4, 3, 2, 1, comienza la campaña oficial para las elecciones del 28 de abril. El cohete está en posición, los tripulantes en la cabina y el CIS de Tezanos haciendo encuestas a diestro y siniestro. A muchas personas este despegue les da igual o sienten un rechazo rotundo. Dentro del género de los abstencionistas hay subespecies: los que dicen que los políticos son una estafa, los que se las trae al pairo, los despistados crónicos, la gente que vive fuera y entiende eso de votar como una madeja burocrática y los cansados filosóficos. Cada cual hace el potaje como quiere y bajo el paraguas de la democracia pasar de ir a las urnas es, por fortuna, legal. Incluso hay quien queda de ácrata, anacoreta y librepensante cuando a la abstención le suma un discurso trascendental. Sin embargo una teoría crítica que apoye racionalmente la pasividad es insostenible sin recurrir a suposiciones fantasiosas, anarquismos trasnochados o pensamientos homeopáticos. La no participación en la vida política, aunque respetable, evidencia irresponsabilidad civil.
Nos encontramos en un momento decisivo que desembocará en una foto que dará la vuelta al mundo. En esa foto aparecerá España retratada, pero como en el selfi no caben millones de cabezas, debemos elegir. La elección se aleja del tradicional bipartidismo de píldora azul y roja, de ahí que un 41% de votantes se sienta como un pulpo en un garaje, aunque tampoco es tan complicado. O hacemos el ridículo permitiendo que en el retrato aparezcan los hombres de Bertín Osborne o se imparte una lección internacional de progreso con un gobierno coherente y adecuado al siglo XXI.
Por ahora, en el horizonte se vislumbran varios pactos posibles: la ya fallida estructura PSOE-CS, la triderecha andaluza PP-VOX-CS y la izquierda PSOE-PODEMOS & OTROS que descalabró a Rajoy, aunque este último escenario, en caso de que el PSOE adquiera algo más de fuerza, podría, según el entusiasta CIS, prescindir de partidos independentistas catalanes. Los tres panoramas son complicados y exigen maniobras rocambolescas y mucha negociación. El pacto de los tigres de Osborne, aunque improbable, huele a peligro y a guerra en Catalunya y eso no lo desea nadie. El de socialistas y liberales supondría una decepción para el voto útil que, entre las izquierdas, optará por Sánchez. Eso sí, tanto los patriarcas del IBEX como los guardianes del universo financiero ven con buenos ojos a Ciudadanos, por lo que una fusión de ese tipo puede que se imponga a pesar de que los naranjitos se hayan negado a negociar con el sanchismo, pero esto es mucho suponer. Quizás una coalición entre socialistas y podemitas en la que partidos autonómicos como PNV y Compromís tengan peso definitivo represente una solución elegante y moderna.
Para más intriga, en Canarias asistimos a los últimos coletazos de Coalición Canaria, cuyo líder y presidente autonómico se encuentra en serios problemas judiciales. Esto podría significar que el PSOE y/o Nueva Canarias, primos lejanos, obtengan la fuerza necesaria para derrocar la hegemonía de los cocaleros, cambiando para siempre el rostro político de la España subtropical. El caso es que uno de estos paisajes nunca vistos nos acompañará durante la próxima legislatura y tendrá efectos evidentes en educación, sanidad, trabajo, pensiones y demás elementos básicos del estado de bienestar, así que mejor pasar por el aro, dejar al margen el escepticismo y optar por el sentido común, sea lo que sea eso. Además, es de sobra sabido que si no votas te conviertes en un espantapájaros con cuervos en la cabeza.
SERGIO BARRETO, escritor
4, 3, 2, 1, comienza la campaña oficial para las elecciones del 28 de abril. El cohete está en posición, los tripulantes en la cabina y el CIS de Tezanos haciendo encuestas a diestro y siniestro. A muchas personas este despegue les da igual o sienten un rechazo rotundo. Dentro del género de los abstencionistas hay subespecies: los que dicen que los políticos son una estafa, los que se las trae al pairo, los despistados crónicos, la gente que vive fuera y entiende eso de votar como una madeja burocrática y los cansados filosóficos. Cada cual hace el potaje como quiere y bajo el paraguas de la democracia pasar de ir a las urnas es, por fortuna, legal. Incluso hay quien queda de ácrata, anacoreta y librepensante cuando a la abstención le suma un discurso trascendental. Sin embargo una teoría crítica que apoye racionalmente la pasividad es insostenible sin recurrir a suposiciones fantasiosas, anarquismos trasnochados o pensamientos homeopáticos. La no participación en la vida política, aunque respetable, evidencia irresponsabilidad civil.
