VICENTE PÉREZ
En muchas ocasiones el patrimonio histórico arquitectónico urbano es noticia porque sus propietarios maquinan para que no se protejan legalmente inmuebles, derribarlos y hacer un negocio rápido en la parcela con nuevos edificios de mayor altura. Pero este no es el caso de Nieves Hernández Gorrín y su familia, que desde hace años lucha precisamente por lo contrario: quiere que su humilde casa del siglo XIX en el chicharrero barrio de El Toscal quede catalogada, es decir, con un grado de protección legal, y no se derribe.
Su apego sentimental, y el de su familia, a esta vivienda terrera ubicada en el número 50 de la calle de San Francisco Javier le lleva a seguir batallando por su salvación, y con esta determinación el último paso que ha dado es iniciar los trámites de un recurso contencioso administrativo en los Juzgados contra el Plan Especial de Protección del Conjunto Histórico de El Toscal.
Está convencida de la injusticia que se pretende cometer con la desaparición de esta edificación, ya que en realidad con tan drástica medida solo se busca agrandar un acceso, con plaza, a otro grupo de casas a modo de ciudadela prácticamente de la misma época, a las que además se les añadirán remontas.

Ha dado hasta ahora todos los pasos legales que ha podido. Presentó alegaciones al Plan de El Toscal, cuya redacción original sí recogía preservar esta edificación, pero no así en sus versiones posteriores y la finalmente aprobada de forma definitiva.
Y ello a pesar de que existen indicios de que la vivienda estaba en pie ya en 1880. Esta familia sostiene que la ciudadela a la que se pretende favorecer con esta demolición, generando así una plaza pública, podría ser incluso posterior en el tiempo a su vivienda , y en todo caso forma parte del conjunto porque el acceso a todas ellas ha sido desde siempre un pasillo común que da a la calle de San Francisco Javier.
Un aljibe histórico
La casa que el Plan de El Toscal condena incluye un aljibe construido mediante arcos de canto rojo bajo un piso de losas de basalto de grandes dimensiones, además de atesorar magníficos pavimentos de mosaicos hidráulicos antiguos.

Los técnicos del Cabildo, a favor de conservarla
En diciembre de 2022 y marzo de 2023 la propietaria solicitó al Cabildo por escrito la catalogación de este inmueble como parte del Bien de Interés Cultural (BIC).
Se da la circunstancia de que la Unidad Técnica de Patrimonio Histórico del Cabildo de Tenerife, es decir, los funcionarios de este servicio especializados en la materia, sí mostraron en 2018 su criterio de que la edificación «no debería demolerse». Pero no así el Ayuntamiento de Santa Cruz ni la Comisión Insular e Patrimonio Histórico, favorables a la demolición, criterio este que fue el finalmente seguido por el Consejo de Gobierno del Cabildo de Tenerife en el acuerdo político adoptado acerca de esta construcción.

En la Memoria Ambiental del Plan de El Toscal consta también que la entonces llamada Consejería de Educación, Universidades y Sostenibilidad recomendó la conservación del inmueble, y en su Informe de Alegaciones igualmente se recoge un informe de la Dirección General de Protección de la Naturaleza- Servicio de Impacto Ambiental que «insta explícitamente a atender el interés patrimonial y priorizar la remodelación y restitución frente al derribo en la AUA-12 de la vivienda», según ha expuesto la propietaria en sus escritos.
Nieves Hernández ha alegado además que se trata de una casa tapón que completa el cerramiento de una ciudadela, formando parte de este conjunto.
Pero el consistorio y la citada comisión insular discreparon, arguyendo que «las características del inmueble estudiado no se corresponden con las de una casa tapón y, por tanto, no albergó en su día el acceso a la calle de la ciudadela, que (…) debió ubicarse en el extremo opuesto del pasaje (…)». Y concluyeron que «las características formales del inmueble son ajenas a las propias de la ciudadela (…) y que, por su ubicación, supone un elemento añadido a la traza original que dificulta la comprensión de la misma(…)”.

Sin embargo, llama la atención el que esta vivienda del siglo XIX se considere una molestia para conservar una ciudadela de igual centuria y que, por tanto, integra de manera indisociable del resto la trama urbana desde hace casi un siglo y medio, con elementos patrimoniales de esa antigüedad, que es también la del barrio que se pretende salvaguardar.
Una casa que forma parte de la historia toscalera
«Mi madre heredó la casa de mi abuela, iba a las reuniones de los vecinos de El Toscal para salvar el barrio, que en sus orígenes fue de clase trabajadora y era centro neurálgico de la ciudad», recuerda Nieves Hernández, quien reside en Lanzarote y es viuda de quien fuera presidente del Cabildo conejero, el recordado Enrique Pérez Parrilla, fallecido en 2021.

