Uno que conozco bien cumplió el pasado 11 de abril 48 tacos. Las felicitaciones fueron telemáticas, salvo su núcleo duro, aquel que convive en su casa, mujer e hija, todo lo demás fue una cariñosa felicitación vía vídeo. Un día futurista pensé, incluso antes de formar en mi cabeza la idea artística de felicitarle el cumpleaños, ya sonaba a novedad. Le mandaron un buen número de felicitaciones. Lo agradeció enormemente, es un tipo honesto, valora una llamada de un segundo tanto como un jamón serrano (aunque se lo coma con gusto) y aunque es capaz de negarlo colgado boca abajo, sé que memorizó a todos los que le mandaron su cariño vía lejanía y se hizo el duro usando el sarcasmo, un arma que demuestra ser muy efectiva para preservar la salud mental, sobre todo en tiempos de guerra. Él lo sabe.
Las situaciones extremas como la que estamos atravesando sacan lo mejor y peor de cada uno. Ya decía el refrán «cuando el hambre entra por la puerta, el amor salta por la ventana», en los malos momentos se realiza de manera natural una criba de casi todo, entendiendo por «casi todo», las relaciones personales. Todos los que importaban poco caen en el olvido si no asoman la cabeza, y los que apreciábamos por encima de sus posibilidades pueden caer en su propia falsedad con facilidad, como un plomo que se suelta sin querer del cinturón de un submarinista.
La moraleja de esta reflexión es que ha llegado el momento involuntario que está separando lo importante de lo banal, los que se acuerdan de que existes cuando la vida golpea sin cesar, o los que no lo hacen, así de sencillo: nunca volverás a tener tan fácil saber quién de verdad, con un cariño desinteresado está a tu lado sin estarlo, todo aquel que te da un abrazo, aunque no pueda llegar hasta ti desde la lejanía.
Uno que conozco bien cumplió el pasado 11 de abril 48 tacos. Las felicitaciones fueron telemáticas, salvo su núcleo duro, aquel que convive en su casa, mujer e hija, todo lo demás fue una cariñosa felicitación vía vídeo. Un día futurista pensé, incluso antes de formar en mi cabeza la idea artística de felicitarle el cumpleaños, ya sonaba a novedad. Le mandaron un buen número de felicitaciones. Lo agradeció enormemente, es un tipo honesto, valora una llamada de un segundo tanto como un jamón serrano (aunque se lo coma con gusto) y aunque es capaz de negarlo colgado boca abajo, sé que memorizó a todos los que le mandaron su cariño vía lejanía y se hizo el duro usando el sarcasmo, un arma que demuestra ser muy efectiva para preservar la salud mental, sobre todo en tiempos de guerra. Él lo sabe.
Las situaciones extremas como la que estamos atravesando sacan lo mejor y peor de cada uno. Ya decía el refrán «cuando el hambre entra por la puerta, el amor salta por la ventana», en los malos momentos se realiza de manera natural una criba de casi todo, entendiendo por «casi todo», las relaciones personales. Todos los que importaban poco caen en el olvido si no asoman la cabeza, y los que apreciábamos por encima de sus posibilidades pueden caer en su propia falsedad con facilidad, como un plomo que se suelta sin querer del cinturón de un submarinista.
La moraleja de esta reflexión es que ha llegado el momento involuntario que está separando lo importante de lo banal, los que se acuerdan de que existes cuando la vida golpea sin cesar, o los que no lo hacen, así de sencillo: nunca volverás a tener tan fácil saber quién de verdad, con un cariño desinteresado está a tu lado sin estarlo, todo aquel que te da un abrazo, aunque no pueda llegar hasta ti desde la lejanía.
Uno que conozco bien cumplió el pasado 11 de abril 48 tacos. Las felicitaciones fueron telemáticas, salvo su núcleo duro, aquel que convive en su casa, mujer e hija, todo lo demás fue una cariñosa felicitación vía vídeo. Un día futurista pensé, incluso antes de formar en mi cabeza la idea artística de felicitarle el cumpleaños, ya sonaba a novedad. Le mandaron un buen número de felicitaciones. Lo agradeció enormemente, es un tipo honesto, valora una llamada de un segundo tanto como un jamón serrano (aunque se lo coma con gusto) y aunque es capaz de negarlo colgado boca abajo, sé que memorizó a todos los que le mandaron su cariño vía lejanía y se hizo el duro usando el sarcasmo, un arma que demuestra ser muy efectiva para preservar la salud mental, sobre todo en tiempos de guerra. Él lo sabe.
Las situaciones extremas como la que estamos atravesando sacan lo mejor y peor de cada uno. Ya decía el refrán «cuando el hambre entra por la puerta, el amor salta por la ventana», en los malos momentos se realiza de manera natural una criba de casi todo, entendiendo por «casi todo», las relaciones personales. Todos los que importaban poco caen en el olvido si no asoman la cabeza, y los que apreciábamos por encima de sus posibilidades pueden caer en su propia falsedad con facilidad, como un plomo que se suelta sin querer del cinturón de un submarinista.
La moraleja de esta reflexión es que ha llegado el momento involuntario que está separando lo importante de lo banal, los que se acuerdan de que existes cuando la vida golpea sin cesar, o los que no lo hacen, así de sencillo: nunca volverás a tener tan fácil saber quién de verdad, con un cariño desinteresado está a tu lado sin estarlo, todo aquel que te da un abrazo, aunque no pueda llegar hasta ti desde la lejanía.
Uno que conozco bien cumplió el pasado 11 de abril 48 tacos. Las felicitaciones fueron telemáticas, salvo su núcleo duro, aquel que convive en su casa, mujer e hija, todo lo demás fue una cariñosa felicitación vía vídeo. Un día futurista pensé, incluso antes de formar en mi cabeza la idea artística de felicitarle el cumpleaños, ya sonaba a novedad. Le mandaron un buen número de felicitaciones. Lo agradeció enormemente, es un tipo honesto, valora una llamada de un segundo tanto como un jamón serrano (aunque se lo coma con gusto) y aunque es capaz de negarlo colgado boca abajo, sé que memorizó a todos los que le mandaron su cariño vía lejanía y se hizo el duro usando el sarcasmo, un arma que demuestra ser muy efectiva para preservar la salud mental, sobre todo en tiempos de guerra. Él lo sabe.
Las situaciones extremas como la que estamos atravesando sacan lo mejor y peor de cada uno. Ya decía el refrán «cuando el hambre entra por la puerta, el amor salta por la ventana», en los malos momentos se realiza de manera natural una criba de casi todo, entendiendo por «casi todo», las relaciones personales. Todos los que importaban poco caen en el olvido si no asoman la cabeza, y los que apreciábamos por encima de sus posibilidades pueden caer en su propia falsedad con facilidad, como un plomo que se suelta sin querer del cinturón de un submarinista.
La moraleja de esta reflexión es que ha llegado el momento involuntario que está separando lo importante de lo banal, los que se acuerdan de que existes cuando la vida golpea sin cesar, o los que no lo hacen, así de sencillo: nunca volverás a tener tan fácil saber quién de verdad, con un cariño desinteresado está a tu lado sin estarlo, todo aquel que te da un abrazo, aunque no pueda llegar hasta ti desde la lejanía.






















