Nos encontramos en un momento decisivo que desembocará en una foto que dará la vuelta al mundo. En esa foto aparecerá España retratada, pero como en el selfi no caben millones de cabezas, debemos elegir. La elección se aleja del tradicional bipartidismo de píldora azul y roja, de ahí que un 41% de votantes se sienta como un pulpo en un garaje, aunque tampoco es tan complicado. O hacemos el ridículo permitiendo que en el retrato aparezcan los hombres de Bertín Osborne o se imparte una lección internacional de progreso con un gobierno coherente y adecuado al siglo XXI.
Por ahora, en el horizonte se vislumbran varios pactos posibles: la ya fallida estructura PSOE-CS, la triderecha andaluza PP-VOX-CS y la izquierda PSOE-PODEMOS & OTROS que descalabró a Rajoy, aunque este último escenario, en caso de que el PSOE adquiera algo más de fuerza, podría, según el entusiasta CIS, prescindir de partidos independentistas catalanes. Los tres panoramas son complicados y exigen maniobras rocambolescas y mucha negociación. El pacto de los tigres de Osborne, aunque improbable, huele a peligro y a guerra en Catalunya y eso no lo desea nadie. El de socialistas y liberales supondría una decepción para el voto útil que, entre las izquierdas, optará por Sánchez. Eso sí, tanto los patriarcas del IBEX como los guardianes del universo financiero ven con buenos ojos a Ciudadanos, por lo que una fusión de ese tipo puede que se imponga a pesar de que los naranjitos se hayan negado a negociar con el sanchismo, pero esto es mucho suponer. Quizás una coalición entre socialistas y podemitas en la que partidos autonómicos como PNV y Compromís tengan peso definitivo represente una solución elegante y moderna.
Para más intriga, en Canarias asistimos a los últimos coletazos de Coalición Canaria, cuyo líder y presidente autonómico se encuentra en serios problemas judiciales. Esto podría significar que el PSOE y/o Nueva Canarias, primos lejanos, obtengan la fuerza necesaria para derrocar la hegemonía de los cocaleros, cambiando para siempre el rostro político de la España subtropical. El caso es que uno de estos paisajes nunca vistos nos acompañará durante la próxima legislatura y tendrá efectos evidentes en educación, sanidad, trabajo, pensiones y demás elementos básicos del estado de bienestar, así que mejor pasar por el aro, dejar al margen el escepticismo y optar por el sentido común, sea lo que sea eso. Además, es de sobra sabido que si no votas te conviertes en un espantapájaros con cuervos en la cabeza.
SERGIO BARRETO, escritor
4, 3, 2, 1, comienza la campaña oficial para las elecciones del 28 de abril. El cohete está en posición, los tripulantes en la cabina y el CIS de Tezanos haciendo encuestas a diestro y siniestro. A muchas personas este despegue les da igual o sienten un rechazo rotundo. Dentro del género de los abstencionistas hay subespecies: los que dicen que los políticos son una estafa, los que se las trae al pairo, los despistados crónicos, la gente que vive fuera y entiende eso de votar como una madeja burocrática y los cansados filosóficos. Cada cual hace el potaje como quiere y bajo el paraguas de la democracia pasar de ir a las urnas es, por fortuna, legal. Incluso hay quien queda de ácrata, anacoreta y librepensante cuando a la abstención le suma un discurso trascendental. Sin embargo una teoría crítica que apoye racionalmente la pasividad es insostenible sin recurrir a suposiciones fantasiosas, anarquismos trasnochados o pensamientos homeopáticos. La no participación en la vida política, aunque respetable, evidencia irresponsabilidad civil.
Nos encontramos en un momento decisivo que desembocará en una foto que dará la vuelta al mundo. En esa foto aparecerá España retratada, pero como en el selfi no caben millones de cabezas, debemos elegir. La elección se aleja del tradicional bipartidismo de píldora azul y roja, de ahí que un 41% de votantes se sienta como un pulpo en un garaje, aunque tampoco es tan complicado. O hacemos el ridículo permitiendo que en el retrato aparezcan los hombres de Bertín Osborne o se imparte una lección internacional de progreso con un gobierno coherente y adecuado al siglo XXI.
Por ahora, en el horizonte se vislumbran varios pactos posibles: la ya fallida estructura PSOE-CS, la triderecha andaluza PP-VOX-CS y la izquierda PSOE-PODEMOS & OTROS que descalabró a Rajoy, aunque este último escenario, en caso de que el PSOE adquiera algo más de fuerza, podría, según el entusiasta CIS, prescindir de partidos independentistas catalanes. Los tres panoramas son complicados y exigen maniobras rocambolescas y mucha negociación. El pacto de los tigres de Osborne, aunque improbable, huele a peligro y a guerra en Catalunya y eso no lo desea nadie. El de socialistas y liberales supondría una decepción para el voto útil que, entre las izquierdas, optará por Sánchez. Eso sí, tanto los patriarcas del IBEX como los guardianes del universo financiero ven con buenos ojos a Ciudadanos, por lo que una fusión de ese tipo puede que se imponga a pesar de que los naranjitos se hayan negado a negociar con el sanchismo, pero esto es mucho suponer. Quizás una coalición entre socialistas y podemitas en la que partidos autonómicos como PNV y Compromís tengan peso definitivo represente una solución elegante y moderna.
