PLANETA CANARIO
La Red Sísmica Canaria de INVOLCAN ha contabilizado ya más de 4.500 eventos sísmicos híbridos desde que comenzó el nuevo enjambre en Tenerife, a las 21:30 horas del pasado 22 de julio, hasta la noche del viernes 24. Un episodio que se ha convertido en «el más prolongado de estas características observado hasta la fecha en la isla».
Los registros muestran una actividad sísmica muy intensa, con picos de más de 300 eventos en una sola hora, aunque la inmensa mayoría presenta una amplitud tan reducida que apenas resulta apreciable en los sismogramas individuales.
Pese a la elevada cifra de sismos y a la duración del episodio, INVOLCAN subraya que la información científica disponible no apunta a un aumento de la probabilidad de una erupción volcánica a corto o medio plazo (es decir, semanas o unos meses), que sigue siendo baja.
Los sismos se concentran bajo el suroeste de Las Cañadas
Los sismos se localizan principalmente en el sector suroccidental de la caldera de Las Cañadas, a unos 10 kilómetros de profundidad, una zona donde desde hace años se monitoriza la actividad del sistema volcánico de Tenerife.

Los investigadores explican que no se trata de terremotos volcano-tectónicos convencionales, producidos por la fracturación de las rocas, sino de eventos híbridos, un tipo de señal sísmica relacionada con el movimiento de fluidos hidrotermales en el interior del edificio volcánico.
Estos fluidos, compuestos fundamentalmente por agua y dióxido de carbono sometidos a altas presiones y temperaturas, ascienden a través de las fracturas existentes en el subsuelo. Ese desplazamiento genera vibraciones que son detectadas por la red de sismómetros instalada en la isla.
Según la interpretación de INVOLCAN, el incremento de la sismicidad responde precisamente a esa circulación de fluidos hidrotermales, que pueden liberarse desde zonas profundas vinculadas al sistema magmático antes de ascender por las fracturas.
El decimoquinto enjambre desde 2016
Este episodio constituye el decimoquinto enjambre de eventos híbridos detectado en Tenerife desde octubre de 2016, aunque destaca por su duración y por el elevado número de señales registradas.

INVOLCAN recuerda, no obstante, que los sistemas volcánicos activos alternan de forma natural periodos de mayor actividad con otros de relativa calma, por lo que este comportamiento, aunque anómalo por su intensidad, no implica por sí solo una evolución hacia una erupción.
Qué tendría que ocurrir antes de una erupción

Este centro vulcanológico adscrito al Cabildo de Tenerife insiste en que un proceso preeruptivo asociado a una intrusión de magma debería ir acompañado simultáneamente de otros indicadores que actualmente no se observan.
Entre ellos figuran un aumento significativo de los terremotos volcano-tectónicos, una migración progresiva de los hipocentros, una deformación del terreno más rápida y acusada y cambios importantes en la cantidad y composición de los gases volcánicos emitidos por el sistema.
Por ello, INVOLCAN concluye que, con el conocimiento científico actual y los datos de vigilancia disponibles, este enjambre no modifica el diagnóstico ya conocido sobre la evolución del sistema volcánico de Tenerife.
Sistema de prevención

Eso sí, Tenerife es una isla volcánicamente activa y algún día habrá una nueva erupción. Los vulcanólogos pueden acotar una zona donde es más probable, según evolucione la situación, aunque responder al cuándo será más difícil, si bien la interpretación científica de las señales que da la naturaleza deberían permitir adoptar medidas de protección civil para mantener a salvo a la población en caso de un proceso eruptivo inminente.
Para ello, existen un sistema de alertas, o semáforo volcánico, que va del verde actual (ausencia de medidas de protección civil) hasta el amarillo (que es la activación de la alerta propiamente dicha), el naranja (que ya incluye evacuaciones) y el rojo.
Sin embargo, en 2021 en La Palma el volcán erupcionó con el semáforo en amarillo y sin haber evacuado a la población en riesgo, decisiones que, en cualquier caso, corresponde adoptar a la dirección política de la emergencia, tras asesorarse con un comité científico.




















































