VICENTE PÉREZ
La Montaña de Taco, en los límites entre Santa Cruz y La Laguna, puede ser considerado sin pecar de exageración como uno de los más graves atentados contra el medio ambiente en Canarias. Porque su estado actual es el resultado de casi todos los males que se han confabulado contra la naturaleza canaria.
El listado de pecados medioambientales contra lo que en su día fue un antiguo volcán que presidía el paisaje de parte del área metropolitana tinerfeña es interminable: extracciones ilegales de áridos o sin restauración alguna; vertidos de residuos de toda clase al aire libre; viviendas ilegales, la planta invasora rabo de gato campa a sus anchas; y una incapacidad de los sucesivos gobiernos en ayuntamientos, cabildo y Ejecutivo regional para impedir que ofrezca el lamentable estado que cualquiera puede comprobar si atraviesa sus entrañas. Cosa que, por otra parte, es fácil de hacer porque una carretera muy transitada pasa la enorme V que han dejado los restos de lo que un día fue un cono volcánico.
Hace años que se viene tramitando su conversión en parque urbano, aunque los impactos medioambientales no se han detenido en este tiempo, sino que han continuado.
PLANETA CANARIO ha recorrido recientemente la zona, y, aunque se nota que se ha llevado a cabo alguna actuación municipal para retirar algunos residuos próximos a la carretera, el panorama es dantesco, a pocos cientos de metros en línea recta de la trama urbana del área metropolitana y del paso del moderno tranvía.

El Cabildo, y los ayuntamientos prevén convertir esta zona en un gran parque metropolitano, y a principios de 2019 (anterior mandato) responsables de la corporación insular estimaron en cinco años el tiempo para verlo terminado.

Se anunció el año pasado incluso la licitación la redacción del proyecto, por un importe de 815.000 euros, en el que se establecerán diferentes alternativas que serán sometidas a un proceso de participación ciudadana para elegir la actuación definitiva. Las grades líneas están claras desde hace años: restaurar el cono volcánico y construir un gran parque a su alrededor, con el fin de que se convierta en una zona verde para el disfrute de los ciudadanos.
La financiación europea que ha recibido este proyecto asciende a 5,5 millones de euros (costará mucho más) en el marco de la estrategia de Desarrollo Urbano Sostenible Integrado (DUSI).

Hay administrativamente dos alternativas para sacar adelante este proyecto: mediante expropiación del suelo o acuerdo con los propietarios para que obtengan aprovechamientos residenciales junto al futuro parque.
No es el objetivo de este reportaje investigar cómo todo este desastre ambiental fue posible y quiénes han sido sus responsables, cuestión que PLANETA CANARIO abordará en futuras informaciones. Pero sí mostrar en imágenes el resultado de décadas de incomprensible vista gorda o ineficacia de las administraciones públicas. Una vergüenza que no debería volverse a repetir en el Archipiélago.























































