PLANETA CANARIO
El papa León XIV situó este jueves el drama migratorio en el centro de su visita a Canarias al desplazarse hasta el muelle de Arguineguín, uno de los principales símbolos de la ruta atlántica hacia Europa.
Alí lanzó un contundente mensaje contra la indiferencia ante las muertes en el mar y reclamó una respuesta más humana frente al fenómeno migratorio.
Tras aterrizar en Gran Canaria, el pontífice se trasladó directamente hasta este enclave del municipio de Mogán, convertido durante los últimos años en uno de los principales puntos de llegada de embarcaciones procedentes del continente africano.

En el propio puerto mantuvo un encuentro con personas e instituciones implicadas en la acogida y atención de migrantes.
En su intervención, el papa León XIV defendió que la Iglesia no puede permanecer ajena al sufrimiento humano que se vive en espacios como el muelle de Arguineguín.
“La Iglesia no puede desentenderse de estos muelles, de estas aguas ni de ningún lugar donde el miedo, la violencia o el exilio sigan hiriendo la dignidad humana”, afirmó.

El pontífice denunció además la actuación de las mafias dedicadas al tráfico de personas y reclamó seguir protegiendo a quienes se ven obligados a abandonar sus hogares.
Al mismo tiempo, llamó a realizar un “examen de conciencia” colectivo ante el drama migratorio y advirtió del riesgo de normalizar la tragedia humana en las fronteras.

“No podemos acostumbrarnos a contar muertos”, afirmó el papa, quien insistió en que “la dignidad humana no tiene pasaporte ni pierde valor al cruzar una frontera”.
También mostró un tono crítico hacia la gestión institucional de los flujos migratorios al advertir de que “no basta con gestionar llegadas, distribuir cifras o reforzar fronteras”.

León XIV agradeció expresamente el trabajo de Cáritas, Salvamento Marítimo y del resto de entidades implicadas en la acogida de migrantes, destacando que “la misericordia empieza con gestos pequeños” y animando a mantener la ayuda y el acompañamiento como herramientas para devolver esperanza a quienes llegan a Canarias.
A su llegada, León XIV fue recibido por el director gerente de Puertos Canarios, José Gilberto Moreno; la alcaldesa de Mogán, Onalia Bueno; y el director de Cáritas Diocesana de Canarias, Gonzalo Marrero, además de representantes de la Iglesia y autoridades vinculadas al operativo de acogida.

Durante el acto, el papa escuchó testimonios de profesionales de Salvamento Marítimo y de voluntarios de Cáritas que trabajan diariamente en la atención de personas migrantes, muchas de ellas llegadas a Canarias tras travesías extremas marcadas por el hambre, la violencia y el riesgo de muerte en el océano.
El obispo de Canarias, José Mazuelos, subrayó el valor simbólico de la visita del pontífice al muelle de Arguineguín, al considerar que representa “un recordatorio de que nadie es invisible y de que cada vida cuenta”. Mazuelos defendió la necesidad de construir una sociedad sustentada en la acogida, la justicia y la fraternidad.

En nombre de Cáritas Diocesana de Canarias, su secretaria general, Caya Suárez Ortega, destacó que el encuentro pretendía acercar al papa testimonios reales de quienes viven la crisis migratoria desde distintos frentes: quienes arriesgan sus vidas en el mar, quienes rescatan y quienes acompañan en tierra firme a las personas recién llegadas.

La representante de Cáritas señaló que el objetivo era “mirar con verdad, sentir con compasión y responder con responsabilidad” ante una realidad que afecta a miles de personas obligadas a abandonar sus países en busca de un futuro mejor.

Por parte de Salvamento Marítimo intervino el capitán Tito Villarmea, quien trasladó al pontífice la experiencia de los equipos de rescate y expresó su deseo de que “nunca más tuviéramos que rescatar a nadie”, en referencia al sufrimiento humano asociado a las peligrosas travesías oceánicas.

También tomó la palabra la voluntaria de Cáritas María Reyes Alemán, quien puso en valor la movilización de voluntarios, parroquias y organizaciones sociales durante los momentos de mayor presión migratoria, cuando la llegada masiva de personas desbordó los recursos disponibles en las islas

El acto concluyó con uno de los momentos más emotivos de la jornada, cuando el papa lanzó un ramo de flores al mar en memoria de las personas fallecidas en la ruta migratoria hacia Canarias. Un momento especial al que puso música en directo el timplista Benito Cabrera.

.Posteriormente, cerca de 2.000 asistentes guardaron un minuto de silencio en recuerdo de las víctimas de una de las rutas migratorias más mortíferas del mundo.






















































