Las asociaciones ciudadanas que han rescatado del olvido el Semáforo de Igueste, una estación de señales marítimas del siglo XIX colgada de un sobrecogedor precipicio de Anaga, están viendo sus frutos. Aunque todavía no se ha movido una piedra para su rehabilitación, lo cierto es que un edificio que estaba condenado a desaparecer tras décadas de absoluto abandono, ahora ya es conocido por más personas -antes solo por vecinos del lugar y senderistas- y las administraciones públicas canarias dan señales de querer hacer algo para evitar su ruina total (eso sí, espoleadas por el impulso vecinal).

Por lo pronto, esta construcción -con su enorme antena incluida-, que está catalogado como patrimonio histórico por el Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife, ya está en trámite de cesión al Gobierno canario por parte del Ministerio de Hacienda, que el pasado verano encendió las alarmas al sacarlo a subasta -luego rectificó tras las quejas ciudadanas-, lo que permitido reavivar el interés mostrado hace unos años por el consistorio chicharrero, el Ejecutivo regional y el Cabildo tinerfeño por rehabilitar el inmueble.
A finales de febrero pasado el Servicio Provincial de Costas de Tenerife publicó el expediente de concesión a favor de la Viceconsejería de Cultura y Patrimonio Cultural con destino a la ejecución del proyecto para la rehabilitación y cambio de uso del Semáforo de Anaga, que ocupa una superficie de 1.195 metros cuadrados de dominio público marítimo-terrestre, según deslinde aprobado por orden ministerial de 7 de mayo de 2010
Los artífices de rescatar del olvido esta edificación alongada a un impresionante paisaje son la Asociación de Mayores de San Pedro de Igueste, la Asociación de Vecinos Haineto Príncipe de Anaga y el Colectivo Semaforo de la Atalaya.

Su último logro en su inquebrantable empeño de salvar este inmueble aconteció el pasado 29 de marzo, cuando el buque Escuela de la Armada Española Juan Sebastián de Elcano pasó, de manera planificada, frente al Semáforo, desde el que dispararon bengalas, en recuerdo de la escala en Tenerife de la expedición de Magallanes-Elcano, hace cinco siglos.
Entre 1519 y 1522 tuvo lugar este legendario periplo, hito en la historia de la humanidad.

La flota de las Molucas, formada por cinco naos, partió de Sevilla con más de 250 tripulantes en agosto de 1519 al mando de un portugués, Fernando de Magallanes, y regresó a España solo una de las naves casi tres años después con 18 marineros, capitaneados por el guipuzcoano Juan Sebastián Elcano.
Cinco centurias después de que pasara por Tenerife la intrépida flota de aquella inaugural vuelta al Mundo -que hizo escala en la isla- y dentro de las conmemoraciones de este quinto centenario, el Juan Sebastián del Cano bordeó la costa santacrucera con su inconfundible arboladura de gigantescas velas blancas acompañado por el buque de acción marítima Rayo y por todos aquellos amantes de la mar que quisieron sumarse con sus embarcaciones y ser partícipes de la conmemoración de tan histórica gesta.

El Semáforo fue entregado por el Ministerio de Fomento al Ministerio de Marina en 1893 y también se traspasó un pequeño embarcadero en la playa de Igueste de San Andrés y un camino carretero de 2.054 metros de longitud, que une este con aquel en la cota de 222 metros.
Se ubicó sobre un impresionante acantilado de Anaga para que fuera visible desde Santa Cruz. Hoy en día mantiene la comunicación visual con la Comandancia de Marina, que se encuentra a una distancia de algo más de seis millas.
Con el paso de los años y los avances en las comunicaciones marítimas, el Semáforo se volvió innecesario, de modo que el 2 de julio de 1970 el entonces Ministerio de Marina lo entrega al de Hacienda. El Cuerpo de Vigías de Semáforos de la Armada continuaría aún más de veinte años en activo antes de su desaparición definitiva.






















