Para más intriga, en Canarias asistimos a los últimos coletazos de Coalición Canaria, cuyo líder y presidente autonómico se encuentra en serios problemas judiciales. Esto podría significar que el PSOE y/o Nueva Canarias, primos lejanos, obtengan la fuerza necesaria para derrocar la hegemonía de los cocaleros, cambiando para siempre el rostro político de la España subtropical. El caso es que uno de estos paisajes nunca vistos nos acompañará durante la próxima legislatura y tendrá efectos evidentes en educación, sanidad, trabajo, pensiones y demás elementos básicos del estado de bienestar, así que mejor pasar por el aro, dejar al margen el escepticismo y optar por el sentido común, sea lo que sea eso. Además, es de sobra sabido que si no votas te conviertes en un espantapájaros con cuervos en la cabeza.
SERGIO BARRETO, escritor
4, 3, 2, 1, comienza la campaña oficial para las elecciones del 28 de abril. El cohete está en posición, los tripulantes en la cabina y el CIS de Tezanos haciendo encuestas a diestro y siniestro. A muchas personas este despegue les da igual o sienten un rechazo rotundo. Dentro del género de los abstencionistas hay subespecies: los que dicen que los políticos son una estafa, los que se las trae al pairo, los despistados crónicos, la gente que vive fuera y entiende eso de votar como una madeja burocrática y los cansados filosóficos. Cada cual hace el potaje como quiere y bajo el paraguas de la democracia pasar de ir a las urnas es, por fortuna, legal. Incluso hay quien queda de ácrata, anacoreta y librepensante cuando a la abstención le suma un discurso trascendental. Sin embargo una teoría crítica que apoye racionalmente la pasividad es insostenible sin recurrir a suposiciones fantasiosas, anarquismos trasnochados o pensamientos homeopáticos. La no participación en la vida política, aunque respetable, evidencia irresponsabilidad civil.
Nos encontramos en un momento decisivo que desembocará en una foto que dará la vuelta al mundo. En esa foto aparecerá España retratada, pero como en el selfi no caben millones de cabezas, debemos elegir. La elección se aleja del tradicional bipartidismo de píldora azul y roja, de ahí que un 41% de votantes se sienta como un pulpo en un garaje, aunque tampoco es tan complicado. O hacemos el ridículo permitiendo que en el retrato aparezcan los hombres de Bertín Osborne o se imparte una lección internacional de progreso con un gobierno coherente y adecuado al siglo XXI.
Por ahora, en el horizonte se vislumbran varios pactos posibles: la ya fallida estructura PSOE-CS, la triderecha andaluza PP-VOX-CS y la izquierda PSOE-PODEMOS & OTROS que descalabró a Rajoy, aunque este último escenario, en caso de que el PSOE adquiera algo más de fuerza, podría, según el entusiasta CIS, prescindir de partidos independentistas catalanes. Los tres panoramas son complicados y exigen maniobras rocambolescas y mucha negociación. El pacto de los tigres de Osborne, aunque improbable, huele a peligro y a guerra en Catalunya y eso no lo desea nadie. El de socialistas y liberales supondría una decepción para el voto útil que, entre las izquierdas, optará por Sánchez. Eso sí, tanto los patriarcas del IBEX como los guardianes del universo financiero ven con buenos ojos a Ciudadanos, por lo que una fusión de ese tipo puede que se imponga a pesar de que los naranjitos se hayan negado a negociar con el sanchismo, pero esto es mucho suponer. Quizás una coalición entre socialistas y podemitas en la que partidos autonómicos como PNV y Compromís tengan peso definitivo represente una solución elegante y moderna.
Para más intriga, en Canarias asistimos a los últimos coletazos de Coalición Canaria, cuyo líder y presidente autonómico se encuentra en serios problemas judiciales. Esto podría significar que el PSOE y/o Nueva Canarias, primos lejanos, obtengan la fuerza necesaria para derrocar la hegemonía de los cocaleros, cambiando para siempre el rostro político de la España subtropical. El caso es que uno de estos paisajes nunca vistos nos acompañará durante la próxima legislatura y tendrá efectos evidentes en educación, sanidad, trabajo, pensiones y demás elementos básicos del estado de bienestar, así que mejor pasar por el aro, dejar al margen el escepticismo y optar por el sentido común, sea lo que sea eso. Además, es de sobra sabido que si no votas te conviertes en un espantapájaros con cuervos en la cabeza.





















































