VICENTE PÉREZ
A sus 55 años, Juan José, albañil y soldador, duerme en las calles de Santa Cruz de Tenerife desde hace un año. Es de origen catalán, hijo de madre cordobesa y padre granadino, y criado en el conocido barrio de La Mina, en el área metropolitana de Barcelona, un vecindario que aún hoy en día sufre marginación, con un ambiente social que por momentos ha sido muy conflictivo.
Pero hace 15 años vino a Canarias a probar fortuna, y trabajó en Gran Canaria «en muchas cosas»: cuenta que como personal de mantenimiento de hoteles… y acabó «explotado y malviviendo» en una infravivienda que él mismo tuvo que construirse, mientras trabajaba en plataneras y cuidaba cabras en Arucas, «por 300 miserables euros al mes».
En la capital tinerfeña sobrevive haciendo algunos productos de artesanía que vende en el rastro, y con lo que rebusca en contenedores. «Así me voy buscando la vida», comenta este hombre curtido por el sol y por las amarguras, pero que confiesa haber aprendido mucho «de los palos» que la ha dado la existencia.
Cuando se le pregunta de qué manera se le puede ayudar, la respuesta es clara: «La ayuda que yo quisiera es un trabajo digno; si me lo ofrecieran yo iría encantado, y a lo mejor no dormiría en la calle». «Lamentablemente», añade, «me ha pasado ya muchas veces que no me cogen para un trabajo empresarios porque duermo en la calle».
Juan José sabe que la Constitución Española dice que todos los españoles tienen derecho a tener «un techo digno». Y lo remarca con una sonrisa sardónica en los labios, sabedor también de que ya ni se hacen casas de protección oficial («las inventó Francisco Franco», subraya) y de que hay miles de viviendas vacías.
«Lo primero que necesita un sintecho es que alguien le escuche»
Pero a estas alturas de la vida, curtido por mil batallas a la intemperie y cuando el día a día va doblegando las ilusiones, asume con realismo que «si no tienes trabajo, te mueres de asco: un banco, una manta, y ya está».
Y da fe de que «la cosa está muy fea» y que» la primera ayuda que necesitan los sintecho», cuyo número ha experimentado un repunte en Santa Cruz, es «que alguien nos escuche y a partir de ahí puedes empezar a hacer un proyecto».
El resto se le antoja también complicado. «¿Quién me va a dar a mi una casa? La gente de la calle no tiene nada, y si no tiene nada, no es que no pueda pagar los 500-600 euros al mes que te puede salir una vivienda, sino que no puedes pagar ni 100, así que lo mínimo es tener un trabajo digno», reflexiona con una cierta indignación enquistada, la impotencia de quien ve casi imposible cambiar su destino.
«No se quiere resolver el problema de la vivienda ni de los sin techo», se lamenta. Incluso si tuviera trabajo y solo le pagaran el salario mínimo, «para mucha gente es imposible vivir, y menos si tienes churumbeles». Y confiesa que una vez le dieron un empleo a través del INEM en el Sur de Tenerife pero r el sueldo era tan corto que con lo que se gastaba en transporte y comida, se le iba el sueldo como agua entre las manos.
Sobre el creciente colectivo de los sintecho en Santa Cruz, cree que incluso entre las personas sin hogar «habría que hacer una criba, porque no todo el mundo de la calle es trigo limpio, y mucha gente prefiere dormir a la intemperie».
Juan Jesús conversa con PLANETA CANARIO aunque admite que es «muy difícil» que alguien les dé ayuda por salir en la prensa digital, aunque se presta gustoso y pide que no le tapen la cara en la foto porque no tiene nada que esconder.
Más sin hogar que nunca en la capital
Su testimonio se une al que el pasado fin de semana publicó este diario, el crudo testimonio de María del Carmen, una anciana de casi 80 años en silla de ruedas, enferma de artrosis y del corazón, que duerme en un cajero automático del centro de Santa Cruz.
Su caso ha impactado al Diputado del Común, Rafael Yanes, que le mismo día en que vio la luz la noticia a anunció a este diario que abriría expediente para ver la situación de esta mujer y que las administraciones competentes le den la ayuda precisa.
Mientras, este lunes el candidato del PP a la alcaldía chicharrera, Guillermo Díaz Guerra, anunció como compromiso electoral que si es alcalde cerrará el albergue municipal en caso de que el Cabildo no aporte dinero para su mantenimiento y el Gobierno canario no incremente el suyo, dado que a la capital le cuesta 2,4 millones al año este servicio, y que atiende no solo a residentes en el municipio sino a personas sin hogar provenientes de otras partes de la isla, de otras islas y extranjeros, ya que es el único centro de acogida de este tipo en Tenerife. Suele estar saturado.
La amenaza electoral de quien fuera subdelegado del Gobierno ha causado sorpresa en algunas ONGs, por la crisis humanitaria que significaría el cierre de este albergue, pues empeoraría más la situación actual. Se calcula que en todo Tenerife en torno a un millar de personas vive y duerme en las calles. El pasado viernes el pleno del Ayuntamiento capitalino aprobó el primer plan de atención a los sintecho.






















































