterada actividad ilegal de la caza de la pardela desde hace años cada mes de septiembre.
Cuando desembarcaron en la playa del Veril se encontraron una carpa con mesas, sillas y una cocina donde se estaba guisando pardela, tal y como confirmó el que hacía la labor de cocinero. En el operativo se identificaron a 19 personas.
La Guardia Civil, clave en esta historia
El capitán del Seprona en Las Palmas, Germán García, admitió que la intervención iba a tener «muchos más perjuicios que beneficios para el destacamento». Lo dijo en su declaración ante el Juzgado de instrucción número 2 de Arrecife en el procedimiento en el que la sargento del Seprona Gloria Moreno, responsable del operativo, fue acusada de un delito de falsedad en documento oficial y en el que la Fiscalía pidió una pena de cuatro años de prisión e inhabilitación especial para empleo o cargo público por un periodo de tres años.
Germán García declaró que le comunicó esta cuestión a la sargento Moreno al día siguiente del operativo. El capitán se quejaba de que la sargento no le hubiera informado y no se hubiera hecho acompañar de un cabo, tal y como le había indicado él mismo días antes, ya que le había puesto la condición de que dicho servicio lo realizara el Seprona.
El operativo se había diseñado unos días antes cuando la sargento tuvo conocimiento de que varios barcos iban a fondear con la intención de cazar pardelas, pero unos días más tarde le informaron de que el Cabildo de Lanzarote no había otorgado esos permisos de fondeo y se llegó a la conclusión de que había que suspender el operativo y así se lo comunicaron al coronel.
El operativo se lleva a cabo y todas las sospechas se confirman
La sargento le dijo al capitán que el cabo estaba de día libre «y no quería molestarlo» y que fue invitada a realizar la intervención por parte del teniente del Servicio del Mar de la Guardia Civil, junto de dos agentes de Fuerteventura. Antes esas explicaciones, García le dijo que «lo sucedido era del todo inaceptable».
Este procedimiento en el que se imputa a Gloria Moreno tiene su nacimiento en las sospechas de la sargento, que piensa que las personas que cazaban pardelas habían sido avisadas en más de una ocasión de que la Guardia Civil iba a intervenir.
La sargento puso en conocimiento, primero del capitán verbalmente y después por escrito ante el jefe del cuartel de Costa Teguise, de que un trabajador de la estación biológica de Doñana que pasa temporadas en Alegranza le había comentado que Juan Carlos González Berriel, que había sido uno de los identificados en el Masterchef de pardelas de 2015, le había comentado que en 2013 un agente del Seprona llamado “Miguel” le había avisado de que iba a hacer un operativo en Alegranza.

Moreno denunció los hechos, que los investigó la Policía Judicial y se abrió un procedimiento penal contra el agente, Miguel Ángel Padial, que acabó archivando el Juzgado número 3 de Arrecife. Al archivarse ese procedimiento, fue Padial quien devolvió el favor a Moreno y denunció a la sargento por denuncia falsa.
El capitán García reconoció que la sargento le había advertido en varias ocasiones de sus sospechas, pero no se habían realizado actuaciones al respecto.
En el juicio, hasta el cocinero se declaró inocente
La Fiscalía y la Asociación de Amigos de la Pardela Cenicienta han solicitado multas de 5.700 a 8.700 euros a las 19 personas acusadas de haber participado.
El juicio ha quedado visto para sentencia este pasado miércoles, tras la sesión en la que las defensas han pedido la absolución de los encausados. Los acusados mantienen que estaban en la playa del Veril sin hacer nada ilegal.
Los 19 acusados han comparecido ante el Juzgado de lo Penal número 1 de Arrecife acusados de un delito contra el medio ambiente, en la modalidad de protección de la fauna. Todos los imputados se negaron a contestar las preguntas del fiscal y de la acusación particular encabezada por la Asociación de Amigos de la Pardela Cenicienta, limitándose a responder a las preguntas planteadas por sus respectivas defensas.
Los 19 procesados admiten que el día 8 de septiembre de 2015 estuvieron en Alegranza pero que ni cazaron, ni comieron, ni guisaron ejemplares de pardela, frente a lo que sostiene el equipo de la Guardia Civil que los sorprendió en plena comida. Parece ser que la Guardia Civil y los 19 acusados viven en universos distintos. Según la versión de los acusados, estaban en el islote para pescar, y nada más.
Incluso uno de los encausados alegó, a través de su abogado al más puro estilo de un jurista estrella, que en aquellas fechas estaba recién operado y no podía ingerir ningún alimento con grasa, por lo que difícilmente podría haber comido pardelas por el riesgo para su salud. No dijo que se desconsoló viendo a los demás mandándose las pardelas a dos carrillos mientras el se tomaba un vaso de agua y una ensalada mixta porque eso sería contradictorio a su declaración.
Los acusados también han asegurado al juez que aquel día había en Alegranza medio centenar de personas y media docena de barcos. Les faltó decir que esto es una persecusión y que la Guardia Civil les tiene manía, como le decías a tus padres cuando te suspendía la maestra en la escuela.
Igualmente, han señalado que durante la intervención de la Guardia Civil, en ningún momento se les informó el motivo por el que se les identificó ni les leyó sus derechos. Supongo que esto significa que prevalece el derecho a terminar de comer antes de que te lean tus derechos. Eso de detener a la gente en medio de una comida, es de muy mala educación.
Por su parte, la Fiscalía de Canarias ha presentado el testimonio de un perito forense que certifica, con análisis de ADN, que los restos del guiso incautado al grupo sorprendido por la Guardia Civil en plena comida eran de pardela cenicienta, “sin ninguna duda”. Igual es que se las encontraron ya cocinadas bajo una carpa con sillas cuando llegaron a Alegranza, y tenemos que llamar a Iker Jiménez para que investigue este extraño suceso.
Las defensas han intentado desacreditar esa prueba, denunciando una presunta quiebra de la cadena de custodia de la bolsa en la que se recogió el guiso, porque, según versión, se entregó por parte de la Guardia Civil a un veterinario que no es funcionario. Básicamente, un tecnicismo barato que busca que se obre el milagro divino de transformar un guiso de pardela en un bocadillo de mortadela.
Desde su punto de vista, no hay ninguna prueba de que los acusados cazaran o cocinaran las pardelas y sí, en cambio, de que se han vulnerado los derechos fundamentales de los acusados. En definitiva, pobre gente…ahora temen que la justicia los declare culpables y sean ellos los desplumados.




















































