PLANETA CANARIO
Era un drago de 130 años desahuciado; iba a ser troceado para llevarlo al vertedero y aún tiene las marcas amarillas por donde iba a pasar la sierra. Pero de modo providencial llegó su salvador: Mario Díaz, un hotelero y violinista de Güímar, que en el verano de 2021 se llevó el portentoso ejemplar a un solar de su establecimiento, el Hotel del Buen Retiro, Casa de la Música y el Sonido. Junto a la casona del siglo XIX que el propio Mario ha restaurado tiene ahora su hogar este drago, que se desplomó en el colegio Nazaret, de Güímar, y el Cabildo de Tenerife consideró imposible de recuperar.
Ahora, 16 meses después, Mario quiere celebrar al pie del árbol un Festival de Navidad en homenaje a este drago al que poco menos ha logrado resucitar con sus cuidados (moderado riego y algún tratamiento para estimular el crecimiento de las raíces) y cree que también gracias a la música que decenas de artistas le han tocado en este tiempo.

El domingo 11 de diciembre, a las 18:30 horas, abrirá las puertas de su hotel al público que quiera seguir este concierto, con el patrocinio de la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Güímar. En un templete de estilo neoclásico junto al drago está prevista la participación de la soprano Beatriz Siverio, la cantante Pilar Cano y la Orquesta de las 12 Columnas -formada por músicos profesionales-, que interpretarán obras clásicas así como composiciones específicamente creadas para este acto, como el Himno al Drago y un villancico dedicado a este árbol, compuestos por Vicente Pérez Luis, entre otras piezas de un variado repertorio tributo a esta monumento vegetal renacido.

Todo el público que lo desee podrá asistir vestido de época (siglo XIX) y al finalizar el concierto la mejor vestimenta recibirá como premio una noche en el hotel para dos personas con desayuno acompañado de violín. El hotel ( https://hotelbuenretiro.com/) está situado en la zona alta del casco urbano de Güímar, en San Pedro de Arriba, concretamente en el número 9 de la calle Chacaica.

«Han pasado ya un año y casi cuatro meses, y no solo conserva ramas verdes, sino que algunas han retoñado, por lo que algunos botánicos me aseguran que el drago se ha salvado, pues es imposible que a estas alturas esté verde y no siga vivo», afirma Mario, una persona singular que ha consagrado casi tres décadas a recuperar la la Casona de la Marquesa, donde tiene un auténtico tesoro de pianos de todas las épocas, así como otros instrumentos, y aparatos de radio antiguos. De ahí que se llame también Casa de la Música y el Sonido.

Hace dos meses un grupo de músicos profesionales, de orquesta clásica, interpretó al pie del drago varias composiciones, para conmemorar el primer aniversario de haberlo trasplantado, y ahora Mario quiere celebrar la Navidad, cada año, con un festival en el que participen músicos profesionales y aficionados, dentro del interesante proyecto que tiene en mente para convertir el hotel en un foco cultural no solo del Valle de Güímar sino a escala insular.

Tal es así que tiene en proyecto lo que denomina el Salón de las Doce Columnas, del cual él mismo ha construido una maqueta, y con el que le gustaría fundar una academia musical donde se aprendiera solfeo de manera gratuita a cambio, quien lo aprende, de enseñarlo luego a nuevos alumnos.

«Yo invito a todo el que lo desee a visitar el día 11 de diciembre por la tarde este drago y acompañarnos en este concierto, que generosamente patrocina el Ayuntamiento de mi pueblo, porque creo que ha comprendido que mi proyecto cultural es beneficioso para Güímar, y espero que este drago sirva a su vez para mi sueño de que esta casa sea el hogar de todos los músicos, sean profesionales o aficionados, porque lo importante es el amor a la música», comenta a PLANETA CANARIO a la vera del monumental árbol al que le ha devuelto a la vida.

El drago tiene 10 metros de altura y pesa 15 toneladas, se desplomó en julio de 2021 en el patio del colegio Nazaret, de Güímar, donde se hallaba rodeado de asfalto. Estuvo tirado durante semanas, hasta que el Cabildo de Tenerife, en agosto del pasado año, lo dio por insalvable y decidió no trasplantarlo, tras consultar con sus técnicos y con expertos externos a la institución.
Desde entonces Mario cuida este drago como si de un hijo se tratara, al que le toca a menudo su violín, y procura que vayan músicos a regalarle melodías, con esa esperanza poética, pero también un fenómeno físico al fin y al cabo, de que los sonidos sea beneficiosos para este ser vivo símbolo de la naturaleza canaria.
La ‘extrema unción’ oficial

Hay que tener en cuenta que, en un comunicado difundido en agosto de 2021, la consejera de Gestión del Medio Natural del Cabildo tinerfeñoIsabel García, informó de que las condiciones biológicas del ejemplar impedían su recuperación. «El drago no podrá ser trasplantado a otro lugar, debido a problemas biológicos y a los desperfectos producidos por su desplome en el mes de julio», subrayó la consejera, quien había acordado con el Ayuntamiento de Güímar la colaboración del Cabildo en el traslado y trasplante del árbol.
Y en esa misma nota oficial, el alcalde güimarero, Gustavo Pérez, afirmó: «En una primera valoración se contempló la posibilidad de trasplantar el árbol a un lugar cercano, para no perderlo, e intentar recuperarlo, sin embargo los informes nos indican que este trasplante no tendrá éxito debido principalmente al poco desarrollo de sus raíces». Pero la fe de Mario fue mayor y, por el momento, la historia parece tener final feliz.

El Cabildo alegó entonces que a esta conclusión habían llegado «los especialistas consultados, entre ellos el presidente del Centro de Iniciativas y Turismo de Güímar, Luís Marrero; el arquitecto Alberto Luengo, así como varios expertos en botánica, biología y replantación, en permanente coordinación con la dirección del Colegio de Nazaret: «No es lo mismo trasplantar un drago con su cepellón de raíces en buen estado fisiológico, que replantar un drago caído con serias patologías y en un lamentable estado de conservación […] Incluso el posible enraizamiento de sus brazos es también muy limitado, dado que el ramaje carece de raíces aéreas»























