Esta casa que la Administración pública ha puesto en el corredor de la muerte está llena de recuerdos para esta familia, pero lo son también para la ciudad. «En los años 40, a las lecheras, que venían de la Esperanza con leche para vender en Santa Cruz, mi madre las recibía y les permitía poner las cestas y sus garrafas en el patio, para que no tuvieran que ir por la ciudad cargando tanto; y además el aljibe proveía de agua a toda la ciudadela», cuenta Nieves Hernández.
«Para mi madre, que falleció con 89 años, su casita de El Toscal era importante y me encomendó cuidarla, porque allí es donde ella se había criado, donde luchó por su familia; y es una vivienda que forma parte de la historia de la ciudad, por lo que no entiendo cómo es que pretenden derribarla sin más», se queja esta tinerfeña afincada en Lanzarote.
Desmentido: no se halla en estado de ruina

Otra cuestión que llama la atención es que, como ha defendido la propietaria en sus alegaciones, en el Plan Especial de El Toscal se describe su estado como ruinoso, sin haberse tramitado expediente de declaración de ruina alguno, contrariamente a lo que exige Ley del Suelo de Canarias.
Para contradecir este diagnóstico, Nieves Hernández aportó incluso un informe de un arquitecto colegiado que certifica que la edificación “reúne las condiciones de seguridad y solidez necesarias» y no está, por tanto, en situación legal de ruina. Basta echarle un vistazo para comprobar que la vivienda sí tiene quien la respete y la quiera, a diferencia de otras muchas de este conjunto histórico.
Injusto castigo oficial a quienes sí quieren conservar el patrimonio

Esta familia ha tratado de conservar en buen estado la vivienda, y, de hecho, de las existentes en la manzana, es aparentemente, por las fotos aéreas de Google Maps, la única que tiene impermeabilizada la cubierta (y la que se mantiene habitable en su interior, según sus propietarios).
Y se da la paradójica circunstancia de que, en medio de un panorama desolador de abandono de las construcciones aledañas, a esta familia -según su relato- el Ayuntamiento le deniega el permiso hasta para pintar la fachada, consciente su dueña del deber de conservación que en su caso sí quiere cumplir, y que ni mucho menos parece ser esa la tónica en su entorno urbano inmediato.
A su alrededor, remontas
A la luz de las razones que le han dado el Ayuntamiento y el Cabildo, Nieves Hernández tiene la sensación de que su casa “estorba” para la actuación urbanística prevista en el lugar, es decir, lo que en la jerga del plan se denomina “conjunto de actuación unitaria”.

En la ficha del plan se afirma que se trata de “un conjunto de viviendas unifamiliares de una y dos plantas […] que no ha sufrido grandes cambios respecto al proyecto original, por lo que [se] busca una solución que permita conservar esas características].
Sin embargo, la realidad es que la solución propuesta modifica la configuración que ha tenido esta parte de El Toscal desde el siglo XIX, sacrificando esta casa y a las demás viviendas antiguas del pasaje permitiéndoseles una transformación mediante una remonta de 3,5 meros por encima de la altura original, retranqueada dos metros de la fachada antigua.
Aledaña a esta casa, al otro lado del pasaje, también está prevista una solución similar con el tratamiento de actuación unitaria en una serie de casas a las que se les permite remonta, es decir, una planta más retranqueada.

La Comisión insular de Patrimonio Histórico, la clave
“Si se quiere conservar la historia del barrio, lo razonable es conservar mi casa y las otras del pasaje”, razona Nieves Hernández, en una lógica que, en los informes, comparten los técnicos del Cabildo expertos en la materia, pero no ha sido esa la decisión política de la institución insular, oída la Comisión Insular de Patrimonio Histórico.
Este es un órgano asesor del Cabildo previsto por la legislación, que mandata a que en este foro estén representados “el Gobierno de Canarias, la Federación Canaria de Municipios, la Real Academia Canaria de Bellas Artes de San Miguel Arcángel, las universidades canarias, los colegios oficiales de arquitectos y las asociaciones ciudadanas de reconocida dedicación a la defensa del patrimonio cultural y de personas expertas en la materia”.
Sin embargo, sus decisiones, como es este caso, no siempre coinciden con la de los funcionarios que tienen la misión de velar por la protección del patrimonio, en una materia en la que las decisiones finales adoptadas por los políticos pueden ser controvertidas al decantarse por una opción y no por otra. Y el resultado es que se aprueba la desaparición física del bien motivo de la controversia.
«Es desconcertante que las Administraciones me cierren la puerta»

“Nadie me ha obligado a conservar mi casa, pero yo he tratado de arreglarla, porque forma parte no solo de la historia de mi familias sino de la historia de la ciudad, y por eso me resulta tan desconcertante y triste que desde 2014 las propias instituciones públicas me hayan cerrado la puerta a conservar este patrimonio mío y de Santa Cruz”, se queja esta propietaria que vive con el corazón entre Tenerife y Lanzarote.
Eso sí, Nieves Hernández deja claro que no desea retrasar en las demás determinaciones la aplicación del Plan de El Toscal, que ya sufrió demasiados vaivenes en el pasado para poder aprobarse, mientras el barrio se deterioraba más y más. Pero sí sabe que se le puede hacer una pequeña modificación puntual al plan sin perjudicar a nadie para mantener su casa en pie.

Por ello no piensa tirar la toalla, segura de que su reivindicación es justa, ética y hasta infrecuente, en un centro histórico chicharrero donde lo que ha primado durante décadas es el abandono, a veces por falta de recursos para rehabilitar, y en otras, deliberado, por especulación urbanística.






















































