VICENTE PÉREZ
Reina es una mujer de 43 años que ha estado 11 meses viviendo en un parque de La Cuesta (La Laguna) para no separarse de sus tres perros: Blacky, Pach y Tika. Su historia es conmovedora porque rechazó la ayuda que le ofrecía el Ayuntamiento lagunero ya que implicaba que el techo provisional que le ofrecían, un recurso para personas sin hogar, no le permitía llevarse a sus tres mascotas, y la única solución era llevarlos temporalmente al albergue canino de Valle Colino.
En el camino de Reina, que vino de Venezuela a Canarias hace 4 años y es hija de un matrimonio de emigrantes de Icod de los Vinos, se cruzó ese ángel caído del cielo que a veces le llega a las personas bondadosas como ella: el fundador de una organización animalista, Brigada Orión, propietario de la tienda de animales Animal Family en Santa Cruz de Tenerife, Cristo Gil, publicó su historia en las redes sociales, lo que a su vez hizo que diera el salto a los medios de comunicación.
Este activista y empresario por los derechos de los animales apeló a la solidaridad para encontrarle una casa a Reina, aportando él dinero y la garantía que sea precisa. Y así ha sido: en menos de 24 horas una vecina que prefiere mantenerse en el anonimato le ha ofrecido un hogar a Reina y sus tres perros.
La historia ha sido enternecedora y emotiva, porque además esta mujer -que durante un tiempo vivió con una amiga pero por problemas de convivencia se vio obligada a abandonar esa casa- ha sido ayudada en este tiempo en que ha dormido en una tienda de campaña por vecinas que le han ofrecido asearse en sus domicilios, le han dado comida, también Cruz Roja la ha ayudado, así como el Ayuntamiento con una ayuda par alimentos. Ella y su actual pareja, «son un pan de Dios», afirman unas vecinas, certificando la bondad de quien con tanto corazón no ha querido vivir sin sus canes.
Pero el caso de Reina y sus tres perritos ha puesto en evidencia la injusticia de exigir a todas las personas sin hogar separarse de sus mascotas si quieren recibir un hogar provisional, aunque sea en un albergue o un pisco compartido.
En La Palma, en otras circunstancias muy diferentes a las de Reina, las familias damnificadas que perdieron su casa por la erupción volcánica en Cumbre Viejas a las que se les ofreció un hotel, se vieron en la tesitura de tener que separarse de sus mascotas para poder alojarse en ese establecimiento, y dejarlas en albergues de animales, algunos improvisados o saturados debido a esta catástrofe natural.

El concejal de Asuntos Sociales de La Laguna, Rubens Ascanio, ha reconocido en el periódico El Día que los espacios comunitarios para personas sin hogar gestionados por el Ayuntamiento para casos como el de Reina no permiten las mascotas porque «hay usuarios que tienen alergias o miedo a los animales». En cualquier caso, el edil lagunero avanzó que el actual gobierno local está trabajando para que haya pisos con medios para tener animales en futuros planes de viviendas sociales, como las casas modulares que se proyectan en Geneto.
Ascanio también explicó que a Reina se le ofreció dejar los perros de forma provisional en un lugar habilitado en el albergue de animales de Valle Colino para emergencias de este tipo. «Allí cuidarían a los perros hasta encontrar una solución y ella podría ir a visitarlos cuando quisiera. Pero la mujer ha decidido que sin ellos no va a ningún lado a vivir», apuntó el concejal en sus declaraciones a dicho periódico, antes de conocerse la noticia de que Reina ha conseguido ya una vivienda.
Pero este caso muestra que las Administraciones públicas, e incluso las empresas privadas, tendrán que adaptarse a la creciente sensibilidad social sobre los derechos de los animales y el derecho de sus dueños a convivir con ellos. De hecho, desde enero, legalmente en España, con la reforma del Código Civil, los animales son seres sintientes y, por tanto, ya no pueden ser tratados como cosas. Esta cambio legislativo viene a reconocer que los animales de compañía son miembros de la familia dotados de capacidad para sentir y, en algunos, casos tener sentimientos.
De ahí que el coordinador de la Red Canaria Solidaria contra el Maltrato Animal, Abed Román, manifieste que casos como el de Reina no deberían producirse: «No solo debería haber viviendas sociales para que nadie tuviera que dormir en la calle, sino que a las personas sin hogar no se les puede exigir por sistema separarlas de sus mascotas para poder recibir un techo».

Román subraya que «las Administraciones públicas son las responsables, por ley, de dar soluciones habitacionales adecuadas a estas personas y es una inmoralidad política que no se construyan o se compren, por procedimiento de emergencia si es preciso, las viviendas sociales que necesitan miles de familias en Canarias» y que la única solución sean albergues o pisos compartidos.
«Sabemos que hay un plan del Gobierno canario para el periodo 2020-2025 con el que se retoma la construcción y compra de unas 6.000 viviendas de promoción pública, pero están en construcción solo 16. «¿Cuánto tiempo tendrán que seguir esperando las 18.000 familias inscritas en el registro de demandantes de vivienda y las otras muchas que no están apuntadas en ese listado?», se pregunta Román, para quien «hacer esperar a la gente tanto tiempo, pues muchas familias llevan años y años esperando, es una inmoralidad, porque es hacerlas sufrir innecesariamente».
En el caso de Reina, según el portavoz de dicha Red animalista, si hubiera recibido una vivienda social, que fuera pagando luego en función de sus posibilidades, habría podido estar con sus perros, y esta historia no habría acontecido.

Lo cierto es que esta mujer ya tiene casa, gracias a la solidaridad ciudadana. Ella nació en Venezuela, pero sus madre y su padre son naturales de Icod de los Vinos (Tenerife), y se fueron jóvenes al país sudamericano.
Reina volvió a la tierra de sus progenitores «con el sueño» de traer también a su madre y a su hermana, «pero ese sueño no se ha cumplido» y ambas siguen en Venezuela.

Cuando Cristo Gil le dio la sorpresa de que una vecina anónima se conmovió al conocer su caso y le ha facilitado una casa donde poder estar con sus perros, Reina no pudo evitar llorar. Pero son las lágrimas de alegría, como las que derramó su benefactor. «¡Yo me los he traído a la peluquería de mi tienda Animal Family para ponerlos guap@s!», ha divulgado en Facebook este empresario tan animalista como humanista. Y es que no solo hay que dar un trato humano a los humanos sino también a los animales que los acompañan.






















































